“A todos podría cambiarnos la vida”: Historiadores afirman que nuestra respuesta a la crisis del coronavirus será decisiva

Marco della Cava

Cuando los historiadores marquen el comienzo de la pesadilla por el coronavirus en esta nación, citarán el 21 de enero de 2020, la fecha en que un hombre de unos 30 años del estado de Washington que había estado en Wuhan, China, fue confirmado como el primer caso de COVID-19 en Estados Unidos.

Desde entonces, esta crisis global se ha convertido en un momento decisivo a nivel nacional con repercusiones económicas y culturales aún por descubrir. Nadie cuestiona que seguiremos hablando de esto durante generaciones. El debate se centra en cuál será la comparación histórica más adecuada.

¿Esto será como la crisis financiera de 2008, el 11 de septiembre o la Segunda Guerra Mundial? O tal vez, dado que 3,3 millones de personas solicitaron las prestaciones por desempleo la semana pasada, será recordado, como predicen algunos economistas y los medios de comunicación, como un período de profunda pérdida y pobreza similar al que se vivió en la triste década de 1930 cuando el desempleo alcanzó el 25 %.

“Esto será muy dañino económicamente, por lo que la analogía con la Gran Depresión es el escenario más probable al que avanzamos”, afirmó Matthew Jackson, profesor de economía de la Universidad de Stanford. “Estos grandes eventos pueden provocar cambios profundos en los puntos de vista y las creencias de las personas”.

Todos parecen coincidir en que estamos atravesando meses difíciles y quizá los próximos años también lo serán, sobre todo a medida que aumenten las muertes por el virus, los hospitales colapsen y se diezme una economía basada en servicios estimulada con un paquete de rescate de 2,2 millones de dólares similar al de los tiempos de guerra diseñado en Washington, D.C.

Pero si existen motivos para el optimismo en estos tiempos sombríos, nacen del hecho de que podemos elegir como nación y aprovechar este momento para crear una sociedad más preparada para proteger a sus ciudadanos de crisis futuras, según historiadores, economistas y escritores.

En esta foto de archivo del 24 de noviembre de 1933, personas desempleadas esperan afuera de la Oficina Estatal del Trabajo en Nueva York. La dificultad épica de la década de 1930 es la depresión más famosa de la historia de Estados Unidos y algunos economistas están preocupados por las repercusiones de la crisis de COVID-19, las cuales podrían hacer que Estados Unidos retroceda a esos tiempos difíciles.

Hay precedentes de respuestas audaces a eventos decisivos en la historia estadounidense.

La Depresión dio lugar a la Ley de Seguridad Social, que prometió a los ciudadanos una seguridad financiera en sus últimos años. La Segunda Guerra Mundial incorporó a las mujeres a la fuerza laboral y a las minorías al ejército, lo que condujo a movimientos a favor de la igualdad y los derechos civiles. Y el colapso financiero de 2008 dio paso a regulaciones bancarias y un renovado escrutinio sobre las herramientas financieras ilícitas.

Las posibles reacciones nacionales positivas ante la pandemia de COVID-19, que en este momento ha infectado a más de 120 000 estadounidenses y se ha cobrado la vida de más de 2 000 sumando a nivel global 680 000 enfermos y más de 30 000 muertos, son innumerables.

Esas reacciones podrían hacer que apreciemos más el papel del gobierno en la lucha contra esta crisis sin precedentes, que reestructuremos el sistema manufacturero para depender menos de proveedores extranjeros y que valoremos mejor a nuestros amigos y vecinos, según los expertos.

“Por difícil que parezca, es probable que terminemos desarrollando la sensación de que estamos todos juntos en esto”, dijo Joseph Margulies, profesor de derecho en la Universidad de Cornell en Nueva York y autor del libro “Lo que cambió cuando todo cambió: 9/11 y la creación de la identidad nacional”.

Margulies señala que, en contraste con la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses de origen japonés fueron detenidos e internados y el temor rojo hizo que los sospechosos de simpatizar con los comunistas fueran incluidos en la lista negra, en esta debacle los “gobernadores desde Nueva York hasta California, están diciendo lo mismo: ‘quédate en casa’ y se refieren a todos, no a un grupo”.

“A todos podría cambiarnos la vida”

Por el momento, la mayoría de los observadores culturales señalan que la fuerte división política que existía antes de la llegada del virus aún persiste.

Se hace evidente en todo, desde las disputas que estallaron cuando el Congreso debatió el tamaño y el alcance del rescate, hasta la tensión entre el deseo del presidente Donald Trump de reabrir los negocios de la nación el mes próximo y la respuesta de una serie de funcionarios de salud que advirtieron que lo peor aún está por llegar si se reanuda la vida social prematuramente.

Un hombre con mascarilla en Filipinas caminando junto a un icónico póster de la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos que representa a “Rosie la remachadora”, una trabajadora ficticia de una fábrica diseñada para inspirar a los estadounidenses de ambos géneros a participar en el esfuerzo que demandó la guerra durante la década de 1940. Nuestra crisis de coronavirus podría inspirar ese mismo tipo de esfuerzo nacional unificado para recuperarse de la epidemia, según los historiadores.

Pero para recuperarse de este momento histórico será esencial transmitir una apariencia de dirección nacional unificada, sobre todo teniendo en cuenta que no sabemos cómo cambiará la manera en que compramos, trabajamos, viajamos y aprendemos, afirmó Matthew Continetti, miembro residente del American Enterprise Institute, un conservador laboratorio de ideas.

“Es evidente que el costo del virus en vidas y recursos palidecerá en comparación con la forma en que podría cambiarnos la vida a todos”, apuntó. “Al igual que el terrorismo anterior, esta pandemia puede acarrear desafíos reales a las libertades civiles con los que tendremos que lidiar”.

Continetti señala que el núcleo del ethos estadounidense es la libertad, lo cual podría traducirse en un rechazo a las normas emitidas por el gobierno destinadas a garantizar la seguridad pública. Eso podría crear problemas si, por ejemplo, el gobierno adoptara las medidas de algunos países asiáticos de rastrear a los portadores de virus a través de sus teléfonos celulares y cámaras de circuito cerrado de televisión.

“No creo que la mayoría de los estadounidenses estén listos para aceptar eso”, afirmó.

Como esta emergencia podría convertirse en un estado de vigilancia permanente, podríamos vislumbrar en el horizonte un conflicto marcado por el rechazo y la atracción. Por un lado, el deseo de volver a toda costa a nuestro estado de vida anterior al virus y por otro, la conciencia de que nada volverá a ser igual.

Continetti dice que lo que vendrá a continuación representará un verdadero cambio de paradigma, una transformación en la que la sociedad impulsada durante mucho tiempo por la búsqueda de la felicidad a toda costa podría verse obligada a reorganizar sus prioridades sociales y morales.

“Nos enfrentamos a un futuro noble y aterrador”, afirmó. “Pero también puede darnos un nuevo sentido de solidaridad nacional”.

El voluntario Art Ponce sostiene una caja de hisopos y guantes estériles de un donante en un punto de recolección del condado de Sacramento, en Sacramento, California, esta semana. El estado fue uno de los primeros en declarar la cuarentena local y estatal para los residentes en un esfuerzo por detener la ola de casos de COVID-19.

Algunas cosas deberían suceder rápidamente como resultado de este momento seminal en nuestra historia, un momento que, sin lugar a dudas, tiene puntos en común con la pandemia de gripe española de 1918, según el historiador de la Universidad Rice Douglas Brinkley.

Entre ellos se encuentra un renovado aprecio por la ciencia, una admiración reforzada por los médicos y una bonanza financiera para las instituciones de salud del gobierno, como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, una institución que una vez fue poderosa pero ahora se ha quedado sin fondos y que, según su estado de cuentas, esta pandemia ha tomado por sorpresa

“En la historia de Estados Unidos, todo lo que se eleva a un nivel de preocupación nacional obtiene fondos y la salud debería elevarse por las nubes”, afirmó Brinkley, señalando las diferencias con el impacto del 11 de septiembre que se sintió principalmente en el noreste y el huracán Katrina que afectó el sur profundo. “Dado que el coronavirus está afectando a todos, ¿qué gobernante no querrá estar preparado para el próximo brote?”

Brinkley, quien está trabajando en un libro sobre el movimiento ambiental de los años sesenta y setenta, tiene la esperanza de que otra reacción que provoque este punto de inflexión histórico conduzca a tomar medidas urgentes para frenar el cambio climático.

Muchos científicos creen que los nuevos virus están destinados a propagarse a medida que el aumento de la temperatura global obligue a los animales a migrar. De hecho, se sospecha que el nuevo coronavirus pudo haber saltado de especies de pangolines, un mamífero exótico cubierto de escamas que se caza de manera ilegal en algunas zonas de Asia.

“No podemos acabar con las selvas tropicales en Brasil y esperar que no nos pase factura en términos de salud”, advirtió Brinkley.

El coronavirus muestra las conexiones globales

Otro descubrimiento que golpeará a los estadounidenses de todo el espectro económico es la comprensión de que las economías de todas las naciones mantienen una interconexión global.

Quizá el teléfono que estás sosteniendo o el automóvil que conduces han sido diseñados o construidos en Estados Unidos, pero innumerables productos de ese tipo contiene muchas piezas fabricadas en países cuyas plantas de fabricación ahora mismo están en riesgo a medida que los empleados se enferman o que los gobiernos ordenan su cierre.

“El virus terminará, tendremos una vacuna dentro de 12 o 18 meses, pero cómo será la economía mundial después de 12 o 18 meses de estancamiento, dejando aparte el hecho de que el virus podría regresar”, se pregunta Jerald Combs, profesor emérito de historia en la Universidad Estatal de San Francisco y autor del libro “La historia de la política exterior estadounidense desde 1895”.

Combs dice que a medida que el virus paralice a los países proveedores, como India y China, la industria manufacturera estadounidense finalmente tendrá que encontrar nuevas formas de fabricar productos o tendrá que lidiar con las dificultades económicas. Quizá las empresas estadounidenses necesiten esos ajustes durante años puesto que aún se desconoce si la amenaza viral de hoy es una aberración o una vista previa de lo que está por llegar.

“La Segunda Guerra Mundial impactó de diferentes maneras a la sociedad estadounidense, pero esa generación tenía una ventaja en comparación con la situación que estamos atravesando hoy”, explicó Combs. “Sabían que en algún momento la guerra terminaría. Nosotros, al contrario, todavía no estamos seguros”.

Turistas paseando delante de la estatua del ex primer ministro británico Winston Churchill en la Plaza del Parlamento de Londres, donde el primer ministro Boris Johnson anunció recientemente que dio positivo por COVID-19.

Para tener una idea de cuánto nos preocupa este momento decisivo, basta saber que el autor Erik Larson ha recibido lo que él denomina una cantidad “sorprendente” de mensajes de lectores que han encontrado consuelo en las páginas de su nuevo libro, “El espléndido y el villano”, que narra cómo Winston Churchill dirigió la resistencia británica ante la implacable embestida nazi de 1940.

“La gente simplemente desea perderse en un momento en el que se produjo una amenaza catastrófica para una nación y un líder carismático que lidió con ella”, dijo Larson. “En aquel periodo existió esa claridad heroica, Churchill desafió a Hitler y reunió a su pueblo para decirle: ‘Estamos juntos en esto’”. Creo que a la gente le gustaría que pasara algo así ahora.

Después de años de investigación que lo acercaron al corazón y la mente del legendario primer ministro británico, Larson está convencido de que el mensaje de Churchill para cualquier nación que enfrente el desafío que representa la amenaza del coronavirus sería simple e inspirador.

Larson dijo: “Habría dicho rápidamente que no se trata del apocalipsis, que todas nuestras instituciones sobrevivirán, nuestro mundo perdurará y saldremos adelante cuando todo esto termine”.

Este artículo fue publicado originalmente en Yahoo por USA Today