Édouard Philippe, entre la fidelidad a Macron y la ambición presidencial

Agencia EFE
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París, 10 abr (EFE).- Diez meses después de haber dejado la jefatura del Gobierno y a poco más de un año de las presidenciales, el exprimer ministro francés Édouard Philippe reaparece en la escena política nacional del país en una maniobra que alimenta los rumores sobre su ambición de alcanzar el Elíseo.

Empujado por el viento de cola de los sondeos, que le sitúan como el político mejor valorado del país, el actual alcalde de Le Havre, la ciudad costera normanda donde desemboca el Sena, Philippe ha irrumpido con fuerza esta semana con la publicación de un libro, cuya promoción le ha colocado en el centro de la escena mediática.

En las múltiples entrevistas que ha concedido, el exjefe del Ejecutivo se ha obstinado en jugar la carta de la ambigüedad sobre sus intenciones de cara a las presidenciales del año próximo.

Philippe, que en noviembre cumplió 50 años, repite una y otra vez que es "extremadamente" leal a Emmanuel Macron, el hombre que le aupó a la primera línea política en mayo de 2017, al tiempo que tras su destitución en julio de 2020 dice sentirse "completamente" libre.

Un doble juego que le deja las manos libres para afrontar la carrera presidencial, al tiempo que nutre el temor en el campo "macronista" de ver a un rival que pescaría en sus mismos caladeros de votos.

EL MÁS POPULAR

Para muchos, dar el paso en contra de su mentor sería una traición que el electorado castigaría en las urnas, aunque otros consideran que su popularidad -es el único político del país por encima del 50 % de opiniones favorables- le convierte en la mejor baza para derrotar a la ultraderechista Marine Le Pen, a quien todos los sondeos otorgan como fija en la segunda vuelta de mayo de 2022.

Suficiente material para que Philippe, al menos, no descarte por ahora presentarse a la carrera por el Elíseo contra Macron, igual que el ahora presidente hizo hace cinco años frente al hombre que le introdujo en la política, François Hollande.

No sería la primera vez que la popularidad de un primer ministro se transforma en ambición presidencial contra su anterior jefe.

En 1994 Édouard Balladur se lanzó a la conquista del Elíseo en contra de su correligionario Jacques Chirac, quien le había llevado a dirigir el segundo Gobierno de cohabitación de François Mitterrand.

Aquella traición partió en dos a la derecha, pero no impidió la alternancia al frente del país, con la victoria del conservador Chirac tras catorce años de presidencia socialista.

EL PRECEDENTE BALLADUR

Philippe puede describir una trayectoria similar. Muy cercano al exprimer ministro Alain Juppé, partidario de una derecha moderada, liberal y europeísta, contra todo pronóstico fue elegido para dirigir el primer Gobierno de Macron pese a no ser un peso pesado de la política ni ser miembro de su partido (LREM), al que nunca se ha afiliado.

Su nombramiento fue interpretado como un claro intento del presidente de anestesiar a la derecha, tras haber hecho lo mismo con el campo socialista en que entró en política.

Desconocido hasta entonces para la mayoría de los franceses, Philippe, un político de segunda fila, se reveló como un locuaz parlamentario muy cómodo frente a las cámaras, que acabó por encandilar a una opinión pública.

Gracias a ello, salió del palacio de Matignon sin grandes rasguños pese a haber toreado los primeros embistes de la crisis sanitaria de la covid.

Supo capitalizar los aciertos y dejar que los errores fueran imputados a un Macron que, desde el primer momento, se situó al frente del combate contra la pandemia.

Mientras el presidente se enrocaba en grandilocuentes discursos televisados que apelaban a una guerra contra el coronavirus, el primer ministro brillaba en didácticas ruedas de prensa que explicaban el impacto real en la vida de los franceses.

A medida que crecía su figura se aireaban diferencias entre ambos, hasta el punto de que muchos interpretaron como su sustitución al frente del Ejecutivo por el poco carismático Jean Castex como un intento de Macron de cortarle las alas.

La jugada se puede volver en su contra si, como presumen muchos, Philippe se lanzara a la conquista del Elíseo. A menos que, como sostienen otros, el propio Macron le pidiera que se labrara un perfil de candidato para lanzarse a la carrera en caso de que la pandemia entorpeciera demasiado sus opciones de reelección.

Luis Miguel Pascual

(c) Agencia EFE