Abrazo al universo

Un abrazo a las madres en su día
Un abrazo a las madres en su día

Mi mamá tuvo una vida dura. Se quedó sin papá siendo adolescente, y salió a trabajar para ayudar en su casa terminando el secundario “en la nocturna”.

Estudió una carrera de “hombres” donde la discriminaban por ser mujer. Nada de lo que tuvo fue regalado: todo a costa de sacrificio y perseverancia. Formó una familia, aun perdiendo un embarazo, no bajó los brazos. Dio todo el amor que tenía (y quizá un poco más también); ayudó siempre que pudo, se quejó de todo cuando tenía oportunidad. Lloro mucho. Respiró profundo y salió peinada solo porque es lindo vivir.

Rompió los quinotos una y mil veces. Contó las mismas anécdotas una vez tras otra con la misma pasión. Y tuvo hasta tres trabajos a la vez. Ejercía de manera independiente y era perito judicial.

Hacía gimnasia en el club cuando podía. Pintaba las paredes de su casa cada 5 años. Tenía un jardincito con árboles y cactus. Y mantenía hermoso el rosal de la abuela Sole.

Cosió cada cortina de cada ventana de su casa. Nos tejió suéters y chalecos de colores cada invierno. Hasta me hizo un gorrito de lana.

Estudió tres carreras. Y me mensajeaba todos los días para saber cómo estaba. Planificaba viajes con papá. Y casi todos los hacían. Pero pese a todo esto, siempre nos cosió los trajes de patín (lentejuela por lentejuela), jamás faltó a un partido de básquet y hacía el lemon pie para todos nuestros cumpleaños.

Es verdad que se perdió casi todos los actos escolares porque el horario laboral le impedía participar. Pero cada tarde llamaba a casa para hablar con nosotros. Ahora que escribo esto, entiendo por qué los domingos debía pasarlo en casa. De lo contrario, ¿cuándo estábamos juntos?

Hemos discutido y peleado mucho, mucho. Es que somos parecidas: somos cabeza dura, tercas, fieles a nuestra creencia y siempre queremos que las cosas se hagan como nos gusta. Tal es así que nos dedicamos a lo mismo y por las mismas razones.

Mi mamá se fue hace 7 meses, dando batalla a ese cáncer maldito, peleando por seguir su alocado ritmo. Así como era, una guerrera.

No nos quedó nada por hablar. Todo siempre lo pudimos resolver.

La extraño mucho... a veces demasiado.

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