Tenía 118 años: murió la Hermana André, la monja francesa que era la persona más longeva del mundo

La Hermana André dio positivo en su casa de retiro, en Toulon, y dijo que "no estaba asustada porque no tenía miedo de morir"
La Hermana André había dio positivo de Covid cuando tenía 117 años y superó la enfermedad - Créditos: @Gérard Julien, AFP

La persona más anciana del mundo, Lucile Randon, conocida como Hermana André, murió a los 118 años, informó hoy su vocero.

Randon, una monja francesa, había nacido en el sur del país europeo el 11 de febrero de 1904, según informó la agencia AFP. “Falleció a las 2 de la mañana”, precisó el funcionario al dar parte del deceso a la agencia francesa.

La Hermana André se había convertido en la persona viva más longeva en abril del año pasado, cuando murió, a los 119 años y 107 días, la japonesa Kane Tanaka.

Tras la muerte de Randon, desde hoy, la persona más longeva del mundo pasó a ser la española María Branyas Morera, que tiene 115 años y 316 días, ya que nació el 4 de marzo de 1907.

Hace casi dos años, a punto de cumplir los 117 años, la Hermana André contrajo coronavirus Covid-19 y sobrevivió al virus que mató a más de 6 millones de personas en todo el mundo, según cifras oficiales de la Organización Mundial de la Salud.

El título de persona más anciana del mundo no es atribuido por ningún organismo oficial, pero los especialistas concordaban en que la religiosa era la persona de mayor edad de la que se podía verificar el estado civil.

El libro Guiness de los Récords le confirió ese rango el 25 de abril de 2022, tras el fallecimiento, a los 119 años, de la japonesa Kane Tanaka.

Sor André, en el último tramo de su vida ciega y en silla de ruedas, no escondía desde hacía algunos años cierto cansancio y confesaba que su deseo era “morir pronto”.

Pero “Dios no me escucha, debe estar sordo”, dijo la mujer en una larga entrevista con la AFP en febrero del año pasado.

Nacida en el seno de una familia protestante no practicante, la religiosa tomó los hábitos tardíamente, en la congregación de las Hijas de la Caridad, y trabajó hasta finales de los años 1970.

Pero luego siguió ocupándose de otros jubilados, más jóvenes que ella.

“Se dice que el trabajo mata, pero a mí es el trabajo el que me hace vivir, pues trabajé hasta los 108 años”, dijo en aquella ocasión la religiosa.