De $4 a $198: cómo trepó el dólar blue en una década de cepos cambiarios

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Hernán de la Fuente / Retoque digital: Sebastián Feldman
Hernán de la Fuente / Retoque digital: Sebastián Feldman

No hay un solo manual de periodismo en el mundo que recomiende empezar una nota con una advertencia al lector. Sepa quien pase por estas letras que, cuando estos hechos que se relatarán sucedieron, contaba con 10 años menos y que entonces, el dólar valía apenas unos centavos más que $4. Solo para hacer un ejercicio de memoria, no había brecha cambiaria, un kilo de yerba de primera marca se conseguía por $6,5; uno de azúcar, con $6,07, y un litro y medio de aceite, con $8,30.

El 23 octubre de 2011, la fórmula que conformó Cristina Kirchner y Amado Boudou cosechó el 54,11% de los votos, exactamente 11.865.055 sufragios. Todo era euforia electoral. Solo 48 horas después de aquel triunfo histórico, con una batería de decretos intervinieron el mercado cambiario. El dólar corría en la City y, finalmente, el 27 de octubre, la Argentina instauró el primer cepo cambiario. Se conocieron restricciones para petroleras, mineras y compañías de seguros. Al otro día, el viernes 28 de octubre la Argentina amaneció con una norma que establecía que sería la AFIP quien decidiría quién y cuántos dólares podría comprar cada ciudadano argentino.

Es posible que los memoriosos recuerden aquel trámite online en el organismo recaudador, previo a pasar por una caja de un banco a comprar divisas. Era necesario completar datos y más datos y entonces, un algoritmo que nunca se explicó cómo se hacía y qué cosas ponderaba, tiraba un número mágico con el importe que se podía comprar. Magia pura.

Autorización en mano, a comprar a la sucursal lo que la AFIP decidía. Fue el inicio del cepo cambiario que, empezó como provisorio y llegó al extremo actual. Entonces, Boudou también tenía 10 años menos y era el ministro de Economía; y Débora Giorgi, la ministra de Industria. Roberto Feletti se desempeñaba como Secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo.

En octubre de 2021, las restricciones cambiarias son más fuertes que nunca y, además, el dólar oficial carga con 65% de impuestos. Transcurrió una década, el cepo permanece, y varios nombres, también están de regreso. Todo vuelve en la Argentina cíclica, aunque algunas cosas, permanecen.

Ahora bien, si se trata de un mero aniversario, pues a qué se deben las advertencias del inicio. El repaso que sigue enumera unas pocas variables sobre el qué pasó desde entonces. El dólar oficial, que hoy prácticamente no se consigue, subió 2363%, pasó de 4,26 a 105,15, según las cotizaciones al 28 de octubre de cada año. Es decir, aumentó casi 101 pesos.

Pero ese número no dice demasiado si no se comprara con otras variables. Mientras la moneda estadounidense de pizarra subió 2363%, el índice de precios al consumidor avanzó con bastante paridad: 2140%. En ese rango también aumentó el gasto primario (1923%) y los pasivos del Banco Central (2438%), según datos elaborados por la consultora Perspectiv@as Económicas. Claro está que hay que ser amplio en la mirada, como para entender de que se habla de un “rango” parejo mientras hay 500 puntos porcentuales de diferencia. Pero vale la licencia para entender otros valores que directamente se escaparon del registro.

Como se escribió antes, el dólar oficial creció 2363% desde el cepo. Pero claro, el precio de la cotización que publica el Banco Central es para pocos, importadores y exportadores, básicamente. ¿Qué pasó con el dólar “blue”, el que se consigue a cambios de pesos en ventanillas? Pues éste, el que se compra con pesos, creció 4359%, según la consultora citada. Si, no hay error de tipeo: de hecho, entre los últimos días de octubre de 2011 y de 2021 pasó de cotizar $4,49 a $198, según el valor de hoy.

Por su parte, hoy el dólar MEP (o Bolsa) libre roza los $206, mientras el contado con liquidación libre se ubica entre los $216,94 y los $221,22 según que bono o acción se tome para operarlo.

Albert Einstein dijo alguna vez, o por lo menos se le atribuye, que todo es relativo. Y alguna razón ha tenido. Ese 4359% podría significar nada si los sueldos anotaron un porcentaje mayor. Entonces sí llega la justificación de la advertencia inicial: los salarios del sector privado registrado aumentaron en la última década 1476%. Para decirlo de otra manera, el sueldo perdió 2883 puntos porcentuales frente al dólar libre y 664 puntos si se la compara con la inflación. El salario se pulverizó frente al dólar.

“Hay que recordar –dice Andrés Borenstein, economista de Econviews y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella– que el cepo era provisorio. Uno entiende la política y es verdad que un dólar barato ayuda a ganar las elecciones. Cristina Kirchner gana por paliza, tenía el capital político para poder devaluar acomodar el tipo de cambio. Pero en vez de hacerlo, pone el cepo. Fue uno de los errores de concepto y mala praxis de la historia ”.

Martín Rapetti, economista y fundador de la consultora Equilibra, coincide. “En 2011 no había una necesidad imperiosa”, dice. Recuerda que la nominalidad era insostenible ya que desde la crisis de 2008, la inflación estaba en el rango de entre 20 y 25% por año; los salarios, 25 y 30%, y tipo de cambio, apenas entre 5 y 10.

Recuerda que el mercado descontaba que tras las elecciones vendría la corrección cambiaria, algo similar a lo que hizo, dos años después la supla Juan Carlos Fábrega, desde el BCRA, y Axel Kicillof, en el Palacio de Hacienda. “El mercado descontaba que eso no seguía, se pensaba que ganaban y corregían. Cristina Kirchner tenía el poder suficiente como para hacer las correcciones necesarias. Pero, sorprende y pone un cepo. Yo creo que en aquella decisión hubo mucho de dogma. Ese cepo fue innecesario, fue el gran error económico” , rememora.

El efecto de las restricciones fue inmediato. Lo ilustra Borestein: “Se pasó de un crecimiento de 6% del PBI en 2011 a una caída de 1% en 2012. Hubo una sequía, que puede explicar 2 puntos. El resto es impacto del cepo y la desconfianza”. Agrega una cosa mas: “Conceptualmente el cepo debe ser uno de los mayores sesgos anti exportadores de la política económica. Todo el mundo habla en términos voluntaristas de la necesidad de exportar, pero el cepo hace todo lo contrario”.

Apenas se puede hacer un impasse de mercado libre durante el gobierno de Mauricio Macri. Pero con la crisis de 2018, volvieron las restricciones. Fue la única iniciativa contraria a la inercia de cerrar cada vez más la compra de moneda extranjera.

Es interesante aportar un concepto de Rapetti: “A veces sobró cepo; otras, faltó”. Considera que en algunos momentos de las corridas de 2018 debería haberse restringido la compra de moneda extranjera.

Dice que en determinados momentos de mucha desconfianza y de crisis, son necesarias estas políticas hasta generar el regreso de la confianza en el peso: “Están en el manual de buenas prácticas del FMI. Pero siempre hay que tender a distender estos cepos”.

Apenas se puede hacer un impasse de mercado libre durante el gobierno de Mauricio Macri. Pero con la crisis de 2018, volvieron las restricciones. Fue la única iniciativa contraria a la inercia de cerrar cada vez más la compra de moneda extranjera.

Supercepo reforzado

“En muchos sentidos, todo huele a viejo en la Argentina”, dice, con un dejo de resignación el economista Luis Secco. Y analiza la cronología de estos años haciendo un punteo. Primero, “la conocida historia de las medidas “transitorias” que tienden a hacerse permanentes cuando los desequilibrios macro fundamentales que las gatillan no se resuelven de manera sustentable”. Aquella cuestión momentánea de la restricción sumó en los últimos años, 65% de tributos. Es verdad que una porción de eso es un pago a cuenta del impuesto a las ganancias a los pocos que lo pueden recuperar, pero el resto, el llamado impuesto PAIS. No hay ninguna carpeta en el Poder Ejecutivo para terminar con aquel gravamen transitorio.

“Llevamos 10 años esperando que el Gobierno de turno encare de verdad la solución de esos problemas. La macro requiere de soluciones macro y no de intervenciones micro regulatorias. Y si no se atacan esos desequilibrios y solo se apela a intervenciones de corto plazo, éstas se vuelven cada vez más costosas y menos efectivas -apunta Secco-. Las políticas de precios e ingresos y los controles de capitales nunca son un sustituto sino a lo sumo un complemento de políticas fiscales y monetarias austeras y consistentes”.

“El cepo super recontra reforzado de hoy es una mochila de plomo para toda la economía. Es probablemente cierto que sin este cepo el Banco Central ya se habría quedado sin reservas, pero eso no le otorga al cepo un certificado de validez como instrumento virtuoso de política económica. Además el goteo de reservas ha continuado a partir de todos los esfuerzos para apretar cada vez más las canillas. A pesar de los ingresos récord de agro-dólares y de que no hubo que usar reservas para pagar los vencimientos recientes con el Fondo Monetario (porque se utilizaron los DEG recibidos del organismo) las reservas netas son sólo del orden de los US$3000 millones, menos de un tercio de las que había cuando asumió el presidente Alberto Fernández”, analizó.

Un repaso elocuente

María Castiglioni Cotter, economista de C&T Asesores económicos, aporta varios indicadores que sirven para entender el resultado de una de las pocas políticas que se han mantenido prácticamente a lo largo de una década. “El riesgo país rondaba los 800 puntos básicos en 2011 antes del cepo, y ya mostraba subas, ante el conflicto con los holdouts que no estaba resolviéndose. Una vez impuesto el cepo, el riesgo país aumentó y promedió hasta la fecha 1000 puntos básicos. La reducción del riesgo país con la salida del default en 2016 permitió niveles más bajos de tasas, pero entre las PASO 2019 y el presente, el riesgo país promedia 1960 puntos” explica la economista.

Hay más. Para quienes no lo recuerdan, antes de octubre de 2011 no había tantos tipos de dólares ni tampoco brecha cambiaria. “La diferencia entre el dólar informal y el oficial surgió a partir del cepo. A fines de 2011 ya era de 9%, y entre 2011 y 2015, promedió 42%. Desde fines de 2019 a la fecha la brecha ya promedia un 70%, con niveles de más de 90% en la actualidad” , repasa.

Esto, claro está, tiene un correlato en un deterioro del balance del Banco Central, es decir, en una la caída de la relación entre las reservas internacionales y los pasivos de la entidad.

Finalmente, la inflación, una de las variables que intentaron contener con el cepo, pasó de un promedio de 24% en 2011 a 50% anual en 2021. Entre 2011 y 2015, el promedio anual fue de 28% mientras que entre 2019 y 2021 promedió 47,9%, anota Castiglioni Cotter.

Justamente, por estos días, la suba de los precios de los alimentos, que se refleja en los relevamientos que realiza en Indec, volvieron con toda la fuerza. Los controles de precios se han convertidos en primos hermanos de las restricciones cambiarias. El manual, regresa.

“Desgraciadamente, el cepo cambiario no colaboró en estos 10 años con la inercia inflacionaria local que está generada por un déficit fiscal crónico, financiado por emisión monetaria sin su correspondencia en la producción de bienes y servicios que justifiquen esos pesos en circulación. Con el cepo los precios mayoristas y minoristas siempre han buscado como referencia el dólar paralelo más que el oficial por que en muchos casos la restricción a las importaciones en el acceso al mercado único y libre de cambios genera el uso de dólares como el MEP o liquidación a un precio de dólar mayor. A esto le debemos sumar las expectativas devaluatorias de todo este período”, dijo Damián Di Pace, analista económico y director de la Consultora Focus Market.

Los números que releva son elocuentes. Por caso, aquel paquete yerba que en 2011 tenía un valor de $6,50 ahora ya cotiza a $339 y el aceite de un litro y medio, que tenía una etiqueta de $8,30, pasa por la línea de cajas previo pago de $237. Valores enormes que poco tienen que ver con la una de las finalidades del cepo: contener la inflación.

“Intentó hacerse una protección de la inflación y se creó un shock peor. Yo creo que en las elecciones perdidas por el kirchnerismo en 2013 está el cepo, entre otros motivos. A la clase media, que en un momento votaba esa opción, le molestó mucho”, dice Borenstein. Rapetti pronostica que “habrá cepo por mucho tiempo más”.

Castiglioni Cotter repasa una vez más las consecuencias: “La actividad económica cumple 10 años de estancamiento y lo que es más complejo, un deterioro de las expectativas de los consumidores.

No hay un sólo indicador de estos 10 años que no arroje resultados negativos y es un abstracto encontrar un número que se sostenga en aquella decisión que se tomó en octubre de 2011. Sin embargo, gran parte del elenco que estuvo a cargo de la implementación original está de regreso en los cargos que determinarán el futuro de la economía. En los escritorios se ven manuales sepias. Con solo divisarlos ese tono, gran parte los argentinos corre al verde. Al precio que sea, pero verde.

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