A casi dos años, taxistas enfrentan al Covid-19 en Querétaro

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QUERÉTARO, Qro., enero 19 (EL UNIVERSAL).- La pandemia de Covid-19 ha sido el momento más difícil de recordar, el que sigue dejando estragos para el gremio de los conductores, así lo recuerda Francisco Javier Hernández, un operador del transporte público privado, en modalidad de taxi concesionado.

Francisco tiene 65 años, desde hace 29 trabaja al volante. Relata cómo fue hacer frente a la primera crisis de movilidad y sanitaria que se suscitó con los primeros contagios del Covid-19; habla de ese momento como uno de los más complejos que le ha tocado vivir desde que inició su trabajo.

Ante la cuarta ola de contagios, a casi dos años del inicio de la pandemia, la situación no ha cambiado mucho, pero las medidas sanitarias siguen siendo su prioridad, como desde el primer momento, pues cuidarse a él, dice, es cuidar a su familia, pero también a sus clientes.

Camina hacia su unidad —en la base Pelicanos, sobre avenida Zaragoza, casi esquina con Tecnológico— y muestra las medidas sanitarias que implementa en cada día de trabajo: ventilar la unidad, al abrir las ventanas, rociar sanitizante con frecuencias en todas las áreas internas de su vehículo.

Las mamparas, enmarcadas en madera y cubiertas con plástico, son el artefacto que fue el parteaguas entre las primeras medidas que tomaron cuando comenzó la pandemia, y que funge como un escudo entre los usuarios y operadores.

Aunque es de mucha ayuda este instrumento, señaló, el contacto con el cliente continúa cuando se da el proceso de pago, en el momento en que intercambian el dinero; para este paso, la cabina que habilitaron en la unidad cuenta con una pequeña ventanita que permite el contacto mano a mano.

Aún con estas medidas, Francisco no estuvo exento de contagiarse, lo recuerda como un momento muy difícil, porque el contagio permeó en su familia.

Sin dudarlo, señala que la pandemia ha sido uno de los momentos más complicados, pues a ello se suma la incertidumbre y la saturación de información que hay en relación con la pandemia, con los contagios, con los cuidados; las pérdidas de gente cercana, el confinamiento.

Francisco comparte lo complejo, pero también gratificante, que ha sido el contacto con sus clientes en estos momentos de pandemia, pues no todos son receptivos al cumplimiento de las medidas sanitarias o a la invitación de colocar sustancia antibacterial en sus manos.

Gustavo es compañero de Francisco, también en la estación Pelícanos —nombrada así por la correlación entre esta ave y el logotipo del supermercado que está al frente—, mientras espera pasaje, saca su franela y comienza a limpiar su unidad.

El proceso de limpieza también incluye su kit sanitizante: para rociar sobre los asientos, pero también para limpiar las agarraderas de las puertas y cada espacio tanto dentro como fuera de la unidad.

Gustavo explica que portar el cubrebocas es elemental para salir a trabajar. El hombre porta un cubrebocas KN95, mientras describe el proceso de sanitización dentro de su vehículo.

La pandemia de Covid-19 no sólo ha traído un riesgo sanitario, sino también un fuerte impacto económico que resiente la población, incluyendo al gremio de los taxistas con unidades concesionadas.

A casi dos años de la pandemia, no están ni cerca de recuperar la demanda de servicios que tenían antes de la contingencia; sin embargo, refiere Francisco, hay que verle el lado positivo, señala al tiempo que es solicitado para preguntarle sobre el costo de un servicio, luego de esperar por más de un ahora a que llegara un cliente.

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