A 30 años de “no llores por mi…” seru giran

Buenos Aires, 3 de marzo (Télam, por Sergio Arboleya). Seru Girán, cuarteto de eximios artistas que logró una síntesis rockera capaz de combinar impacto, belleza y popularidad, concretó tres décadas atrás, los días 6 y 7 de marzo de 1982 en el estadio porteño de Obras, su primer disco en directo con el que marcó el final de una notable trayectoria de cuatro años.

El conjunto integrado por Charly García en teclados y voz, David Lebón en guitarra y voz, Oscar Moro en batería y Pedro Aznar en bajo, logró en esas dos inolvidables noches dar forma al disco “No llores por mí, Argentina”.

Con ese registro, Seru saldó la deuda capaz de dejar registro de lo que la banda era capaz de ofrecer en directo y despedir a Aznar que viajaría a Estados Unidos para estudiar y sumarse al Pat Metheny Group.

El álbum permitió el estreno del tema que dio título a la despedida y una festejada versión de “Popotitos” y se completó con una suerte de grandes éxitos que la banda había plasmado en sus anteriores cuatro placas: “Serú Girán” (1978), “La grasa de las capitales” (1979), “Bicicleta” (1980) y “Peperina” (1981).

“En la vereda del sol”, “Salir de la melancolía”, “Esperando nacer”, “Canción de Alicia en el país”, “Cuánto tiempo más llevará”, “Seminare”, “Mientras miro las nuevas olas”, “Encuentro con el diablo” y “Eiti Leda” completaron el recorrido capaz de exhibir la fuerza, el lirismo y el testimonio de una de las máximas expresiones de la historia del rock argentino.

“No llores por las heridas/que no paran de sangrar/No llores por mí, Argentina/te quiero cada días más”, repite el estribillo de la canción con la que Charly propuso una respuesta irónica al “Don`t Cry for Me Argentina” que Andrew Lloyd Webber y Tim Rice compusieron para el musical “Evita” creado dos años antes.

De la mano de “No llores por mí

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”, Seru -en su tiempo criticado por la cierta frialdad de sus registros discográficos- consiguió empalmar varias de las canciones claves de su inspirado repertorio con el altísimo nivel de sus perfomances en directo.

Formado en 1978 en Brasil después de que García resolviera la conflictiva disolución de La Máquina de Hacer Pájaros, la agrupación fue impulsada por el también ex Sui Generis y Lebón, sumó la potencia de Moro (que venía de trabajar con Charly en La Máquina) y catapultó al jovencísimo y talentoso Aznar.

En la ciudad de San Pablo, los cuatro compusieron más de 15 temas y escogieron los que serían parte del álbum debut con el nombre de la banda que completó su grabación en Los Angeles para ofrecer canciones como “Eiti Leda”, “El mendigo en el andén”, “Separata”, “Seminare”, “Voy a mil” y “Cosmigonón”.

El registro, que incluyó la presencia de una orquesta de 24 integrantes en algunas piezas, encontró resistencias en la crítica y el público, pero ese rechazó no menguó la decisión estética de los creadores que doblaron la apuesta con “La grasa de las capitales", publicado en 1979.

Con una mayor dosis de rock que, sin embargo, no eliminó la búsqueda por conformar un entramado con referencias jazzeras y un cuidado trabajo vocal, la insistencia tuvo su premio y obras como “Noche de perros”, “Viernes 3 AM”, “Los sobrevivientes” y “Perro andaluz” ayudaron a allanar el vínculo entre Seru y el público joven.

La innovación constante y mucho por decir, tocar y cantar se multiplicaron gracias a “Bicicleta”, que en 1980 irrumpió con un cancionero bellísmo en que destacaron “A los jóvenes de ayer”, “Cuánto tiempo más llevará”, “Canción de Alicia en el país”, “Mientras miro las nuevas olas”, “Desarma y sangra” y “Encuentro con el diablo”.

En ese tránsito sobre ruedas, la banda presentó el disco los días 6 y 7 de junio en Obras inaugurando la puesta en escena en los conciertos de rock (gracias al aporte de Renata Schussheim, vieja amiga de Charly) y dando inicio a una serie de grandes shows.

En agosto, Seru se presentó en el Monterrey Jazz Festival en Río de Janeiro y su actuación mereció elogios generalizados del público y de otros colegas como John McLaughlin, Hermeto Pascoal, Egberto Gismonti, los Weather Report y, básicamente, Pat Metheny quien se fascinó con Aznar.

A mediados de septiembre, la banda quiso marcar otro hito al coordinar con Spinetta Jade la realización de un par de recitales con ambas formaciones compartiendo simultáneamente el escenario y cerró el año a lo grande convocando, el 30 de diciembre en La Rural, a 60.000 espectadores.

1981 trajo “Peperina”, un trabajo que completó el amasado concepto musical y estilístico de la agrupación y en donde brillaron composiciones que pasaron a integrar la galería de obras cumbre del rock local como la que da título al disco, “Llorando en el espejo”, “Esperando nacer”, “Cinema verité”, “En la vereda del sol” y “Salir de la melancolía”.

La partida de Aznar apuró el final de un proyecto que dotó al rock argentino de una propuesta que al amparo del talento de sus miembros logró multiplicar la cantidad de adeptos del género en el país y que mostró que una banda local era capaz de asomarse a las grande ligas internacionales.

Un García lúcido y filoso, las dotes melodistas de Lebón, la arrolladora precisión de Moro y el hallazgo virtuoso de Aznar confluyeron en un conjunto irrepetible que sembró un mojón dentro de las músicas populares creadas en esta parte del mundo.

El par de conciertos del que se cumplirán 30 años en pocos días fueron el testimonio final de una experiencia que no mereció la vuelta meramente comercial que los cuatro encararon en 1992 con varios megashows en los estadios de Rosario Central, Córdoba y Monumental y la publicación de dos cd`s sin mayor trascendencia.(Télam)

sa-rl 03/03/2012 13:48

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