Tras un año de tragedias, Haití recibe por fin una buena noticia: La UNESCO reconoce su sopa de la libertad

·5  min de lectura

Haití ha sufrido una serie de crisis este año, desde el asesinato de su presidente en plena noche hasta un devastador terremoto, pasando por los secuestros por parte de pandillas beligerantes y, ahora, la mortal explosión de un camión cisterna de combustible en su segunda ciudad más grande.

Pero al igual que la querida sopa joumou, sopa de calabaza– calienta el alma en el día de Año Nuevo para celebrar que Haití se convirtió en la primera república afroamericana libre del mundo después de que los africanos esclavizados derrotaran a sus colonizadores franceses, hay una historia que ayuda a equilibrar las horribles noticias en una nación que todavía se tambalea por todas sus tragedias.

El jueves, la sopa de calabaza, ampliamente considerada entre los haitianos un símbolo de libertad y dignidad, e inextricablemente vinculada a su fundación como nación el 1 de enero de 1804, se convirtió en la más reciente tradición en ser añadida por Naciones Unidas a su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La sopa joumou se unirá ahora a platos como el cuscús del año pasado y el arte de los pizzaiuoli napolitanos de 2017, después que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la UNESCO, se reúna dentro de seis meses.

La decisión de inscribir la sopa en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad fue aprobada tras una reunión de expertos de la UNESCO y luego recibió la aprobación unánime de sus embajadores el jueves, tras un largo debate virtual sobre los procedimientos. Con una competencia siempre reñida entre los países que se postulan, se reunieron para sopesar si la tradición debía ser considerada. La sopa de joumou pasó el corte después que se acordó que el plato forma parte de la tradición cultural y gastronómica de Haití.

Deliciosa sopa caribeña sale de la cocina para conquistar la UNESCO

La candidatura de Haití, la primera que se presenta ante la organización cultural mundial, fue idea de su embajadora ante la UNESCO, Dominique Dupuy. La embajadora presentó la candidatura en marzo, justo cuando el país estaba de nuevo inmerso en la agitación política y social.

“Esta es la señal perfecta de esperanza, que recuerda a los haitianos su dignidad y que han contribuido a la historia del mundo”, dijo Dupuy desde París, describiendo el reconocimiento como “una nueva antorcha que puede reavivar nuestro fervor común para permanecer juntos y restaurar nuestra fe en un mañana mejor”.

El reconocimiento de la UNESCO, tras un año de tragedias en su país, pertenece al pueblo de Haití, dijo Dupuy, que es originaria de Cabo Haitiano y que esta semana vio con tristeza cómo su querida ciudad se cubría de humo tras la explosión de un camión cisterna de gas que cobró al menos 77 vidas. El pueblo haitiano, dijo, ha salvaguardado y transmitido la sopa joumou, que “es el símbolo máximo de la lucha contra la esclavitud, la lucha contra el racismo”.

“Espero que todos los haitianos, de todas las edades y dondequiera que estén, recuerden hoy”, añadió Dupuy, “que su contribución a la historia del mundo, que su voz y su dignidad nunca más serán invisibles”.

Prohibida durante la esclavitud y reservada únicamente a los propietarios de esclavos, la sopa fue la primera comida que compartieron los afroamericanos liberados tras proclamar la independencia de Santo Domingo el 1 de enero de 1804. Llamaron a la nueva república Haití, su nombre indígena taíno.

Vinculado a la batalla por la independencia y la identidad nacional, el plato se ha convertido en una fuerza unificadora entre los haitianos, al tiempo que refuerza la identidad cultural del país, independientemente de los ingredientes que se le añadan. Ha sobrevivido durante siglos gracias a su transmisión de generación en generación, a menudo sin instrucciones escritas.

A menudo se infunde con chile bonete escocés y tomillo, y su base es la calabaza. Esta calabaza le da a la sopa su color anaranjado y su sabor único. Los ingredientes añadidos varían según la región y el gusto personal, pero pueden consistir en malanga, ñame, nabos, zanahorias, plátanos, papas, col, carne y pasta.

En el sur de la Florida, los chefs locales son conocidos por añadir su propio toque, que incluye mariscos.

Pero para la UNESCO, la receta no es importante. Es la técnica asociada a la elaboración de la sopa y lo que dice sobre la contribución cultural de Haití a la humanidad.

Normalmente, los expertos de la UNESCO tardan dos años en examinar una propuesta. Pero tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse y el terremoto del 14 de agosto en la península del sur del país, cinco semanas más tarde, Haití pidió que su propuesta de sopa de joumou fuera considerada durante la sesión de este año con carácter excepcional, en lugar de hacerlo el año que viene en virtud de una norma que permite hacer consideraciones excepcionales en tiempos de emergencia.

“Se trata de un expediente sólido por el que han luchado muchos, muchos, muchos haitianos y que ha merecido cinco de los cinco criterios ... basándose en el mérito del pueblo haitiano y en el mérito de su patrimonio”, declaró una emocionada Dupuy tras la decisión unánime.

Durante el debate, algunos países del Medio Oriente no se mostraron satisfechos con la secretaría por permitir que Haití obtuviera la vía rápida en la decisión de incluir la sopa joumou en la lista mundial. Otros, como los representantes de Yibuti, Suiza y Botsuana, argumentaron que la vía rápida era la única excepción al proceso, y acudieron en apoyo de Haití.

El embajador de Brasil, Santiago Irazabal Mourão, fue el primero en pronunciarse a favor de la presentación durante la comisión, diciendo a sus colegas diplomáticos: “no se puede abandonar a Haití”. El país sudamericano dijo que apoyaba con fuerza y entusiasmo la propuesta.

“La sopa joumou tiene un papel muy importante en la identidad de Haití y su capacidad de recuperación; su cohesión y resistencia, que son necesarias para superar las catástrofes”, dijo el diplomático, que es presidente de la conferencia general de la UNESCO. “La solidaridad siempre ha formado parte del espíritu de la UNESCO. No se puede abandonar a Haití a su suerte, definitivamente no”.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.