Eduardo Sánchez Hernández
Analista y escritor
EL UNIVERSAL
En los 70 México sufrió una epidemia de secuestros. Buena parte fueron perpetrados por la Liga Comunista 23 de Septiembre. Esta organización financiaba sus actividades con secuestros. Su objetivo era derrocar al gobierno mexicano para reemplazarlo por “uno de ideología marxista-leninista integrado por las clases populares”.
En respuesta a sus acciones, el gobierno integró una Brigada Especial, misma que recibió la encomienda de “rastrear y detener” a los delincuentes —misión que, por cierto, se cumplió a cabalidad—. Los simpatizantes del grupo criminal han llamado guerra sucia al método —sin duda brutal y efectivo— con el que el gobierno resolvió el problema. Uno de sus miembros fue Miguel Nazar Haro. Este hombre combatió con eficacia y precisión a los secuestradores de su época. Destaca su intervención en la resolución de secuestros de alto impacto, como el de Hirschfeld Almada (1971), el del cónsul inglés de Guadalajara (1973) y el de Brianda Domecq (1978), entre muchos otros. En mayo de 1973, un avión venezolano fue secuestrado y desviado hacia México. Exigían la liberación de presos políticos en su país. El gobierno venezolano rechazó negociar con terroristas. Los delincuentes amenazaron con hacer explotar el avión. Nazar subió a la aeronave y se intercambió por las mujeres y los niños que estaban a bordo, aceptando, además, permanecer como rehén para garantizar la seguridad de sus ocupantes. El avión despegó y llegó a Cuba, donde finalmente nadie resultó lastimado.
La reina de Inglaterra condecoró a Miguel Nazar y lo nombró caballero de la corte. El rey de Bélgica le otorgó la más alta condecoración que aquel reino concede a un ciudadano extranjero y lo mismo ocurrió con los gobiernos de España, Japón y Estados Unidos. Pero en esta tierra nadie es profeta. En 2004, Fox inició la persecución de quienes, desde el gobierno, enfrentaron a la guerrilla en los años 70. Nombró fiscal especial a un primo de la guerrillera Denisse Prieto y se fue contra Nazar. El fiscal fue Ignacio Carrillo Prieto, quien hoy se encuentra inhabilitado 10 años para ejercer función pública y enfrenta cargos por responsabilidad patrimonial de más de 30 millones de pesos. Cuentan que los policías que llegaron a casa de don Miguel para aprehenderlo estaban avergonzados. A pesar de los consejos de su abogado, se rehusó a enfrentar el proceso en ausencia. ¡Yo no tengo por qué huir! Ya a bordo del avión de la PGR que lo conduciría a la cárcel en Monterrey, escuchó un reclamo disimulado en la pregunta angustiosa del hijo, quien además era su abogado. ¿Valió la pena, papá? Don Miguel se le quedó viendo. Claro que valió la pena. ¡Ésta es mi patria!
El juicio no fue fácil. La iniciativa presidencial traía ese tufo inconfundible del linchamiento. Al final, el Poder Judicial dictó sentencia absolutoria, así que usted perdone las molestias.
Miguel Nazar falleció hace unos días a los 87 años de edad en su casa de Las Águilas, la misma que adquirió en 1975. Duró 62 años casado con la misma mujer que le dio cinco hijos y lo dejó viudo hace dos. Era apasionado del mar, gran bailarín, ameno conversador y devoto padre de familia. Como funcionario fue leal, disciplinado y extremadamente celoso de su deber.
Cuando la Liga 23 de Septiembre exigió la liberación de los guerrilleros encarcelados, el gobierno informó que no negociaría. Entonces, Nazar recibió una amenaza. ¿Si secuestramos a tus hijos tampoco vas a negociar? Esa noche reunió a su familia en la sala de su casa y explicó la situación. Les presentó a los hombres que se encargarían de su seguridad y les advirtió: cooperen con ellos y no hagan tonterías. Si alguien los secuestra, yo no voy a negociar, ¿está claro? Los hijos de Nazar sufrieron cinco atentados y don Miguel no se arrugó. La guerra de los delincuentes es así: sucia. No por nada, Churchill dijo alguna vez: “A los que sólo conocen el lenguaje de la violencia, hay que hablarles en su mismo idioma”.
Don Miguel Nazar cumplió su misión. Descanse en paz.
eduardo@eduardo-sanchez.org


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