A 107 años del genocidio armenio: el Monte Ararat, el lugar que simboliza la lucha y donde encalló el arca de Noé

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El monte Ararat puede ser contemplado desde casi toda Armenia
El monte Ararat puede ser contemplado desde casi toda Armenia

Es el símbolo del pueblo armenio, aunque hoy se encuentra dentro del territorio de Turquía. Se dice que allí descansó el Arca de Noé y por eso es venerado por varios credos. El Monte Ararat es una conjunción de dos picos, uno más alto que el otro, con un volcán inactivo y las nieves eternas bendiciéndolo.

Cada 24 de abril, los armenios redoblan la nostalgia y el orgullo por aquella colosal prominencia geográfica que connota con el recuerdo del destierro y la lucha. Cada 24 de abril, los tres millones de armenios que viven en Armenia y los diez millones esparcidos por el mundo en diáspora, se recogen ante el dolor de aquella usurpación de ese genocidio perpetrado por el Estado truco entre 1915 y 1923 y que aún permanece impune.

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El Monte Ararat estaba en el territorio de la Armenia Histórica, enraizando tradiciones, leyendas, religiosidad y sentido de pertenencia soberana. Hoy se lo puede ver desde prácticamente toda Armenia, aunque el mapeo injusto de las arbitrariedades lo emplace en territorio turco.

Cuando los armenios, cada fin de semana salen a caminar por las callecitas de Erevan, la renovada y pujante capital del país, buscan aquel ángulo que les devuelva la imagen imponente del Ararat, ese monte que lo vigía todo del otro lado de la frontera. Los armenios detienen su andar para reverenciarlo y prometerle la defensa de la identidad.

Vista de la ciudad de Yerevan, con el Monte de Ararat de fondo
iStock


Vista de la ciudad de Yerevan, con el Monte de Ararat de fondo ( iStock/)

En el oriente de Turquía, muy cerca de la frontera con Armenia, se emplaza el Ararat con su altura máxima de 5137 metros sobre el nivel del mar. En este día de conmemoración del dolor, la comunidad armenia recuerda aquel genocidio criminal, como lo son todos los genocidios, y recupera en la memoria tradiciones jamás olvidadas, sabores de especias sobrevolándolo todo y, sobre todo, remarca el luto por quienes ya no están. La reverencia a ese monte que todo lo ve, lugar sagrado para los armenios, simboliza la usurpación y destierro.

Armenia Histórica

El territorio armenio era extenso y hasta contaba con salida al mar. La Armenia Histórica tenía una extensión de 300.000 km², pero hoy apenas queda solo un diez por ciento de ese territorio, luego de una historia que no solo incluyó el Genocidio, sino también la dependencia con la Unión Soviética.

Los jóvenes turcos en el Imperio Otomano buscaron exterminar a los armenios por el solo hecho de ser armenios. Un millón y medio fueron deportados y asesinados. Aquella masacre impulsó una diáspora descomunal cuyas resonancias llegan a la actualidad.

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El Monte Ararat fue testigo de cada uno de los acontecimientos políticos, militares, sociales y culturales de ese territorio diezmado que está a tan solo 40 kilómetros.

Resonancias bíblicas

Por su amplia base, el Monte Ararat es un lugar atípico. Su contextura inusual lo convirtió en un sitio de geografía particular. Fue esa configuración la que generó mil y un historias, mitos y leyendas, pero el relato bíblico fue el acontecimiento histórico más relevante.

Se dice que Dios desató el diluvio universal como una forma de limpieza de la tierra de las malas conductas, la desidia y la corrupción. Así fue como le indicó a Noé que diseñara un arca para preservar allí a una pareja de cada una de las especies animales, vegetales y a su propia familia. Cuando las aguas del colosal diluvio se retiraron, el arca habría asomado desde lo alto del Monte Ararat.

Como dentro del arca se refugiaron machos y hembras de cada especie animal, y las variedades de vegetales existentes, eso permitió que luego del diluvio se volviera a repoblar la tierra.

Sobre la veracidad de aquella contingencia climática y de la existencia del arca existen voces encontradas. Si bien cada tanto aparecen grupos de arqueólogos e investigadores que reconocen indicios materiales, lo cierto es que se cree que la historia del Arca de Noé se difundió a través de la tradición oral. También existen voces que indican que existió aquel diluvio y que, dada la envergadura del mismo, fue atribuido a Dios. Las principales religiones, desde el universo judeocristiano hasta la cultura musulmana, refieren a Noé y a su arca.

Se instalaron réplicas de la nave encallada en busca de decodificar aquellos acontecimientos enigmáticos. En un arduo trabajo de recopilación, se intentó reproducir la disposición interna del arca de madera buscando descifrar la distribución de los animales dentro de la misma.

Más allá de las creencias y las resonancias bíblicas, lo cierto es que la posible existencia del Arca de Noé le otorga al Monte Ararat la trascendencia de un lugar sagrado.

Francisco y el patriarca armenio Karekin II frente al monte Ararat
Francisco y el patriarca armenio Karekin II frente al monte Ararat


El Papa Francisco y el Patriarca armenio Karekin II frente al Monte Ararat

El Monte Ararat figura en sellos postales y en cada uno de los souvenirs que Armenia ofrenda a los turistas que la visitan. También hay obras de teatro que trascendieron las fronteras del país como El Ararat y yo, la pieza que se dio en el Teatro Tadron de Buenos Aires durante varias temporadas. Fue dirigida por la directora Herminia Jensezián, una de las intelectuales más comprometidas con la causa armenia, e interpretada por Jorge Ducca y por Kalusd Jensezián, el notable actor armenio de la diáspora. En la música y en las artes plásticas también está presente el Monte Ararat, donde deja huella y significancias mirando al futuro y hace memoria.

Erevan es una ciudad que se occidentalizó en varios aspectos, pero no perdió la reverencia a sus tradiciones. Con sus edificios de baja altura color ocre, la Ópera circular de bellísima arquitectura y aquel Memorial Tsitsernakaberd, el lugar de las golondrinas que recuerda a los muertos y mantiene su llama eterna encendida apuntando al cielo sobre una colina, Erevan no olvida a sus antepasados. Desde allí también se ve el Monte Ararat, el símbolo de un pueblo diezmado que se fortaleció en su identidad.

Cada 24 de abril se confirma una lucha, se redobla la memoria y se repudia aquel Genocidio aún sangrante. También, cada 24 de abril, el Monte Ararat ve enaltecer su valor simbólico. Allí está el monte de Noé velando por los armenios, aunque hoy esté ubicado en Turquía.

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