Un año después de la invasión al Capitolio, lo más preocupante es que persisten las mentiras

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Entre los partidarios del expresidente Donald Trump se han popularizado algunas aseveraciones falsas sobre la identidad de los atacantes del Capitolio y sus acciones.

Los esfuerzos de los aliados del expresidente Donald Trump para reescribir la historia del ataque al Capitolio del 6 de enero empezaron cuando el disturbio estaba en marcha. Luego de que figuras conservadoras influyentes, congresistas republicanos y Trump pasaron meses negando, desviando y minimizando la violencia y el caos de aquel día, siguen persistiendo falsedades sobre los perpetradores y las consecuencias de aquel día.

No hay pruebas de que antifa estuvo detrás del ataque

Una montaña de pruebas muestra que los alborotadores eran partidarios de Trump, sin embargo eso no ha impedido que se genere una cascada de afirmaciones engañosas que buscan asignar a otros la responsabilidad.

Incluso antes de que terminara la revuelta, en redes sociales se empezó a propagar una teoría falsa que culpaba de los hechos a agitadores afiliados con antifa, un conjunto poco definido de activistas antifascistas. Miembros republicanos del Congreso y personalidades de Fox News rápidamente se hicieron eco de dicha afirmación.

Dos días después de la violación del Capitolio, el FBI dijo que no había pruebas de que seguidores de antifa hubieran participado en el disturbio. Hasta el momento, ninguna de las más de 729 personas procesadas en conexión con el motín tienen vínculo con antifa, según una base de datos de NPR que recopila los registros de arresto. Algunos han expresado resentimiento de que se la atribuyera crédito a antifa.

“Ni se atrevan a decirme que la gente le está echando la culpa de esto a antifa y BLM”, escribió en su página de Facebook uno de los participantes, según documentos legales del proceso. “Con orgullo nos responsabilizamos por invadir el Castillo”.

Aun así, persistió la creencia en la teoría falsa. Más del 70 por ciento de republicanos encuestados en un sondeo de Yahoo News/YouGov realizado en mayo, y más de la mitad de los que respondieron a una encuesta de PRRI de septiembre afirmaron que los culpables del ataque eran manifestantes de izquierda.

Trump ha seguido impulsando la teoría, al decirle a Sean Hannity, presentador de Fox News que “la gente mala que no eran patriotas para nada”, entre ellos partidarios de antifa, “llevaron a muchas personas por el mal camino” en el Capitolio.

Ninguna de las más de 729 personas acusadas en relación con los disturbios del Capitolio tiene hasta ahora ninguna conexión con los antifa, según una base de datos de NPR sobre registros de detenciones. (Jason Andrew/The New York Times)
Ninguna de las más de 729 personas acusadas en relación con los disturbios del Capitolio tiene hasta ahora ninguna conexión con los antifa, según una base de datos de NPR sobre registros de detenciones. (Jason Andrew/The New York Times)

Los intentos por culpar a la líder del Congreso Nancy Pelosi no tienen fundamento

Legisladores republicanos y otros partidarios de Trump han dicho, sin que sea verdad, que Pelosi ignoró los pedidos de más recursos realizados ese día por la Policía del Capitolio y que “rechazó la capacidad de traer a la Guardia Nacional” al Capitolio.

Estas aseveraciones, que llevan meses circulando ampliamente en redes sociales, son falsas.

No existen pruebas de que el despacho de Pelosi haya rechazado una solicitud de enviar a la Guardia Nacional o que siquiera haya tenido un papel en las demoras de dicha aprobación. Como presidenta de la Cámara de Representantes, Pelosi no supervisa directamente las operaciones de seguridad del Capitolio.

Las afirmaciones de que los alborotadores detenidos son ‘prisioneros políticos’ son improcedentes

Muchas personas han criticado el trato que se les dio a los arrestados en conexión con el ataque del 6 de enero, y algunos legisladores y activistas de derecha han descrito a los detenidos como “prisioneros políticos o se han quejado de una “administración desigual de justicia”. Más de una tercera parte de los republicanos indicaron en una encuesta del Pew de septiembre que las penalidades que enfrentaban los amotinados eran demasiado severas.

Funcionarios locales llevan años quejándose de las condiciones de las cárceles del Distrito de Columbia, donde decenas de los alborotadores han estado detenidos en meses recientes. Y algunos han expresado preocupación de que tienen que lidiar con amenazas de los guardias, drenaje estancado y poca agua y alimento.

Si los castigos que hasta ahora se han dado a los atacantes han sido demasiado severos es un asunto de opinión. Pero la mayoría de los que fueron arrestados más tarde fueron liberados mientras se llevan a cabo los juicios. Los detenidos enfrentaban acusaciones graves, como atacar a agentes de policía; no se les señaló por sus creencias políticas. De los más de 700 arrestados, solo unos 71 personas han sido sentenciados hasta el momento, 30 de los cuales recibieron penas de cárcel con una sentencia media de 45 días, según un análisis realizado por Político.

No hay evidencia de que el FBI haya organizado el ataque

Otros han especulado, sin aportar pruebas, que agentes federales organizaron el disturbio con el fin de atrapar a los partidarios de Trump.

En documentos del proceso legal se han citado a informantes y agentes del FBI como “fuente confidencial”, “una fuente humana confidencial” o simplemente “un informante”, o a aquellos “que actuaban en calidad de encubierto”. Según la teoría, quienes son mencionados en los documentos como “co-conspiradores no acusados” también eran informantes o agentes del FBI encubiertos.

The New York Times reportó en septiembre que dos informantes del FBI con vínculos al grupo de extrema derecha Proud Boys habían participado en los acontecimientos del 6 de enero. Pero eso no constituye evidencia de que el FBI haya orquestado los ataques para atrapar a los seguidores de Trump. Además, los registros indican que uno de los informantes viajó a Washington por iniciativa propia y no a instancias de su encargado del FBI.

Candace Owens, la figura mediática de derecha, especuló en Twitter, sin aportar pruebas, que “FEDERALES encubiertos” habían sembrado dispositivos explosivos en el Comité Nacional Republicano y el Comité Nacional Demócrata el día antes del disturbio. El mismo Trump ha coqueteado con la teoría, al advertir en una entrevista de diciembre que el caso seguía sin resolverse y resultaba sospechoso.

Los funcionarios aún no identifican ni arrestan —al menos en público— a la persona que colocó los explosivos. Pero eso no es prueba de que haya un encubrimiento intencional, ni tampoco de que el FBI haya estado involucrado. La agencia ha ofrecido una recompensa de 100.000 dólares a cambio de cualquier información que ayude a identificar al sospechoso. Es más, el FBI ha publicado cientos de fotos y videos de personas que participaron en el disturbio y que aún no han sido identificados.

(Photo by Tayfun Coskun/Anadolu Agency via Getty Images)
(Photo by Tayfun Coskun/Anadolu Agency via Getty Images)

El motín fue violento, resultó en varias muertes e involucró armas, a pesar del negacionismo al respecto

El disturbio en el Capitolio resultó en lesiones a unos 150 oficiales de policía local y federal, así como en daños por 1,5 millones de dólares al Capitolio. Sin embargo, y a pesar de los videos que muestran explícitamente ataques y destrucción, un coro de destacadas personalidades conservadores ha insistido en que los sucesos del día no fueron violentos en su mayoría y sí parecidos a “una protesta pacífica”, o “una visita turística normal”. Un año después, alrededor de una tercera parte de los republicanos creen que el ataque al Capitolio fue sobre todo pacífico, según varias encuestas recientes.

Trump ha comparado, repetida y engañosamente, la violencia en el Capitolio con la ocasionada por las protestas por la justicia racial de 2020. El año pasado, en varias entrevistas de Fox News, dijo que durante el disturbio “no hubo armas en absoluto” y solo una muerte, en comparación con varias muertes, “muchas armas” y “ninguna consecuencia” en las protestas de Black Lives Matter.

Dichas afirmaciones son falsas. Al menos tres de los alborotadores del 6 de enero enfrentan cargos relacionados con armas, entre ellos un residente de Maryland que llevó una pistola al Capitolio. Según el Departamento de Justicia, más de 75 acusados han sido procesados por ingresar a una zona restringida con un arma peligrosa o mortífera. Un reporte del Senado realizado por ambos partidos vinculó siete fallecimientos con el ataque. El día del asalto, dos manifestantes murieron de ataques al corazón, uno de una sobredosis accidental y otra, — Ashli Babbitt— recibió un disparo al intentar ingresar al Capitolio por una puerta de vidrio rota. Un oficial de policía murió a causa de varias embolias un día después del ataque y otros dos se suicidaron en los días posteriores. (Dos oficiales más se suicidaron seis meses más tarde).

Las comparaciones del disturbio con las protestas de Black Lives Matter pueden ser engañosas

Varios legisladores han repetido las comparaciones de Trump que asemejan los acontecimientos del 6 de enero con las manifestaciones por la justicia racial que se suscitaron en 2020.

Sin embargo, de acuerdo con expertos y otros datos, durante la violación del Capitolio hubo más violencia y los alborotadores del 6 de enero estaban más organizados y tenían la intención de herir a legisladores y fuerzas del orden en mayor proporción.

“Algo que aprendimos de los arrestos del Capitolio es que había una pequeña pero considerable cantidad de gente que planeaba lo que describiría como violencia letal o intentos de violencia letal. Esa intencionalidad no estuvo presente en las protestas de [George] Floyd”, dijo Michael Loadenthal, director ejecutivo del Prosecution Project, que lleva la cuenta de los casos federales que involucran violencia política.

En el verano de 2020, entre 15 y 26 millones de personas participaron en las protestas de Black Live Matters en Estados Unidos y la gran mayoría de ellas fueron pacíficas. Más de 17.000 personas fueron arrestadas en conexión con las protestas por la justicia racial, según un conteo realizado por The Washington Post. De unos 2600 arrestos en los que se detalla la acusación o el manifestante, 582 o un 22 por ciento, fueron acusados de crímenes relacionados con violencia o amenaza de violencia.

En otras palabras, 1 en 4400 aproximadamente cometió un delito violento, si se asume la misma tasa de criminalidad entre todo el universo de arrestados.

Por otro lado, los expertos en multitudes y las autoridades han estimado que hasta 10.000 ingresaron a los terrenos del Capitolio. De los más de 729 arrestados al momento, alrededor de una cuarta parte, o 176 personas, han sido acusadas de crímenes relacionados con violencia. Es decir, al menos 1 de cada 56 cometió un crimen violento.

© 2022 The New York Times Company

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