6 costumbres argentinas que descolocan a los extranjeros

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Por: Lau B

1. Vamos a empezar por el principio: nuestra manera de saludar.

Aunque los extranjeros en cuestión sean también latinoamericanos, nuestra efusividad a la hora de saludar a los amigos y a los desconocidos es legendaria en todo el mundo. He visto al vaquero más rudo del Lejano Oeste ponerse colorado ante el beso en la mejilla que le estampó con naturalidad una argentina, tan solo para decirle “hola, qué tal”. Y ni hablar de cuando son los hombres los que besan y abrazan… ¿me creen si les digo que, ante semejante avasallamiento, ese mismo cowboy tomó su teléfono para llamar al 911?

 

2. ¿Y qué viene inmediatamente después de los besitos en cualquier hogar argentino? ¡La invitación a tomar unos mates!

El extranjero desprevenido dirá que sí, que “donde fueres haz lo que vieres”, pero muy grande será su sorpresa cuando vea que el mate es uno para todos y que la bombilla se comparte entre todos los que formamos la ronda… y hasta a veces mientras comemos. ¿Se acuerdan la cara que puso el nene de Sexto Sentido la primera vez que vio un fantasma? Bueno, así la reacción. Si bien yo sostenía que el mate era algo que nos gustaba solo porque éramos argentinos y crecimos con él como si fuera nuestra segunda leche materna, tengo ya muchos amigos alemanes y estadounidenses que son fanáticos del mate pero, eso sí, cada cual con su matecito… ¡y con sus gérmenes!

 

3. Nuestra necesidad de hablar de política cada quince minutos.

A ver, yo llegué a Estados Unidos hace cinco días, con motivo de una visita a nuestra familia y, en todo ese tiempo, ni se ha mencionado la política (y miren que en EE.UU. la cosa está que arde…). ¿Un milagro? No, pasa que ellos no son argentinos. En nuestro país la política sale cada quince minutos (sí, los conté). En las reuniones familiares, en un viaje en taxi, en la verdulería, en una cita romántica a la luz de las velas, cualquier lugar en el que haya dos argentinos hablando o con posibilidades de hablar es terreno propicio para que se encienda la chispa de la política… La política atraviesa cada capa de nuestras vidas y es imposible dejarla de lado. Las discusiones son acaloradas, las voces suben el volumen y los pobres extranjeros se agarran fuerte de su asiento ante tanta pasión…

 

4. Las sobremesas

Me enternece mucho la expresión de los extranjeros, mezcla de fascinación y agotamiento extremo, al ver que, cinco horas después de acabada la cena, la charla alrededor de la mesa aún continúa. Ya se habló de política (cada quince minutos), de si te conviene más el psicoanálisis o las constelaciones familiares y de cuántos años tienen Mirtha y Susana… “¿Mamá, cuándo nos vamos?”, parecen rogar con su mirada desesperada.

5. Nuestra notable predisposición para la conversación.

Si hay algo que disfruto de mis estadías en nuestro país es el don para comunicarse de la gente. No tenemos problemas en hablar con quien sea ni en miramos a los ojos ni en pasar de la conversación casual a la profundidad emocional en cuestión de segundos. Esto es entre propios, amigos y familiares, y entre ajenos también. Esta característica que a mi me encanta y que extraño mucho cuando estoy lejos, es algo que puede descolocar a un extranjero que sólo está acostumbrado a conversar con sus familiares directos una vez por día durante la cena…

6. Por último… la costumbre argentina de decir “no”.

Ya lo dice la sabiduría popular: el deporte nacional argentino no es el fútbol, sino la queja. Nos encanta protestar y quejarnos, lo que no es necesariamente malo, porque gracias a esos somos exigentes y no perdemos la memoria. Pero, reconozcámoslo, esta característica nos hace también un poco infumables para quien no nos conoce. Cualquier extranjero que nos tome literalmente se angustiará por nosotros y pensará que estamos realmente mal, en la lona, cuesta abajo y viviendo una a una todas las penurias anunciadas en el tango Yira Yira…