6 claves para el détox digital y mejorar el uso de las pantallas

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Una característica de los tiempos actuales es la sobrecarga de información, y la dificultad para discernir la verdadera de la falsa
Una característica de los tiempos actuales es la sobrecarga de información, y la dificultad para discernir la verdadera de la falsa

Las dietas digitales pasaron de ser una novedad en el último tiempo a formar parte de la rutina de muchos usuarios que buscan mejorar su productividad, elevar su estándar de vida y mejorar las relaciones personales. Interminables reuniones por Zoom, infinitos grupos de Whatsapp y la lluvia de correos electrónicos y notificaciones son causa de la pérdida de foco y desequilibrio emocional.

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Todos estos temas abordan los periodistas Martina Rua y Pablo Martín Fernández en “Cómo Domar tus pantallas”, un manual de supervivencia digital en la era informática que la irrupción del coronavirus aceleró profundamente.

Con un abordaje lejano al de la “tecnofobia” de aquellos predicadores que advierten con énfasis apocalíptico las consecuencias del consumo de dispositivos electrónicos, los autores eligen el enfoque del uso responsable y la búsqueda de los usuarios de su yo-virtual. Siguen la lógica de “la ciencia del martillo”, una herramienta que dependiendo de las intenciones de quien lo esgrime puede servir tanto para construir como para atacar. En el détox digital encuentran la clave del autodescubrimiento para entender cómo nos relacionamos con la virtualidad.

Conocer el tiempo de uso del celular

El primer paso del uso tecnológico responsable es conocer cuáles son las apps que ocupan más horas y minutos en la rutina diaria. “Cuando descubrí QualityTime fue espectacular porque me ayudó a ver lo mucho que usaba el celular. Luego ya con las herramientas nativas de Android en el celular e iOS en mi tablet, todo se volvió más integral. En los últimos meses de 2020 salí de mis cuentas personales en las apps de Instagram y Twitter de mi celular. Lo medí y, en más de un mes de prueba, esto hizo que usara dos horas menos por día. Con ese solo cambio pude estar más presente y poner más foco en lo que estaba haciendo o en las personas con las que estaba pasando el tiempo”, cuenta Fernández.

Además de la herramienta predilecta de Fernández, existen otras aplicaciones que miden en tiempo real el uso del celular como App Usage, Moment, Instant y Webtime Tracker. Algunas hasta llegan al extremo de bloquear temporalmente las apps si se supera el límite de tiempo fijado para el día.

Inhabilitar la doble tilde

“Me clavó el visto” ya forma parte del folclore digital para describir aquellas situaciones en las que los usuarios se sienten ignorados luego de enviar un mensaje. La confirmación de lectura, genera un doble juego entre la presión que tiene el que recibe para responder y la ansiedad del que envía.

En la nueva versión de Whatsapp, el doble tilde cambia de color con la lectura del mensaje
En la nueva versión de Whatsapp, el doble tilde cambia de color con la lectura del mensaje


En la nueva versión de Whatsapp, el doble tilde cambia de color con la lectura del mensaje

Una investigación de la Universidad de Washington (Seattle WA), que buscaba soluciones para mejorar el problema, concluyó que en los casos que el destinatario no puede atender los mensajes entrantes de inmediato siente la presión social debido a expectativas de comportamiento de mensajería. Según la encuesta del estudio se demostró que si bien más del 20% de los remitentes considera que el destinatario está ocupado, un 15,4% especuló que lo está ignorando deliberadamente y el 5,7% que tal vez tenga un problema.

Para Fernández y Rua estas especulaciones pueden provocar una serie de emociones negativas en el remitente y afectar las relaciones entre los interlocutores. Los destinatarios se sienten obligados a justificar su falta de disponibilidad y también hacen un intento de justificar los retrasos en la respuesta con razones circunstanciales basadas en sus compromisos y el estado de sus actividades. La excusa más común: “Estaba en una llamada”.

No dejarse atrapar por cualquier app

No son pocos los casos en los que los fabricantes de las aplicaciones más reconocidas se alejaron de su propia creación. Para Fernández y Rua recién estamos aprendiendo a convivir con ellas, y la distancia entre los creadores y su obra puede ser un indicio sobre lo que hay detrás de ellas. Los autores relatan la experiencia de Sean Parker, colaborador en Facebook, quien luego de trabajar por años en la compañía se alejó diciendo: “Solo dios sabe lo que Facebook le está haciendo al cerebro de nuestros hijos”.

En igual sentido se expresó Ian Spalter, jefe de diseño de Instagram, que confesó que no le permitía a sus hijos usar smartphones. Bailey Richardson, una de las primeras empleadas de la red social, eliminó la app de forma permanente y comparó su uso con el abuso de medicamentos. Según Richardson, con el tiempo el efecto inicial de bienestar se diluye hacia lo nocivo.

Las redes sociales son el principal motivo detrás del uso del celular a la hora de dormir
Shutterstock


Muchos desarrolladores de apps se alejaron de su creación por la adicción que generan (Shutterstock/)

Por otro lado, los autores advierten sobre el “Pull to refresh”, el mecanismo diseñado por Twitter y con el que cuentan muchas aplicaciones para actualizar su feed. El método de “actualización por arrastre” se asemeja a tirar de la palanca de una máquina de casino y es uno de los disparadores de la adicción en los celulares que hacen perder tiempo consciente.

Apagar la mayoría de las notificaciones

Molestas e invasivas son un recordatorio trastornado donde lo “urgente” le gana a lo “importante”.

Los autores abordan el caso de Loren Brichter, uno de los desarrolladores del software de Twitter quien reconoció en una entrevista a The Guardian que para estar más tranquilo carga su teléfono en la cocina, lo enchufa a las 7pm y no lo toca hasta la mañana siguiente. Además bloqueó algunos sitios web, y desactivó las notificaciones automáticas. Usa Telegram para enviarse mensajes solo con su esposa y dos amigos cercanos y hasta se desconectó de Twitter, la red social que llevó al éxito.

Ordenar las apps por prioridad

“Me cuesta no entrar en un loop de chequeo de redes sociales que creo que no me aporta mucho y que me suele dejar una sensación de derrota. En Twitter encuentro mucha de la información que necesito para trabajar, pero a veces se transforma en una trampa. He logrado en estos años reconocerlo y usar métodos de foco que limitan mi acceso, pero aún tengo un gran camino por recorrer hacia un uso más intencional y menos inercial”, cuenta Rua.

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Una posibilidad es eliminar los accesos rápidos de aquellas aplicaciones que más tiempo consumen y menos productividad generan. También se pueden armar carpetas que ordenen las apps por temática, ya sea ocio, mensajería o trabajo.

Reducir los canales de comunicación

Lejos quedó la época en que el teléfono operaba como una vía de comunicación única. Hoy, en un solo dispositivo se concentran múltiples canales entre llamadas, mensajes de chat, audio, e-mails y SMS. “Priorizar se trata en gran medida de decir una montaña de “no” para elegir a qué “sí” voy a cuidar. Un “no” dicho a tiempo y de manera clara vale tanto más que los “sí” a medias. Y esto también es importante para construir tu presente y futuro de bienestar digital. Decir que no a ciertas interacciones digitales, multiplicidad de casillas de entrada o de consumo desmedido de contenidos online necesita de tus decisiones”, explica Rua.

Es importante decidir a qué canal abocarse (Whatsapp, correo electrónico, Telegram, etc) lo que requiere de un pacto con familiares y amigos para que conozcan en qué momentos y por cuáles vías encontrar a uno disponible.