El aborto se discute en la Corte Suprema de EE. UU., ¿qué está en juego?

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(Damon Winter/The New York Times)
(Damon Winter/The New York Times)


La sesión de argumentos orales presentados en la Corte Suprema de Estados Unidos en la causa Dobbs contra Jackson Women’s Health Organization, que afecta a una ley de Misisipi que prohíbe casi todos los abortos tras las 15 semanas de gestación, podría dar señales sobre el futuro para el acceso al procedimiento y para la política nacional. Los columnistas del Times Michelle Goldberg, Charles M. Blow y Ross Douthat y Lulu Garcia-Navarro, presentadora de un pódcast de Opinión del Times, se reunieron para debatir acerca de lo que escucharon en la corte el 1 de diciembre, hacia dónde consideran que se encamina la discusión y cómo ellos, y el país, seguirán lidiando con la cuestión del aborto.

Michelle Goldberg: No creo que haya ninguna duda de que este tribunal va a ratificar la ley de Misisipi. Para mí, la única pregunta es si va a revocar completamente el caso Roe vs. Wade, o si va a presentar alguna nueva norma que reemplace la viabilidad, un escenario que el presidente de la corte, John Roberts, parecía tantear. Mi impresión es que van a revocarlo. ¿Qué opinan ustedes?

Lulu Garcia-Navarro: Estoy de acuerdo, todos los magistrados han mostrado sus cartas y lo que pensaban sobre este tema. Lo que me fascinó es la claridad con la que los jueces liberales —principalmente Stephen Breyer y Sonia Sotomayor— han hablado sobre el aspecto político de esta cuestión. Las declaraciones de la jueza Sotomayor sobre si la corte podría “sobrevivir al hedor” de revocar Roe fue casi una apelación directa a Roberts, el presidente de la corte, que ha expresado su preocupación por la imagen de la corte desde que la mayoría conservadora se hizo con el poder.

Ross Douthat: Sí, es una situación peculiar en la que todo el mundo asume (correctamente, en mi opinión) que ninguno de los jueces conservadores piensa que se tomara la decisión correcta con Roe o Casey, por lo que la pregunta es en qué medida actúan como políticos —algo que Roberts, en especial, siempre parece dispuesto a hacer—, en lugar de seguir sus convicciones jurídicas.

Charles M. Blow: No soy un experto que sigue a la corte constantemente como para poder responder a esa pregunta, pero fue interesante escuchar las advertencias de los jueces liberales en contra de la revocación y sus referencias al perjuicio que supondría para la legitimidad de la Corte Suprema. Con acierto, dijeron que el tribunal es una institución que no está por encima de las percepciones públicas, sino que depende de ellas. Sin la confianza pública, el daño institucional es fatal.

Garcia-Navarro: Solo señalaré que lo que dijeron varios magistrados en sus audiencias de confirmación acerca de respetar y defender el derecho precedente y establecido no pareció reflejarse en esta audiencia.

Douthat: Si hubo algún “indicio”, supongo que sería que Brett Kavanaugh, cuyo voto se cree que será necesario para lograr algún tipo de sentencia de compromiso a falta de una revocación total, se negó a unirse a Roberts para sondear la posibilidad de llegar a un acuerdo. No descarto un acuerdo, basado en una revisión de la norma de carga indebida que trace un límite a las 15 semanas, en vez de la viabilidad, pero no creo que las preguntas de los conservadores no afines a Roberts sugieran que sea especialmente probable, y que sí sugieren las razones por las que se consideraría inviable.

Goldberg: Kavanaugh, ciertamente, no se mostró abierto a un acuerdo que ratificara Roe, sino que hizo hincapié en todas las veces que los precedentes sirvieron a la causa de la justicia. Supongo que un pequeñísimo consuelo —y digo pequeñísimo— es que no pareciera dispuesto a aceptar los argumentos de la extrema derecha acerca de que la Constitución prohíbe el aborto, en vez de ser neutral al respecto.

Douthat: El desafío es que, cuando la corte intenta resolver un asunto controvertido de la guerra cultural —como lo hizo al usar diferentes marcos y teorías con Roe y luego con Casey—, ninguno de sus intentos de acuerdo logró que el problema desapareciera, y, en cambio, provocó que las nominaciones a la Corte Suprema fuesen, más que nunca, primordiales para nuestra política, y el problema de la “legitimidad institucional” que ha mencionado Charles está ahí, al margen de lo que decida la corte.

El debate sobre el aborto ya ha hecho que la corte sea más percibida como un actor partidista. No sé cuánto cambiará eso si se revoca Roe; tal vez empeore la política de la Corte Suprema, o tal vez acabemos con debates legislativos y congresionales polarizadores y con un pequeño distanciamiento de la Corte Suprema.

Garcia-Navarro: Ross, yo diría que, si lo enmarcas como un problema de “guerra cultural”, pierdes de vista todos los temas fundamentales que están en riesgo. Kavanaugh intentó, varias veces, reivindicar la idea de que obviar Roe permitiría a la corte algún tipo de “neutralidad”. El problema de ese argumento es qué pasa de pronto con los estados del país donde el aborto se verá seriamente restringido debido a las llamadas leyes de activación, que, en esencia, entran en vigor cuando las protecciones federales sobre el aborto ya no están vigentes. Y habría estados donde el acceso al aborto sea más fácil. De nuevo, significa que, a menudo, las personas embarazadas tendrían que viajar para recibir atención al aborto.

Douthat: No pretendo utilizar la “guerra cultural” para minimizar los problemas en juego. En general, creo que los debates sobre la guerra cultural suelen ser los más importantes que tenemos como estadounidenses, e incluso cuando están resueltos, los recordamos durante mucho más tiempo que, digamos, los aranceles o los impuestos. La pregunta es si la corte será capaz de resolver esos debates. En general, parece que cuando logra alcanzar un acuerdo —como con el matrimonio igualitario, hasta ahora—, le siguen cambios drásticos en la opinión pública muy difíciles de revertir, en lugar de intentar poner fin a debates muy vivos y actuales.

Garcia-Navarro: Aunque el argumento del movimiento proelección es que se trata de una ley ya establecida.

Douthat: Sin duda, pero claramente no es una ley establecida en la práctica, como revela el veredicto en Casey, que exigía literalmente que el país aceptara su acuerdo, ¡y desde entonces sigue siendo un tema esencial en la política nacional!

Blow: También me llamó la atención la frecuencia con la que los jueces conservadores invocaron jurisprudencia sobre derechos civiles, en particular las que corresponden a casos en los que personas negras fueron perjudicadas, en los cuestionamientos y alegatos que se inclinaban hacia la revocación de Roe o la aceptación de las restricciones de Misisipi, cuando Misisipi es el estado más negro de la nación y las mujeres y familias negras serían las más perjudicadas si se restringe el derecho al aborto. Utilizaron el avance de los negros para defender la opresión de los negros.

Goldberg: Charles, para mí eso fue una señal de lo arraigado que está Kavanaugh en la ideología antiabortista. En el mundo provida, comparar Roe con el caso Plessy contra Ferguson es una jugada retórica común. Ojalá Kavanaugh demostrara tanta preocupación por las leyes sobre derechos civiles cuando se trata de aspectos como el derecho al voto.

Garcia-Navarro: La otra cosa que sabemos es que muchas de las mujeres que buscan asistencia para abortar son de bajos ingresos. Eso significa que estamos penalizando a las mujeres con menos recursos, mientras que sabemos que las mujeres con más dinero podrán viajar para tener un aborto. No resuelve la cuestión del aborto en este país, y en ninguna circunstancia se considerará neutral la revocación de Roe.

Goldberg: Algo en lo que he pensado mucho últimamente es que, si se revoca, esta será mi primera experiencia, como mujer blanca, de la pérdida de derechos. He vivido una época en la que el progreso parecía casi una ley de la historia; que tiende hacia justicia, y todo eso. Sigo pensando en el momento en el que mi hija, por entonces aún pequeña, me acompañó a votar por Hillary Clinton, e imaginaba que crecería en un mundo menos misógino, donde el poder femenino se hubiese normalizado.

Sin embargo, crecerá con menos derechos que yo. Por supuesto, las personas negras han experimentado un retroceso mucho más dramático; así que, obviamente, sé que la regresión no es algo inédito. Pero es una verdadera fuente de conmoción y dolor.

Blow: Michelle, los derechos civiles en Estados Unidos siempre han sido un poco como el chachachá: unos pasos adelante y luego unos pasos hacia atrás. Los derechos nunca se ganan para siempre. Deben ser defendidos de forma constante y vigilante. Y, lamentablemente, a veces se pierden. Es un baile que ha sido metido a la fuerza en la sangre de las personas negras en este país.

Douthat: Y supongo que les agradecería la oportunidad de construir una sociedad que no asuma que el estatus de mis tres hijas como seres humanos iguales depende, en términos prácticos o constitucionales, de su derecho a matar a sus propios hijos no natos en el útero.

Blow: Oh, Ross, el drama. ¡Ja! Te desvías hacia la pregunta, más filosófica, de qué es un niño, de cuándo un grupo de células se convierte en un niño y, por tanto, en una persona. Llamar asesina a toda mujer que interrumpe un embarazo está mal. Comprendo que no todas las personas estén de acuerdo en esto —por razones científicas, filosóficas y religiosas—, pero aquí defiendo firmemente el derecho de la mujer a decidir. Eso es lo que quiero para mi hija.

Douthat: No creo que vayamos a resolver aquí la cuestión filosófica, Charles. Y no pretendía ser dramático, solo intento ser receptivo y destilar lo que está en juego: Michelle opina que revocar Roe privaría a su hija de la ciudadanía plena; no creo que la promesa de una ciudadanía plena deba depender del aborto.

Goldberg: Ross, no estoy segura de qué significa eso. Sé que el lado antiabortista ha alegado últimamente que las mujeres no necesitan el aborto para la igualdad y que, en ausencia del aborto legal, la sociedad puede verse obligada a adaptarse a las demandas de la maternidad. Pero nada de eso cambia la posibilidad existencialmente degradante y aterradora de tener que pasar por un embarazo y un parto en contra de tu voluntad.

Garcia-Navarro: Cuando hablamos del tema en abstracto, a menudo nos olvidamos de las historias reales. Me he cruzado dos veces con el aborto en mi vida. Tuve uno a los veinte años y, si no lo hubiese hecho, es seguro que no estaría debatiendo este tema en The New York Times. La segunda vez fue en Brasil, donde estaba considerando tener otro hijo. Tenía más de cuarenta años, y me preocupaba que, si algo salía mal, no pudiese interrumpir el embarazo de forma segura. Fue un factor en mis cálculos. De modo que querría instar a todos a pensar que hay muchos tipos de historias de abortos, y millones de mujeres que los han tenido por toda clase de razones.

Goldberg: Estas son también experiencias de las que muchas mujeres no se recuperarán jamás. Tengo dos hijos, que deseaba tener, pero ambos embarazos cambiaron mi cuerpo para peor, y no me refiero solo a lo estético. Por suerte, he podido gastar miles de dólares en fisioterapia y entrenamiento físico para tratar las lesiones musculares y articulares que se derivan de un abdomen más débil. Obviamente, no todo el mundo puede hacerlo. Y las lesiones que describo son muy leves. Julie Rikelman, quien ha manifestado su oposición a la ley de Misisipi, dijo que era 75 veces más peligroso dar a luz en Misisipi que tener un aborto antes de la viabilidad.

Douthat: Sin duda hay límites a lo que incluso la sociedad más generosa puede hacer para ayudar a las mujeres a llevar esas cargas; parte de esa carga es irreductible e intransferible. Pero, una vez que existe el niño, al margen de los casos donde se les impone literalmente a las mujeres —violación e incesto—, una sociedad justa tiene que emplear todos sus esfuerzos para hacer que la experiencia no sea degradante ni aterradora, no hacia el uso de la violencia letal. Y, en muchísimos casos que acaban en aborto ahora mismo, lo que hace aterradora la situación son las circunstancias materiales, no el niño en sí. Aquí es donde los conservadores no han hecho lo suficiente, y deben y tienen que hacer más para quitar o atenuar esas cargas, incluso en cuestiones tan básicas como la atención materna, que afectan a todos los embarazos, deseados, no deseados y demás.

Blow: El aborto no es “violencia letal”. Caray.

Douthat: Puede ser muchas otras cosas, y todas tan necesarias como señala Lulu, pero ciertamente es eso.

Blow: Es solo atención médica para las mujeres.

Garcia-Navarro: He vivido en países sin acceso al aborto, incluido Brasil, y he informado sobre lo que sucede en los lugares donde no hay acceso al aborto seguro. Y lo que ves es que las mujeres se ven obligadas a tener abortos no seguros, y son principalmente las mujeres de bajos ingresos las más afectadas por los resultados para su salud y seguridad. Y lo cierto es que eso no acaba con los abortos allí.

Goldberg: Yo también he informado sobre muchos países donde el aborto era ilegal, y ahí he visitado hospitales donde las salas de obstetricia estaban llenas de mujeres que se recuperaban de abortos fallidos o sépticos. Y he estado en países donde abortos espontáneos inexplicables han conllevado acusaciones penales. Puesto que ya enjuiciamos a las mujeres por abortos espontáneos relacionados con el consumo de drogas ilegales, no tengo ninguna duda de que el fin de Roe llevará a las mujeres a la cárcel. Sí espero que la llegada de la píldora abortiva suponga unos abortos autoinducidos más seguros que antes.

Garcia-Navarro: Estoy de acuerdo, hemos visto muy claramente el historial de los resultados para las mujeres en sociedades sin una vía segura y legal para abortar. El argumento que muchos han planteado, incluido tú, Ross, es que las restricciones al aborto funcionan.

Douthat: Las leyes que restringen el aborto en los países desarrollados y en los estados de EE. UU. sí conducen a unas tasas de aborto más bajas.

Garcia-Navarro: Claro, se realizan menos abortos en Texas desde que se implantó la ley restrictiva, una disminución como de un 40 por ciento. Pero en paralelo estamos viendo una oleada de personas embarazadas que viajan a otros estados para abortar. También estamos viendo más abortos con píldoras enviadas por correo y a mujeres que se realizan esos abortos en casa sin que eso se refleje necesariamente en las cifras. ¿Hay menos abortos en Texas? Quizá. ¿Hay menos abortos en general? No estoy segura de que eso esté claro.

Goldberg: Si se revoca Roe, ¿cuáles creen que serán las repercusiones inmediatas? Los demócratas, obviamente, esperan un estallido de indignación que reavive parte de la energía de la resistencia contra Trump.

Douthat: Espero algún aumento de la energía y el activismo liberales, no solo a nivel nacional, sino también en los estados morados y rojizos, donde la ley del aborto será impugnada de inmediato, y esperaría que perjudicara un poco a los republicanos en 2022. Dicho esto, esperaría más energía y activismo tras la entrada en vigor de la ley de Texas de lo que hemos visto, de modo que mi incertidumbre por lo que esté más allá de ese veredicto es aún mayor que antes.

Garcia-Navarro: Este país está filosóficamente dividido acerca del aborto, y literalmente dividido en cuanto al acceso. Algunas mujeres tendrán acceso a abortos seguros, y otras en aquellos estados donde sea restringido de inmediato no lo tendrán. Las repercusiones serán enormes, pero será una clara victoria para el paciente y arduo trabajo que la derecha ha realizado en esta cuestión, y que creo que es difícil deshacer.

Blow: Creo que el daño a la integridad de la Corte Suprema será irreparable.

Garcia-Navarro: ¡Y eso además!

Charles M. Blow se incorporó al Times en 1994 y desde 2008 es columnista de Opinión. También es comentarista de televisión y escribe a menudo sobre política, justicia social y comunidades vulnerables. @CharlesMBlowFacebook

Ross Douthat ha sido columnista de Opinión para el Times desde 2009. Es autor de varios libros, el más reciente, The Deep Places: A Memoir of Illness and Discovery. @DouthatNYTFacebook

Michelle Goldberg ha sido columnista de Opinión desde 2017. Es autora de varios libros sobre política, religión y derechos de la mujer, y formó parte de un equipo que een 2018 ganó un Pulitzer al servicio público por reportear sobre acoso sexual en el lugar de trabajo. @michelleinbklyn

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