CIUDAD DE MEXICO.- Este país respira política a un ritmo endiablado. Después de 90 días intensos, en los que no faltaron escándalos, balaceras y la irrupción de un contestatario movimiento estudiantil, los candidatos presidenciales mexicanos cerraron anoche con actos masivos sus respectivas campañas para las elecciones del domingo. Unos comicios en los que parte como gran favorito Enrique Peña Nieto , el joven líder del añejo Partido Revolucionario Institucional (PRI), que se prepara para retornar a su hábitat -el poder- después de 12 años a la intemperie.
Mientras el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, reventaba el Zócalo del Distrito Federal, a 70 kilómetros de allí, en Toluca, capital del populoso estado de México, se congregaban los miles de seguidores del partido que siempre ganaba las elecciones hasta el año 2000. El cierre de campaña del PRI no podía celebrarse sino en la tierra donde gobernó Peña Nieto durante los últimos seis años. "Ojalá haya ánimo y voluntad de las otras fuerzas políticas y del propio gobierno para sentarnos a la mesa y convocar a la unidad, a la reconciliación y a buscar los acuerdos necesarios para echar a andar las reformas que hacen falta", proclamó el candidato, como si hablara ya desde la residencia oficial de Los Pinos.
El telegénico ex gobernador de 45 años, al que sus críticos tildan de "muñeco maleable" por los grandes poderes políticos, empresariales y mediáticos del país, llega a la recta final de la campaña con una cómoda ventaja (las últimas encuestas le otorgan alrededor del 44% de los votos, 16 puntos por encima de López Obrador).
Su millonaria campaña sólo se vio alterada por un actor que no estaba previsto en el guión concebido por sus asesores: el colectivo estudiantil "Yosoy132", heredero de los "indignados" españoles y del "Occupy Wall Street" estadounidense.
A Peña Nieto se le transfiguró la cara aquel 11 de mayo, cuando los estudiantes de la Universidad Iberoamericana cuestionaron su gestión en el estado de México durante un acto electoral. La campaña dio un vuelco de 180 grados. Gracias a las redes sociales, nació un movimiento anti-Peña Nieto, que se expandió en pocos días.
Sin embargo, el ex gobernador pudo sobreponerse al embate de una juventud que denunció, ante todo, el "contubernio" entre la principal cadena de televisión, Televisa, y el PRI. En cualquier caso, los sondeos no reflejaron un desgaste significativo del candidato.
La maquinaria electoral del PRI
, engrasada con millones de dólares, es un rodillo que engarza las viejas tácticas del partido (ensayadas durante los 71 años que se mantuvo en el poder) con las últimas tendencias en marketing, branding y redes sociales. El PRI de 2012 ha manejado con la misma fluidez Twitter y el "acarreo" masivo de personas.
"Hemos visto una larga campaña en la que buena parte de los medios ayudaron de manera clara a Peña Nieto. Al mismo tiempo, López Obrador se mostró como un líder terco, al que le pesó su insistencia pasada en mostrarse como el presidente legítimo [al no reconocer su derrota en 2006]. Así, lo más probable es que la vieja «derecha revolucionaria» del PRI regrese a la presidencia", comenta a LA NACION el sociólogo Roger Bartra.
López Obrador, en el DF
"Es un honor estar con Obrador." Como un "tlatoani" del siglo XXI, Andrés Manuel López Obrador, 58 años, el veterano candidato presidencial de la izquierda, avanzaba ayer extasiado por la avenida Reforma, la principal arteria de la capital mexicana, arropado por miles de fieles que se dirigían al Zócalo entre gritos de "presidente, presidente". Si las elecciones se celebraran sólo en el Distrito Federal, el PRD (que gobierna la capital desde hace años) arrasaría.
"Es el político más honesto y yo le tengo mucha fe." José Luis Castillo, 62 años, lleva más de una hora junto a la céntrica estatua del Angel de la Independencia , desde donde arranca la marcha de López Obrador. "Siempre voté por él: es mi presidente", sentencia. ¿Y antes del PRD, a quién votaba (el partido se fundó en los años ochenta)? Castillo duda unos segundos y después balbucea: "Bueno, es que antes sólo había un partido al que votar".
Ahora, hay al menos tres formaciones con capacidad de gobernar. La tercera en discordia, Josefina Vázquez Mota, 51 años, candidata del oficialista y conservador Partido de Acción Nacional (PAN), a quien las encuestas otorgan el 25% de los votos, ha sufrido, durante la campaña, una especie de "fuego amigo".
Ayer, cerró su campaña en Guadalajara, bastión del PAN, con más empuje que nunca. Debe ser la única dirigente de su partido que no quiere reconocer su muy probable derrota. El presidente Felipe Calderón no parece tener dudas y está más preocupado en supervisar la guerra que libra contra el narcotráfico (y que ha dejado más de 50.000 muertos) que en respaldar a su candidata.
Sólo un golpe de efecto podría haber empujado en los sondeos a Vázquez Mota. La pieza más codiciada era Joaquín "el Chapo" Guzmán, jefe de jefes del crimen organizado. Pero los días pasaban y el líder del cartel de Sinaloa seguía prófugo, once años después de su fuga de una cárcel de máxima seguridad. Aunque no computa igual a efectos de réditos electorales, el gobierno anunció la semana pasada la detención del hijo de "el Chapo", pero -ay, para desgracia de Vázquez Mota- al día siguiente trascendió que el detenido no era ni siquiera el vástago del capo.
Del golpe de efecto se pasó al ridículo más espantoso. En cualquier caso, Calderón nunca apostó por Josefina. Tenía otro candidato. Se repetía la misma historia de seis años atrás, cuando el ahora mandatario le ganó la partida al delfín de Vicente Fox. El ex presidente, que no congenia con Calderón, no quiso perder su minuto de gloria en esta campaña. Pero no apareció en los medios para defender a Vázquez Mota, sino a Peña Nieto. "Este arroz ya se coció", zanjó hace unos días.
Si Fox y los sondeos tienen razón y el arroz ya se coció, queda por ver qué hará Peña Nieto después del domingo. "¿Promoverá reformas que el PRI ha rehuido u obligará a su partido a aceptarlas?", se pregunta la analista Denise Dresser. "Es un hombre muy pragmático", recuerda Bartra. Y alerta: "Ojalá que el PRI no logre el control del Congreso, porque entonces no habrá posibilidad de negociar nada". Los mexicanos tienen ahora por delante tres días para reflexionar sobre ésos y otros interrogantes. Tres días para procesar la tormenta política de los últimos tres meses.

