Los 2100 millones de dólares para ayudar a los trabajadores sin estatus legal es una señal del cambio progresivo en Nueva York

Annie Correal y Luis Ferré-Sadurní
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Trabajadores se reúnen afuera de la oficina de Manhattan del gobernador Andrew Cuomo para rezar una oración de Pascua y realizar un mitin el domingo 4 de abril de 2021, en la víspera de la votación para el presupuesto en Albany. (Desiree Rios/The New York Times).
Trabajadores se reúnen afuera de la oficina de Manhattan del gobernador Andrew Cuomo para rezar una oración de Pascua y realizar un mitin el domingo 4 de abril de 2021, en la víspera de la votación para el presupuesto en Albany. (Desiree Rios/The New York Times).

Hace un año, cuando el coronavirus llegó a la ciudad de Nueva York, azotó con furia enclaves de inmigrantes que no tenían estatus legal: mató a miles de personas y acabó con los empleos en los sectores de servicio y construcción que mantenían a flote a muchas familias.

Los salvavidas como el seguro de desempleo y los cheques de estímulos federales fueron inalcanzables porque la gente que entró de manera ilegal a Estados Unidos es inelegible para la mayoría de la ayuda gubernamental. En cambio, han dependido de despensas de comida, arrendadores indulgentes y préstamos de amigos.

Sin embargo, después de que esta semana los legisladores realizaron una maniobra de gran envergadura, Nueva York ahora ofrecerá pagos únicos de hasta 15.600 dólares para aquellos inmigrantes que hayan perdido su trabajo durante la pandemia. El esfuerzo —un fondo de 2100 millones de dólares del presupuesto estatal— es por mucho el más grande de su tipo en el país y una señal del giro que está dando el estado hacia las políticas que defienden los demócratas progresistas.

“He conocido a vecinos que no han podido pagar la renta, poner comida en la mesa o conseguirles una computadora portátil a sus hijos cuando una escuela pública no ha podido darles una”, comentó la senadora estatal Jessica Ramos, demócrata por Queens, una de las principales promotoras del fondo.

El fondo para los trabajadores excluidos, parte del acuerdo al que se llegó el martes para el nuevo presupuesto estatal de 212.000 millones de dólares, fue uno de los puntos más polémicos de debate durante las negociaciones, las cuales se prolongaron más allá de la fecha límite del 1.° de abril.

De inmediato, los republicanos tacharon la medida de utópica en un momento en el que muchos neoyorquinos siguen en aprietos, mientras que algunos demócratas de distritos pendulares al norte del estado y en Long Island dijeron en privado que un programa de rescate financiado con fondos públicos para la gente que no está en el país de manera legal podría blandirse como un garrote en contra de ellos en futuras elecciones.

“La cuestión no es si se debe ayudar a estos trabajadores, sino cómo hacerlo y cómo estructurar la ayuda de una manera que sea defendible en estos distritos”, opinó Bruce Gyory, consultor político demócrata. Según Gyory, los trabajadores brindaron un argumento convincente al asegurar que los había devastado la pandemia, pero algunos votantes rurales y urbanos podrían considerar que los pagos son un beneficio caro, e injusto, para personas que no son ciudadanas.

Trabajadores detienen el tráfico en el puente de Brooklyn, el 6 de marzo de 2021, con la esperanza de atraer atención a la pésima situación de los indocumentados y otros trabajadores excluidos durante la pandemia. (Jose A. Alvarado Jr./The New York Times).
Trabajadores detienen el tráfico en el puente de Brooklyn, el 6 de marzo de 2021, con la esperanza de atraer atención a la pésima situación de los indocumentados y otros trabajadores excluidos durante la pandemia. (Jose A. Alvarado Jr./The New York Times).

La mayoría de los demócratas no habló en público sobre las fisuras de su partido, pero el martes surgieron choques internos en redes sociales donde los legisladores riñeron en torno a la elegibilidad e intercambiaron insultos personales.

El fondo de Nueva York empequeñece a un programa de ayuda similar que se promulgó en California, donde el año pasado las autoridades establecieron un programa de ayuda en efectivo de 75 millones de dólares que les dio un pago único de 500 dólares por orden de llegada a los migrantes sin estatus legal.

Es difícil saber cuántas familias de ese tipo viven en Nueva York, pero el miércoles el Instituto de Política Fiscal, una organización de tendencia izquierdista, señaló que el fondo podía beneficiar hasta 290.000 personas a nivel estatal.

Los trabajadores que estén en el país de manera ilegal podrían recibir hasta 15.600 dólares, el equivalente a 300 dólares por semana durante el último año, si pueden comprobar que fueron residentes del estado, que no cumplían los requisitos para obtener los beneficios federales de desempleo y que perdieron ingresos como resultado de la pandemia.

Otras personas que puedan demostrar al menos su residencia e identidad, y presenten documentos de trabajo, podrían ser elegibles para una suma menor de hasta 3200 dólares.

La propuesta encontró apoyo en el Senado y la Asamblea del estado controlados por los demócratas, en especial entre los progresistas que habían defendido la ayuda durante más de un año. En los meses previos a la fecha límite de deliberación sobre el presupuesto, los inmigrantes que vivían en el estado de manera ilegal buscaron atraer atención a su causa.

Con cascos, ollas y sartenes, escobas y trapeadores —los instrumentos de los trabajos que realizaban— junto con pancartas que decían: “Nuestro trabajo salvó vidas”, los manifestantes se reunieron afuera de la oficina del gobernador Andrew Cuomo y cerraron puentes. Además, cuando la medida estaba a punto de ser aprobada, más o menos una docena de simpatizantes que acampaban alrededor de una iglesia de Manhattan protagonizaron una huelga de hambre de tres semanas que terminó el miércoles.

Durante el fin de semana, con la materialización de un acuerdo en torno al fondo, llegaron las denuncias enérgicas de los republicanos del estado, quienes lo describieron como el “acontecimiento extravagante” más reciente de un gobierno unipartidista en Albany. El estado también aprobó aumentos a los impuestos de los ricos, es decir que los millonarios de la ciudad de Nueva York pronto tendrán que pagar los impuestos personales sobre la renta más altos de la nación.

“Los demócratas están subiendo los impuestos y usando los dólares de estímulos federales para promulgar una agenda radical en vez de ayudar a los veteranos, las pequeñas empresas, los maestros y los ciudadanos de la tercera edad”, comentó Rob Ortt, el líder republicano de la minoría en el Senado estatal.

Sin embargo, los partidarios de los demócratas dijeron que el esfuerzo era un imperativo moral y mencionaron que hubo una ayuda considerable para los pequeños negocios en el presupuesto estatal de este año —1000 millones de dólares en subsidios y créditos fiscales—, además del dinero de estímulos que ha llegado desde Washington.

“Negarles los beneficios a los trabajadores excluidos después de que dependimos de ellos a lo largo de este año históricamente difícil sería inmoral e injusto”, opinó Michael Gianaris, demócrata y líder adjunto de la mayoría en el Senado.

Las advertencias de una reacción negativa entre los votantes evocaron las que ocurrieron después de la aprobación de una ley estatal que permitió que los inmigrantes sin un estatus legal solicitaran licencias para conducir, un tema que algunos republicanos enfatizaron en campañas el año pasado. No pareció haber una respuesta perjudicial de los votantes —de hecho, los demócratas expandieron sus mayorías—, pero la ley de las licencias para conducir no tenía un costo de 2000 millones de dólares.

“Esa cifra va a resonar con la gente que pensará: ‘Vaya, batallé a lo largo de toda la pandemia, seguí todas las reglas, pagué impuestos e hice todo lo que se suponía que debía hacer’”, comentó William Barclay, líder republicano de la minoría en la Asamblea del estado.

El miércoles, Cuomo elogió la aprobación del fondo, pero con un tono escéptico, pues dijo que era “una preocupación importante” que el fondo pudiera ser susceptible de fraudes, aunque no dio más detalles.

Cuomo —cuyo poder político se ha debilitado en medio de investigaciones por el manejo que hizo de los asilos de ancianos durante la pandemia y varias acusaciones de acoso sexual— no pudo persuadir a los legisladores de que incluyeran requisitos más estrictos a la elegibilidad.

Después de que se llegó al acuerdo, en entrevistas, los trabajadores sin un estatus legal describieron los meses de desesperación que padecieron conforme se acababa el trabajo durante la pandemia.

“Hubo días en los que no podía dormir. Si te soy sincera, no teníamos nada”, comentó Giovanna Carreño, una mujer que hace la limpieza de casas y había mantenido a sus dos hijos en Yonkers durante más de una década antes de que llegara el coronavirus y sus seis clientes le dijeran que se quedara en casa. Este año, Carreño, de 50 años, quien migró de Perú, volvió a trabajar unos días a la semana, tan solo para enfermarse de COVID.

Carreño mencionó que pagaba impuestos y pedía que el gobierno reconociera las contribuciones de ella y otros trabajadores a la economía.

Agrupaciones que apoyan a la gente sin estatus legal mencionaron que planean asegurarse de que no se ignore a los trabajadores excluidos que sobreviven con un mosaico de empleos, reciben pagos en efectivo o debajo de la mesa y no pueden proporcionar con facilidad una prueba de empleo.

Un trabajador del sector de la construcción al norte del estado de Nueva York que perdió su empleo después de que llegó la pandemia y fue obligado a depender de amigos comentó que el anuncio del acuerdo fue emotivo.

“Somos sobrevivientes del virus y solo estamos aquí porque otras personas nos ayudaron”, admitió el trabajador, un padre de tres que llegó desde Honduras y pidió ser identificado solo por su nombre de pila, Nelson, debido a su estatus migratorio.

Nelson aún no tiene un empleo estable, pero planea reunir los documentos para solicitar asistencia, con el fin de comenzar a saldar sus deudas con sus amigos, comentó.

“Para mí y para todos los demás, es una victoria inmensa”, señaló.

This article originally appeared in The New York Times.

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