10.000 muertos, más de 5 millones de personas sin hogar... Tokio se prepara para el terremoto del siglo

Japón es un país acostumbrado a desastres naturales. Aún está reciente en la memoria el potente seísmo de magnitud 9 que se produjo en la costa noreste del país en 2011 y que provocó un violento tsunami que causó el accidente nuclear de Fukushima. Más atrás en el tiempo el terremoto de 1923, que dejó más de 100.000 muertos y heridos en Tokio y una gran cantidad de edificios derribados.

La ubicación geográfica del país (con dos placas oceánicas haciendo presión y sobre una formación geológica muy inestable) invita a no pensar en si se producirá un nuevo movimiento sísmico, sino en cuando tendrá lugar.

Residentes de Tokio hacen pruebas sobre cómo reaccionar ante los terremotos (REUTERS/Yuya Shino).

Tal y como cuenta The Guardian, todos los expertos señalan que se va a producir un gran terremoto que va a afectar a la capital en este siglo. La probabilidad de que uno que supere la magnitud 7 ocurra antes del 2050 es de un 70%. Una situación que supondría la mayor tragedia desde la II Guerra Mundial y que las estimaciones oficiales cifran en unos 10.000 muertos, 150.000 heridos, más de 3,3 millones de evacuados, 5,2 millones de personas sin hogar y más de 300.000 edificios destruidos.

El panorama desde luego no parece halagüeño, ya que una tragedia de esas características devastaría completamente cualquier ciudad del mundo, pero Tokio lleva ya muchos años preparándose para paliar los efectos de esta. La capital japonesa es una de las grandes ciudades tecnológicas del planeta y sus autoridades dedican tiempo y esfuerzo en evitar que el temido seísmo borre del mapa la urbe.

Sus rascacielos, pioneros en el mundo, están diseñados para balancearse cuando se produzca el movimiento de la tierra y no caigan. Los parques cuentan con baños de emergencia ocultos y Tokio dispone de la mayor brigada de bomberos del mundo, personal cualificado y muy entrenado para hacer frente a los incendios que se suelen producir después de cualquier terremoto.

Pese a que todo parece estar preparado para afrontar la situación, hay dos cosas fundamentales que preocupan. La primera es que todavía quedan un gran número de casas tradicionales de madera que podrían propagar con mucha facilidad los fuegos, por lo que se está intentando crear un sistema de cortafuegos que impidan que la tragedia sea mayor.

La segunda es la reacción de la población. Pese a que se intenta concienciar a los ciudadanos sobre cómo actuar ante una situación tan grave, lo cierto es que es difícil que no se formen momentos caóticos cuando ocurra el seísmo.

Varios niños se preparan durante un simulacro (TORU YAMANAKA/AFP/Getty Images).

Por eso, a los residentes se les entrena sobre cómo actuar: se les insiste en fijar los muebles a la pared, colocar cuñas debajo de los armarios inestables o almacenar una gran cantidad de comida enlatada, agua, así como kits de emergencia que pueden ser fácilmente comprados en las tiendas y que incluyen linternas, medicamentos o baterías. También saben que en caso de terremoto deben refugiarse bajo las mesas y cubrirse la cabeza para evitar que los objetos que caen les golpeen.

Una recuperación rápida

En el caso de que ocurra un terremoto, las autoridades tienen como objetivo poder restablecer la electricidad en una semana, el suministro de agua en un mes y el del gas en dos meses. Unos tiempos récord que sin embargo, convertirían una de las ciudades más avanzadas del planeta en un auténtico caos durante un tiempo.

Pese a que el personal de emergencias es numeroso, en una situación así se vería completamente desbordado. La lucha de Tokio no es contra el terremoto, sino contra el tiempo. Cuanto más tarde en producirse, mejor preparada podrá estar para una catástrofe que va a poner a prueba la resiliencia japonesa.