ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Lo tratan como perro

    El recorrido empezó a las 10 junto a Oliver, mi perro Beagle. Salimos de Av. Cabildo y Juramento y fuimos al subte para tomar la línea D. Había mucha gente, pero todos lo miraban bien, no parecía molestarles. Incluso, más de uno se acercó a acariciarlo y él les movió la cola.

    Después de unos minutos, subimos. Lo cargué y me senté. Durante todo el viaje hasta Plaza Italia nadie dijo nada; algunos se mostraron indiferentes y otros lo mimaron, pero no hubo críticas. Admito que me preocupó que se le ocurriera hacer sus necesidades en ese momento, pero por suerte no sucedió.

    Luego entramos en el Jardín Botánico. Dimos un par de vueltas entre los árboles y las plantas, nos sentamos en uno de los bancos. Oli divisó un gato que desapareció muy rápido entre los arbustos.

    Cuando salíamos, un guardia me preguntó cómo había ingresado con el perro cuando los animales están prohibidos y hay un cartel que lo indica. Pedí disculpas y nos fuimos.

    Nos dirigimos al bar del Museo Evita, donde agasajaron a Oliver con un plato de comida y un poco de agua. Intentamos, luego, subir a un colectivo, pero fue imposible. Cuatro fueron los intentos fallidos. Un remise fue la solución para regresar a casa aunque, a decir verdad, tuvimos suerte. No todos aceptan llevar a un animal ajeno en el asiento de atrás.


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