Éxodo de mexicanos están reduciendo número de inmigrantes indocumentados en EEUU

Miriam Jordan
Dentro de las oficinas de la granja familiar Quail Ridge Dairy, en Fort Morgan, Colorado, el 14 de febrero de 2020. (Aaron Ontiveroz/The New York Times)

LOS ÁNGELES — José cuidaba a las crías que se alimentaban con biberones, eran 700 en total. Él sabía que un becerro estaba saludable si sus ojos le brillaban y si tenía un apetito abundante. Los ojos llorosos eran una mala señal. Estaba acostumbrado a escuchar la tos de los becerros.

“Su trabajo era hacer todas las cosas que una madre habría hecho para cuidar a su cría”, comentó Mary Kraft, quien durante una década fue la jefa de José y su hermano, Juan, inmigrantes de México que estaban en el país de forma ilegal, en su granja productora de lácteos Quail Ridge Dairy en Colorado.

Luego, hace casi un año, los hermanos le informaron a Kraft que iban a regresar a México. Le habían sacado provecho a la tierra de las oportunidades y amasaron suficientes ahorros para continuar con sus vidas donde las habían empezado.

Los dos son parte de un creciente número de mexicanos que ha salido de Estados Unidos en años recientes, parte de una migración a la inversa que ha servido para reducir la población de gente que se encuentra en el país de forma ilegal a su nivel más bajo en más de quince años.

Nuevos datos que divulgó el miércoles el Centro para Estudios de Migración muestran que en 2018 había 10,6 millones de inmigrantes viviendo de forma ilegal en Estados Unidos en comparación con los 11,75 millones de 2010, un declive que se debió fundamentalmente al regreso de mexicanos al sur.

La inmigración como campaña electoral

El tema de la inmigración ilegal se ha vuelto un plato fuerte de la campaña presidencial de 2020, pues el presidente Donald Trump ha redoblado el paso de las deportaciones al interior de Estados Unidos y ha fortificado aún más la frontera suroeste en contra de la entrada sin autorización.

Varios candidatos demócratas han solicitado la despenalización de los cruces fronterizos; la creación de mecanismos para que los migrantes que entran de forma ilegal a Estados Unidos cuando son niños puedan obtener la ciudadanía; y una dependencia de la tecnología, y no de los muros, para hacer cumplir la ley en la frontera con México. También han expresado su apoyo para que los recursos destinados a las deportaciones sean dirigidos a la remoción de los inmigrantes que son una amenaza para la seguridad pública o los criminales condenados.

Los nuevos datos muestran que la cantidad de inmigrantes que están en el país de forma ilegal sigue reduciéndose, una tendencia que comenzó incluso antes de que Trump ocupara la presidencia.

De acuerdo con las nuevas cifras sobre migración, entre 2010 y 2018, la población de mexicanos que estaban en Estados Unidos de forma ilegal se redujo alrededor de un 25 por ciento, en medio de deportaciones intensificadas y una economía mexicana mejorada que ha animado a mucha gente a volver a casa.

Además, la población de nacionalidad mexicana, el sector más grande de extranjeros que habitan en Estados Unidos, no es la única que está eligiendo irse. La población de surcoreanos que está ilegalmente en Estados Unidos ha caído un 22 por ciento, y la de polacos en la misma situación migratoria se ha desplomado más de un 50 por ciento, pues han regresado a sus países de origen debido a que disfrutan de una prosperidad económica.

“Es común suponer que todo el mundo quiere venir a Estados Unidos, pero nadie se quiere ir”, comentó Robert Warren, el demógrafo que analizó los datos del censo para el centro de investigación apartidista. “Ese nunca ha sido el caso”.

A pesar de la llegada a la frontera de una gran cantidad de centroamericanos, en especial familias que huyen de la violencia, de la gente que ha llegado al país en años recientes y ha permanecido de forma ilegal, una proporción más grande ha entrado con visas para luego rebasar el tiempo que se le había otorgado.

De los 10,6 millones de inmigrantes que residían de forma ilegal en Estados Unidos en 2018, unos cuatro millones llegaron después de 2010. Entre ellos, dos terceras partes, o unos 2,6 millones, ingresaron al país de forma legal, tras haber aprobado una inspección en un aeropuerto u otro puerto de entrada, pero no se fueron antes de que terminara el periodo que tenían permitido quedarse con una visa de turista, de negocios o de estudiante. Muchos de ellos son de países asiáticos, como China e India.

De 2010 a 2018, hubo un repunte del 69 por ciento en la cantidad de indios que permanecieron en el país de forma ilegal, y alcanzó un total de 619.000 personas. Durante ese periodo, la población venezolana que se quedó en Estados Unidos de manera ilegal superó por más del doble sus filas, debido a la turbulencia política y económica.

En cambio, la ecuatoriana fue una de las nacionalidades con uno de los declives más importantes. La cantidad de ecuatorianos que estaban en Estados Unidos ilegalmente se redujo un 36 por ciento, por lo tanto, se quedaron 173.000 personas.

No todo el mundo regresa por decisión propia, claro está.

Después de caer a una cifra de 65.332 en el último año del gobierno de Obama, las deportaciones de personas que vivían en el interior del país han aumentado y llegaron a 85.958 en el año fiscal más reciente.

Hace poco, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que pretendía desplegar equipos de agentes fronterizos tipo SWAT para arrestar a inmigrantes que viven en las llamadas “ciudades santuario” como Chicago, un plan que probablemente aumentará esa cifra.

El gobierno de Trump también ha limitado algunas de las exenciones que estaban disponibles para la gente que está peleando casos de deportación.


This article originally appeared in The New York Times.


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