Un año de pandemia: cuatro increíbles formas en las que el COVID-19 cambió el mundo

Ed Browne
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EL 11 DE MARZO DE 2020, el brote de COVID-19 fue declarado oficialmente como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS), tres meses después de que se descubrió el primer caso en China.

El mundo ha cambiado radicalmente en el curso del último año, y lo ha hecho en varias formas.

Algunos de los cambios fueron inmediatos. El desempleo creció y los negocios sufrieron. Sin embargo, muchos de esos cambios no se han percibido adecuadamente. Newsweek ha recopilado algunas cifras notables.

RECUPERACIÓN “ECOLÓGICA”

Quizá no sea una sorpresa que la pandemia haya producido una marcada reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero debido a la disminución de la producción industrial y del transporte.

Se piensa que, en China, esas emisiones se redujeron 25 por ciento en unos cuantos meses, de acuerdo con CarbonBrief. Sin embargo, los investigadores pronostican que tales beneficios ambientales serán temporales.

Las grandes economías están desesperadas por recuperarse de la desaceleración inducida por el COVID-19, por lo que muchas de ellas invierten grandes cantidades en industrias que no son ecológicas y que, en cambio, seguirán reforzando la contaminación.

En un informe encabezado por el Proyecto de Recuperación Económica de Oxford y por el Programa Ambiental de Naciones Unidas, publicado el 10 de marzo, se encontró que únicamente 18 por ciento del gasto de recuperación anunciado por las principales economías podía considerarse “ecológico”.

Esto suma 341,000 millones de dólares en gastos de recuperación “ecológicos” de un total de 14,600 billones de dólares empleados en otros rubros. Solo se invirtieron 28,900 millones de dólares en investigación y desarrollo de tecnologías limpias, mientras que los cerca de 6,610 millones de dólares invertidos en energía baja en carbono se debieron, en gran medida, a los subsidios otorgados por España y Alemania.

Brian O’Callaghan, investigador principal del Proyecto de Recuperación Económica de la Universidad de Oxford y autor del informe, señaló: “A pesar de los pasos positivos que han dado unas cuantas de las principales naciones hacia una recuperación sostenible del COVID-19, hasta ahora el mundo no ha podido cumplir con las aspiraciones para reconstruir de mejor manera”.

DESARROLLO DE VACUNAS

El desarrollo de la vacuna contra el COVID-19 ha sido el más rápido para cualquier tipo de inmunización jamás creada. Los científicos pasaron de identificar el nuevo patógeno a desarrollar una vacuna contra él en menos de 12 meses. Antes de eso, la vacuna que pasó más rápido de la fase de desarrollo hasta su distribución fue la de las paperas, en la década de 1960, cuyo proceso tomó cuatro años.

En lo que podría ser un resultado positivo de la pandemia, la experiencia de producir la vacuna contra el COVID-19 podría generar cambios de gran alcance para el futuro de la investigación sobre vacunas.

Dan Barouch, director del Centro de Virología e Investigación en vacunas de la Facultad de Medicina de Harvard, en Boston, Massachusetts, dijo a la revista Nature: “Esto muestra lo rápido que puede proceder el desarrollo de una vacuna cuando existe una verdadera emergencia mundial y recursos suficientes. Ha mostrado que el proceso de desarrollo se puede acelerar de manera importante sin poner en riesgo la seguridad”.

Esto no es ningún motivo de autocomplacencia. Si bien la vacuna se desarrolló muy rápidamente, el trabajo inicial para una nueva vacuna contra el coronavirus ya se había realizado años antes de que el COVID-19 siquiera hubiera sido bautizado.

El desarrollo de la vacuna no tuvo precedentes en cuanto a su velocidad, pero los científicos se habían estado preparando durante años. Foto: Grant Hindsley/AFP/Getty

Los científicos han estado estudiando otros coronavirus como el SARS y el MERS, mientras que las investigaciones sobre la plataforma de vacunas con mRNA (ARN mensajero) que se utiliza en las vacunas de Pfizer y BioNTech se han venido realizando desde hace varios años. Hace cinco años, la tecnología no habría estado lista, de acuerdo con Nature. Por fortuna, desde entonces ha evolucionado.

LA ECONOMÍA Y EL TRABAJO DESDE CASA

En marzo de 2020, el índice de desempleo ajustado según la temporada en Estados Unidos era de 4.4 por ciento. Para abril, había aumentado más del triple, hasta alcanzar 14.7 por ciento, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.

Otra sombría cifra es la cantidad de reclamos del seguro de desempleo realizados cada semana en Estados Unidos en esa época. A mediados de marzo, se produjeron alrededor de 282 de esos reclamos. Para mediados de abril, hubo 6,867.

También se ha producido un cambio importante en relación con el lugar donde las personas desean trabajar, de acuerdo con una encuesta de Pew Research, donde se entrevistó a 5,858 adultos entre el 13 y el 19 de octubre de 2020. El 54 por ciento de los adultos empleados que dijeron que su trabajo se puede realizar desde casa también afirmaron que les gustaría seguir trabajando así tras el fin de la pandemia.

Si bien gran parte de la economía mundial tuvo grandes problemas (el FMI calcula que la economía se contrajo 4.4 por ciento en 2020), no en todos los sectores ocurrió lo mismo. Se ha pronosticado que el mercado mundial de cubrebocas reutilizables se expandirá a más de 7,000 millones de dólares en 2027, y que el COVID-19 desempeñará una función clave en ese impulso, de acuerdo con un informe publicado en octubre por Grand View Research.

Además, durante la pandemia, los distribuidores minoristas Amazon y Walmart obtuvieron en conjunto 10,700 millones de dólares extra por encima de sus ganancias de 2019, un incremento de 56 por ciento. De acuerdo con el Instituto Brookings, ambas empresas pudieron haber cuadruplicado la compensación extraordinaria por el COVID-19 que pagan a su personal y, aun así, habrían incrementado sus ganancias con respecto a 2019.

CANTIDAD DE FALLECIMIENTOS

En marzo de 2020, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que si la cantidad final de fallecimientos por COVID-19 en Estados Unidos se encontraba entre 100,000 y 200,000, ello indicaría que “todos juntos habremos hecho un muy buen trabajo”. Esta declaración se produjo después de que en un estudio del Imperial College se indicó en que Estados Unidos se producirían 2.2 millones de muertes si no se realizaba ninguna acción para mitigar la propagación del virus.

Hasta el 11 de marzo de 2021, en Estados Unidos se han producido 526,213 muertes por COVID-19, más que en cualquier otro país, y por encima de Brasil, que tiene el segundo número más alto de fallecimientos, con alrededor de 270,000.

Debido al COVID-19, la esperanza de vida de los adultos se redujo en un año en la primera mitad de 2020, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Esa fue la peor caída desde la Segunda Guerra Mundial.

En todo el mundo, se han producido más de 2.6 millones de muertes por COVID-19 de un total de 117.6 millones de casos.

Si se incluyera al COVID-19 en la tabla de fallecimientos de la OMS para 2019 utilizando esta cifra, habría sido alrededor de la cuarta causa principal de muerte en todo el mundo, aproximadamente en el mismo nivel que las infecciones de las vías respiratorias inferiores y por encima del cáncer de tráquea, bronquios y pulmones, la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia, y los trastornos renales.

La cardiopatía isquémica, el accidente cerebrovascular y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica fueron las tres causas principales de muerte en 2019, de acuerdo con las cifras.

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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek