¿Cómo es tener 64 años en la era del COVID-19?

Alison Bowen, Chicago Tribune
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Las vacunas están en camino, pero el número mágico para vacunarse son los 65 años de edad.

Esa es la recomendación de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Una portavoz del Department of Public Health de Illinois declaró que la elegibilidad para la siguiente fase, la 1c, todavía se está decidiendo. Pero ahora mismo en Illinois, las personas de 65 años o más son elegibles para ser vacunadas.

Para las personas que están a punto de llegar a ese número, es un momento agridulce. Algunos de los que hablaron con el Tribune expresaron su esperanza de ser vacunados en los próximos meses, pero también su frustración al ver que sus amigos e incluso sus cónyuges ya están vacunados. Uno describió la sensación como un “purgatorio de vacunas”.

Otros se mostraron consternados por tener relativamente el mismo riesgo de salud que los que pueden vacunarse (unos pocos meses de diferencia) pero recibir el mismo trato que los adultos jóvenes sanos.

Aquí están cinco de sus historias.

Spiro Roberts

Este tiempo se siente como un “purgatorio de vacunas”, dice Spiro Roberts, un jubilado de 64 años que vive en Wheeling.

Él y su mujer se jubilaron el pasado mes de marzo, justo cuando el estado empezó a cerrar.

“Aunque los dos estamos disfrutando de la jubilación, no ha empezado como la habíamos imaginado”, dijo.

Se alegra de tener una salud relativamente buena, comentó, y no tiene ninguna enfermedad subyacente que le permita vacunarse.

Aun así, el requisito de los 65 años le hace difícil no centrarse en su propia edad. Roberts cumplirá 65 años a finales de abril. Tiene programado su examen físico anual para principios de mes, dijo, y planea preguntar entonces cuándo y cómo podrá acceder a una vacuna después de su cumpleaños.

“Intento no pensar demasiado en mi edad, pero sinceramente, con esta pandemia, ha sido un poco difícil no pensar en ello”, comentó.

Tiene previsto vacunarse contra el COVID-19 en cuanto pueda hacerlo.

Ann Ownby Hicks

Ann Ownby Hicks no solo está viendo a otras personas unos meses mayores que ella vacunarse, sino que también está viendo a otros educadores vacunarse.

Como profesora de educación superior, no tiene derecho a vacunarse, señaló, aunque pasa cuatro días a la semana en un aula con estudiantes de 18 a 24 años.

En abril cumplirá 65 años.

Antes de la vacuna, indica, “cumplir 65 años ni siquiera estaba en mi radar”.

Pero ahora, dijo la residente de Rogers Park, “al ver que personas que solo tienen unos meses más que yo se vacunan y darme cuenta de que el hecho de que me falten 47 días para cumplir los 65 me impide vacunarme, me hace sentir frustrada”.

Sabe que es necesario un límite, pero dijo que estar tan cerca de la elegibilidad se siente aún más frustrante que estar lejos de ella.

Su marido tiene 83 años, con problemas de salud subyacentes, y se ha vacunado. Pero como ella no está vacunada, la pareja sigue estando limitada en cuanto a lo que puede hacer.

“Veo a algunos de mis amigos que tienen 65 años y están jubilados y se quedan en casa la mayor parte del tiempo –y están vacunados– y cuento los días que faltan para que yo cumpla 65 años”, afirmó.

Beth Bales Olsen

A medida que se acerca su cumpleaños 65 en mayo, Beth Bales Olson siente una mezcla de emociones.

Con una nueva vacuna recientemente aprobada y cada vez más gente vacunándose, se siente esperanzada.

Además, la residente en Geneva se siente afortunada: sus tres hijas ya son mayores, por lo que no tiene que ocuparse de la escolarización a distancia, un claro factor de estrés para muchos otros. Como trabajadora autónoma, sabe que, de ser así, habría tenido que reducir su trabajo. Así que sabe que ella y su familia han tenido mucha suerte.

“Realmente, creo que estamos viendo la luz al final del túnel”, comentó.

Pero también siente cierta envidia de los cumpleaños.

“No había deseado tanto que llegara un cumpleaños desde que era una niña”, dijo. “Dos de mis buenos amigos cumplen años antes y ya terminaron por completo, y el resto sentimos bastante envidia”.

Se pregunta si una fase de vacunación debería incluir a las personas de 55 a 65 años, pero se lamenta: “Nadie me ha pedido consejo”.

Así que se ha pasado los días revisando su bandeja de entrada por si de repente se ha convertido en candidata a una vacuna.

“Me obsesiona”, dijo, “esperar un mensaje de ‘tenemos una vacuna para usted’”.

Hace poco, eso ocurrió. Recibió un aviso de que, debido a su asma y a la disponibilidad de nuevas citas, podía recibir su primera vacuna el jueves.

Denise James

La pandemia ha animado a Denise James a tener hábitos más saludables.

La mujer de 64 años dijo que había perdido seis kilos en el último año y que tenía la suerte de sentirse bien de salud en general. También añadió 20 minutos de meditación y 20 minutos de yoga cada día, escuchando música clásica que le recuerda a su tío mientras su perro se sienta cerca.

“El COVID animó a esta mujer de 64 años a tomar las riendas de su salud”, afirmó.

Mientras la residente de Willowbrook observaba a los demás vacunarse, comentó, tuvo un poco de “envidia de COVID”, pero se sintió “sobre todo abrumadoramente alegre de que los mayores de 65 años se vacunen”.

Añadió: “Soy lo suficientemente inteligente como para saber que es una norma que en su mayoría es buena. Veo los beneficios para mí con menos personas que se contagian de COVID, menos personas en la UCI”.

Tras cumplir los requisitos debido a su peso, recibió su primera vacuna el jueves en un Walgreens.

John Haas

Antes de este año, John Haas y su mujer parecían tener la misma edad.

Pero durante la pandemia, al tener ella 65 años y él 64, parecía separarlos un mundo.

“Ella se vacunó muy rápido, aquí en Indiana, y yo me sentí un poco extraño al respecto”, dijo Haas, que vive en South Bend. “No solemos ver procedimientos para salvar vidas divididos de esa manera”.

Como profesor, entra en contacto con mucha gente, y se sentía, dijo, como: “¡Oigan, yo lo necesito más que ella!”

Finalmente, encontró una lista de espera a la que la gente podía apuntarse para que le avisaran cuando los lugares tuvieran vacunas sobrantes. Su mujer lo inscribió. Unos días más tarde, recibió una llamada, y en menos de una hora consiguió su primera vacuna.

Esta semana recibirá la segunda.

“Estoy en plan: ‘¡Sí, bebé, dale!’”, dijo. “No estoy seguro de qué es ‘eso’, pero esa es la actitud”.