10 experiencias viajeras que son éticamente cuestionables

Crédito: gushchin24

Por: Debbie Gonzalez Canada

1. Visitar museos con restos humanos expuestos.

El mundo de los museos tiene varios temas controversiales: cuánto exhiben versus cuánto preservan, si se exhibe material que fue obtenido de manera extractiva de las comunidades originales (en procesos de colonialismo), y también el mostrar restos humanos en sus vitrinas. Me concentraré en esto último.

 

Existe un movimiento que cuestiona la legitimidad de los museos de mostrar a humanos en vitrinas (como si fueran objetos de estudio), especialmente en los casos en los que los restos humanos fueron hallados en sitios sagrados y forman parte del acervo cultural / espiritual de una comunidad. Las momias, por ejemplo, ¿pertenecen a la vitrina?Como visitantes, podemos elegir hacer varias cosas. Podemos no visitar museos que no respetan a los “otros” -otras comunidades, distintas de la cultura que posee al museo-. También podemos dejar comentarios críticos en libros de visitas y redes sociales, pidiendo que por lo menos el museo reflexione sobre lo que exhibe de manera autocrítica, dando cuenta de los procesos de poder que llevan a un objeto a formar parte de una colección. Y podemos premiar con felicitaciones (también en libros de visitas y redes sociales) a los museos que si respetan y se muestran reflexivos sobre todo esto.

2. Usar AirBNB.

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AirBNB es una de las empresas de alojamiento más grandes del mundo, sin poseer hoteles. Es, de hecho, una plataforma en la que se anuncian y se gestionan alquileres temporales de casas, departamentos, habitaciones, camas, y hasta castillos. Muchos viajeros nos alegramos por la posibilidad de poder alquilar una habitación privada con baño privado en muchas ciudades del mundo, por el mismo precio que costaría una cama en una habitación compartida en un hostel. Sin embargo, AirBNB tiene su cuota de controversias, y los viajeros deberíamos como mínimo tomar decisiones informadas sobre el efecto que nuestro alojamiento tiene en las comunidades.

La plataforma es cuestionada por colaborar con los procesos de gentrificación de las ciudades, así como por operar sin estar regulada ni pagar impuestos localmente. Esto de la “gentrificación” es un proceso de transformación de un espacio urbano, que provoca un aumento de los alquileres y termina expulsando a los residentes tradicionales del barrio. Estas personas suelen tener que mudarse a la periferia, o a otros barrios degradados, mientras que el espacio urbano transformado es ocupado por personas con mayor poder económico o por turistas.

 

En la turística Barcelona, por ejemplo, varias agrupaciones -incluyendo a la alcaldesa- están en contra de AirBNB, por el efecto de suba de precios de alquileres, los cambios de hábitos que genera el alquiler de departamentos y casas a turistas en barrios que solían ser exclusivamente residenciales, y el hecho de que los alojamientos realizados por AirBNB no siempre pagan los impuestos y tasas que corresponden.

3. Usar UBER.

Al igual que AirBNB, UBER genera controversias y batallas legales en muchos de los sitios en donde opera. Una de las estrategias de posicionamiento de UBER es que ayuda a descongestionar las ciudades y evitar el uso de autos privados con solo un pasajero:

Sin embargo, la evidencia científica no es concluyente al respecto. Algunos estudios han sugerido que el tráfico puede incluso aumentar, con muchos conductores de UBER circulando por las calles en busca de pasajeros.

Muchas veces, los taxistas más tradicionales están en contra de la plataforma, ya que UBER modifica las condiciones del mercado laboral en el rubro, las formas de pago por el servicio (especialmente en mercados en los que la tarifa está regulada, y donde se utiliza mucho el pago en efectivo), y las formas de “demanda” del transporte. Sobre esto último, les recomiendo este texto sobre la mafia de los taxis en Buenos Aires, y cómo se evidencia al mapear los viajes solicitados por plataformas digitales.

Otras veces, son los gobiernos los que entienden que UBER no opera en el marco legal correspondiente. Una de las noticias más importantes del último tiempo es que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sentenció que Uber es una empresa de transporte y no una plataforma digital, por lo que las autoridades nacionales pueden exigirle licencias como las que se les requieren a los profesionales del taxi.

También se ha vuelto famoso el caso de Londres, que revocó la licencia de UBER para operar en la ciudad. El enfrentamiento entre la agencia de transporte de Londres y UBER, por ejemplo, podría tomar años en dirimirse. Mientras tanto, UBER reconoce algunos “problemitas”, como por ejemplo, la necesidad de que los choferes de UBER descansen, y los auto-regula para tratar de mejorar su reputación.

¿Usas UBER? ¿Alguna vez te preguntaste si usar UBER es legal en donde vas de visita? ¿O si los conductores de UBER están en mejores condiciones laborales o no que los taxistas?

4. Ir de voluntario a una zona con problemas de pobreza y salud… sin hacerte antes estas preguntas.

 

Tomo estos excelentes interrogantes del artículo titulado “Queridos voluntarios: no vengan a África hasta no haber respondido estas cuatro preguntas”. Y las preguntas son:

1. ¿Te irías de voluntario-turista a ese destino… si no tuvieras cámaras de fotos contigo para retratar la experiencia?

2. La institución en la que participarás como voluntario, ¿tiene las mismas intenciones y valores que tú?

3. ¿Estarás haciendo más mal que bien?

4. Ese trabajo que piensas hacer como voluntario, ¿te sentirías calificado para hacerlo en tu propio país? Es decir, si estás planeando ir a hacer escuelas al extranjero, ¿te sentirías capacitado para levantar la pared de tu propia casa?

Ya sabes… el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.


5. Visitar comunidades que consideramos “exóticas”.

Muchas veces viajamos para salir de lo viejo conocido y explorar nuevos mundos: nuevos paisajes, nuevas perspectivas o formas de ver las cosas, nuevas personas. El límite entre querer conocer lo que es exótico para nosotros, y cosificar a lo exótico es extremadamente delgado. Como turistas demandamos “experiencias auténticas”, mientras que al mismo tiempo, esas prácticas auténticas de ciertos grupos terminan acartonadas, volviéndose un paquete turístico justamente por la demanda comercial de las mismas: un baile de tango, un ritual chamánico, un carnaval. Las hordas de turistas de las que formamos parte tienen un efecto cultural sobre las comunidades visitadas, más allá del impacto económico y ambiental. Los grupos visitados pueden terminar sintiéndose como animales exhibidos en un zoológico…

Como visitantes, lo que podemos hacer es siempre procurar respetar al “otro” y llegar a su lugar de residencia con la misma amabilidad y humildad que la de un huésped en la casa particular de un completo extraño. Eso implica actitudes como pedir permiso antes de tocar algo o tomar una foto, actuar según las reglas del lugar, y también considerar muy bien si los locales QUIEREN ser visitados.

Para seguir reflexionando, les recomiendo este documental llamado “Kayan: más allá de los anillos”, que justamente plantea cómo se siente la comunidad de mujeres Kayan ante los turistas que las visitan para observar su práctica de usar muchos anillos en su cuello. También es interesante tomarse 13 minutos para este otro documental sobre una artista de tatuajes rituales de Buscalan, provincia de Kalinga, Filipinas, que muchos viajeros van a buscar para obtener tatuajes que antes se hacían exclusivamente a los guerreros.

6. Tomar ayahuasca o peyote por motivos que no sean la búsqueda espiritual.

Hablando de no respetar prácticas sagradas, llegamos al tema de la utilización de peyote o ayahuasca con fines recreativos. Las tradiciones de muchos pueblos alrededor del mundo incluyen el uso de ciertas plantas alucinógenas para conectar el mundo terrenal con los espíritus, en momentos claves de la vida de una persona. Para algunos de estos pueblos, tomar plantas alucinógenas sin considerar su función sagrada es una falta de respeto.

 

Este es solo un ejemplo de algo que actualmente se discute mucho: la responsabilidad que tenemos al participar de prácticas que implican apropiación cultural. Aunque no voy a explayarme sobre el tema, apropiarse culturalmente de algo es reducir a una moda o a un juguete exótico a ciertos elementos y prácticas significativos de una cultura, de manera que el significado original se pierde o distorsiona, y las personas de la cultura de origen se ven afectadas o consideran al acto como una falta de respeto.

 

7. Realizar visitas a villas miserias / barrios carenciados / favelas / slums.


Como parte de ver aquello que nos resulta novedoso y diferente, algunos viajeros eligen ir a zonas de extrema pobreza en los países que visitan. La discusión sobre esta práctica conocida como “turismo de la pobreza” está lejos de ser saldada. No hay una única respuesta a si se trata de educación, fetichismo, morbo o simple curiosidad. La recomendación de algunas organizaciones de turismo ético es que si deseas visitar un sitio así, lo hagas con un operador de turismo que forme parte de la comunidad o cuente con la aprobación de la misma, y que done parte de sus ganancias a la comunidad visitada.

8. Nadar con delfines.

Nadar con delfines en cautiverio está descartado. Son animales salvajes, no deberían estar encerrados.


En algunos sitios, sin embargo, es posible compartir el agua con delfines en condición de libertad, es decir, con delfines salvajes. Tuve la suerte de experimentar esto en el oeste de Australia, y fue una de las cosas más maravillosas que viví en la vida.

Lo importante es no afectar su bienestar: no intentar tocarlos, y sobre todo no alimentarlos. Alimentarlos hace que se acostumbren a recibir comida de humanos y dejen de cazar. Si las madres delfines dejan de cazar, sus hijos no aprenden a hacerlo y pueden llegar a morir de hambre. Ergo: ¡no alimentes a los delfines!

9. Regatear insistentemente en mercados artesanales.

En algunas culturas es común regatear, es decir, negociar el precio por el producto que se desea adquirir. Algunos viajeros se dejan llevar por su competitividad y su deseo de ganar, y llevan el regateo de precios al extremo, buscando pagar bienes extremadamente baratos.


No digo que te dejes engañar y pagues una fortuna por algo que no lo vale, pero en los casos de los artesanos especialmente, valorar sus creaciones no solo implica desear comprarlas, sino también, pagar por ellas. Piensa: ¿cuánto tiempo han invertido en hacer ese producto? ¿Y cuánto cuesta un plato de comida en ese sitio? ¿Cuántos platos de comida vale el tiempo de la otra persona, su creatividad y su trabajo?

10. ¡¡Tomar muchos aviones!!

 


Es momento de que los viajeros dejemos de hacer la vista gorda sobre nuestra responsabilidad en el cambio climático.

Las cifras son enormes: más de 8 millones de personas toman vuelos diariamente. Desde el año 1990 hasta la fecha, las emisiones de CO2 de vuelos internacionales han aumentado un 83%, mientras que no han aumentado los impuestos que se pagan por el daño ambiental ocasionado. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en inglés) ha estimado que la aviación contribuye en un 3,5% al cambio climático, y el porcentaje va en aumento.

Viajar por avión contribuye mucho más al cambio climático que otras formas de transporte. El siguiente gráfico, realizado por la Agencia Ambiental Europea en 2014, muestra la cantidad de gramos de dióxido de carbono que generan las distintas formas de transporte, medido por kilómetro por pasajero. ¡¡Los aviones emiten 20 veces más que los trenes!!

¡Cómo admiro a aquellos con el tiempo y la voluntad para recorrer América Latina en bicicleta!

Sin llegar a ese hermoso extremo ambientalista y de viaje lento, hay acciones concretas que podemos tomar, como elegir ir en tren, en automóvil (compartido con otras 3 personas) o en bus en viajes domésticos. También podemos donar dinero a esfuerzos de forestación. Cuando finalmente se creen los impuestos por el daño ambiental… pues no deberíamos quejarnos. Y no descartaría el privilegiar recorrer más destinos locales, en vez de idealizar vacaciones de dos semanas en lugares exóticos al otro lado del mundo. Hay sitios paradisíacos en todos los países.

NOTA: este artículo refiere a prácticas éticamente cuestionables, dejando de lado aquellas otras actividades que considero absolutamente despreciables. Debería ser un NO absoluto:

  • Sacarse fotos con animales salvajes que se mantienen dopados para la seguridad del turista, tales como tigres.
  • Montar un elefante.
  • Ir a zoológicos que no hayan replanteado seriamente las condiciones necesarias para el bienestar de los animales que allí viven.
  • Comprar “recuerdos” que son claramente robados del patrimonio natural o cultural del sitio visitado (o de sitios lejanos), tales como fragmentos de coral, mariposas, piedras petrificadas, restos arqueológicos, etc.
  • Dar de comer a cualquier animal salvaje en reservas naturales.
  • Comprar animales exóticos, o partes de animales exóticos.
  • Ir de caza recreativa.
  • No respetar las costumbres de los sitios que se visitan. Esto incluye pero no se limita a hacer ruido en un templo, tocarle la cabeza a una persona en sitios donde eso es una falta de respeto, y tomarle fotos a comunidades que no quieren ser fotografiadas.
  • Hacer fuego y acampar en lugares prohibidos, o dejar basura en reservas naturales.

 

 

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