Los abogados de R. Kelly atacaron a quienes lo acusan pero la táctica fue contraproducente

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Deveraux Cannick, en el centro, miembro del equipo legal de R. Kelly, sale del tribunal después del veredicto en el juicio de Kelly en Brooklyn, el 27 de septiembre de 2021. (Stephanie Keith/The New York Times)
Deveraux Cannick, en el centro, miembro del equipo legal de R. Kelly, sale del tribunal después del veredicto en el juicio de Kelly en Brooklyn, el 27 de septiembre de 2021. (Stephanie Keith/The New York Times)

A mitad del juicio del cantante R. Kelly en Brooklyn, durante una conversación privada fuera del alcance de los oídos de los miembros del jurado, uno de los abogados de Kelly sacó a relucir el baile provocativo de una de las acusadoras.

El abogado, Deveraux Cannick, había insistido más de una vez con el tema del “twerking” mientras interrogaba a una mujer que había conocido a Kelly en un festival de música cuando ella tenía 17 y que afirmaba que el cantante había abusado de ella por años, y la jueza Ann Donnelly ya estaba harta.

“Es hora de que aterrices en el 2021, que es el año donde estamos todos nosotros, ¿está claro?” le dijo Donnelly, en una clara crítica a la implicación de que bailar en un concierto era de alguna manera una invitación al abuso sexual.

El caso de Kelly, que culminó esta semana con su condena por cargos de crimen organizado y tráfico sexual, fue ampliamente visto como un momento crítico en el movimiento #MeToo, que tiene como objetivo que hombres poderosos rindan cuentas por sus conductas sexuales inapropiadas. Pero a lo largo del juicio, el equipo legal de Kelly pareció emplear tácticas que recordaban a una época pasada, con las cuales intentaban pintar al grupo acusador que testifica como personas mentirosas, promiscuas, celosas y hambrientas de fama.

Los expertos legales dijeron que el veredicto, emitido tras breves deliberaciones a pesar de semanas de testimonios complejos, resaltó un cambio profundo y reciente en la forma en que los jurados abordaban casos relacionados con acusaciones de abuso sexual. Y si bien socavar la credibilidad de un acusador ha sido durante mucho tiempo una parte esencial en la estrategia de la defensa, dijeron, atacar a las mujeres que testifican contra sus agresores genera el riesgo de perder por completo el apoyo de los miembros del jurado.

“Los argumentos de la defensa podrían haber tenido algún tipo de impacto hace décadas, pero en Brooklyn, en 2021, no puedes simplemente decir: ‘Ella se lo buscó y obtener una absolución”, dijo Moira Penza, exfiscal que lideró el equipo que aseguró la condena por crimen organizado de Keith Raniere, líder del culto sexual Nxivm.

Penza dijo que muchos de los interrogatorios que hizo la defensa a quienes acusaban al cantante eran “ofensivos” y que la defensa había fallado en un nivel básico.

“La regla número uno de un abogado litigante es tener una narrativa clara y temas consistentes que se sacan a relucir a lo largo del caso”, dijo Penza, quien ahora es socia de la firma Wilkinson Stekloff. “En este caso, la defensa no parece haber tenido una estrategia clara sobre cómo responder a las pruebas de la fiscalía”.

Sin duda, el equipo de defensa de Kelly se enfrentaba a una batalla cuesta arriba. El cantante, que llegó a ser uno de los artistas más reconocidos del mundo, tenía décadas arrastrando acusaciones de abuso sexual. En el juicio, nueve mujeres y dos hombres compartieron horas de testimonios explícitos sobre el abuso físico, sexual y emocional que Kelly había infligido, y eso no se pudo justificar con facilidad.

Los miembros del jurado vieron horas de videos pornográficos caseros de Kelly, gran parte de ellos claramente abusivos. En un video, una de las mujeres que testificó fue obligada a quedarse de pie desnuda e insultarse a sí misma; en otro, fue obligada a grabarse chapoteando en su propia orina y defecándose encima mientras “Come Fly with Me” de Frank Sinatra sonaba en el fondo.

Las deliberaciones solo duraron nueve horas.

“Cuando los miembros de un jurado escuchan semanas de pruebas complicadas y emiten un veredicto de condena con rapidez, están enviando un mensaje”, dijo Paul Butler, un exfiscal federal que en la actualidad es profesor en el Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown.

Dada la enorme cantidad de pruebas contra el cantante, cuyo nombre completo es Robert Sylvester Kelly, habría sido muy difícil ganar el caso. Pero los expertos legales afirmaron que el equipo de defensa de Kelly —un grupo de cuatro abogados defensores ensamblado parcialmente durante los meses previos al juicio luego de que Kelly se separara de su abogado de toda la vida— cometió errores claros.

Nicole Blank Becker, una abogada de Míchigan que nunca antes había defendido un caso en una corte federal, se equivocó repetidas veces mientras presentaba un extenso argumento inicial a favor de Kelly.

Y aunque Cannick realizó interrogatorios agresivos a muchos de los acusadores de Kelly, no quedó claro qué tan efectivas habían sido sus preguntas.

“Sentí que sus preguntas fueron un poco desesperadas”, dijo una mujer que testificó bajo el seudónimo de “Angela” sobre su interrogatorio, en una entrevista al día siguiente del veredicto. “No puedes defender cuando no tienes defensa”.

Blank Becker se negó a hacer comentarios sobre la estrategia del equipo de la defensa hasta que se emita la sentencia. Cannick no respondió a solicitudes repetidas de comentarios.

“En este juicio no hubo el bagaje histórico de acusaciones falsas de mujeres blancas contra hombres negros”, dijo Butler. “Podría haber sido más efectivo en un caso con diferentes dinámicas raciales o en una época previa al #MeToo, pero obviamente no funcionó esta vez”.

De principio a fin, dijeron los expertos legales, la defensa se centró en un plan mal concebido de desacreditar a quienes acusaban a Kelly en lugar de atacar las bases del inusual cargo de crimen organizado que enfrentaba.

El cargo se asocia a menudo con grupos delictivos y mafias, pero se puede aplicar a cualquier plan ilegal coordinado en curso o empresa criminal para llevar a cabo un propósito común. En este caso, los fiscales afirmaron que Kelly y su círculo íntimo habían trabajado durante décadas, en varios estados, para reclutar muchachas y mujeres jóvenes y explotarlas sexualmente.

Michael Leonard, un abogado litigante de Chicago que representó a Kelly hasta este verano, dijo que había estado preparando una estrategia de defensa diferente antes de que él y otro abogado, Steve Greenberg, abandonaran el caso.

“La mejor manera de atacar el caso del gobierno no era tratarlo como un caso sexual corriente, en el que discutes sobre si algo sucedió o no”, dijo Leonard. “El talón de Aquiles del gobierno era el concepto de que Kelly —como líder de una banda— constituía una organización criminal. Eso fue completamente novedoso, algo que nunca antes se había intentado, y pensamos que podía ser explotado”.

Butler, que se especializa en la convergencia entre la raza y la ley, dijo que el equipo de Kelly hubiera podido esperar que su estrategia funcionara en un caso donde las acusadoras eran en su mayoría mujeres negras. Dijo que la estrategia podría haber tenido mayores probabilidades de convencer a algunos miembros del jurado en los años previos al movimiento #MeToo, el cual, señaló, fue creado por una mujer negra.

También señaló que dos de los acusadores de Kelly eran hombres, lo que quizás ayudó a convencer a miembros del jurado de hallarlo culpable.

“Es lamentable que todavía tengamos que pensar en que los hombres corroboren las afirmaciones de victimización de las mujeres”, dijo. “Pero en este caso, los hombres también fueron víctimas”.

Como la carga de la prueba recae en la fiscalía, la defensa solo llamó a un puñado de testigos. Pero según los expertos, quienes acudieron al estrado convocados por la defensa podrían haber hecho más daño que bien.

Uno de los testigos, un exoficial de la policía de Chicago, admitió en el estrado que se había declarado culpable del cargo de falsificación. Otro, el excontador de Kelly, reconoció que había creado un diagrama que mostraba la organización de Kelly como un pulpo, en el que el cantante controlaba sus diversos tentáculos, lo que sin duda fue una prueba valiosa para apoyar el argumento de la fiscalía de que Kelly dirigía una empresa ilegal.

Moe Fodeman, quien encausó muchos casos de crimen organizado como fiscal federal y que en la actualidad es un abogado defensor de delitos de cuello blanco, dijo que la decisión de la defensa de convocar cualquier testigo había sido un riesgo.

“Tener a unos pocos testigos en la defensa para que respondan a algún aspecto específico del caso de la fiscalía puede dejar en evidencia que hay una falta de respuesta para resto de argumentos”, dijo Fodeman, quien añadió que los miembros del jurado suelen sorprenderse por “el marcado contraste con la enorme cantidad de testigos convocados por el gobierno”.

En el caso de Kelly, cinco personas testificaron para la defensa. La fiscalía llamó a 45.

Kelly, quien también enfrenta cargos en Illinois y Minnesota, recibirá la condena en mayo.

© 2021 The New York Times Company

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