Por: Paola Zavala Saeb*
El problema con Angélica Rivera
no es que sea actriz de Televisa, ni que haya calendarios de ella
adornando las vulcanizadoras, ni que haya salido en un video de Luis
Miguel; el problema será que sea nombrada presidenta del DIF y que siga
existiendo el concepto de “primera dama”.
¿Por qué no se ve mal
que los presidentes vayan a los actos públicos con sus esposas? Ir a
actos públicos es parte de la chamba de los presidentes, ¿no?, pues en
mi chamba uno no puede presentarse a trabajar con todo y espos@.
Más
preguntas: ¿Por qué a las esposas de los presidentes se les llama
“primeras damas”? ¿Qué es lo que las convierte en “damas”? “Primera”,
¿de cuántas?, así como dividiendo a las “damas” de las “no damas” y a
la primera de segundas. La “primera”, ¿en qué? En aplaudirle a su marido
será.
Esa eterna imagen -el presidente habla, la esposa
aplaude- es un tema de género y de roles. Parece que lo que la sociedad
espera de la “primera dama” es que salga en todas las revistas -en
vestidos Chanel o marcas por el estilo- como ejemplo del “buen vestir”,
cargando niños (si son indígenas mejor) y estar casadas con el
presidente por la iglesia (¡obvio!). Ya con ésta tendremos dos “primeras
damas” que anulan sus matrimonios anteriores para cumplir con el
requisito.
Pero peor la cosa, ¡son presidentas del Consejo
Ciudadano Consultivo del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de
la Familia!, que tiene la muy trascendente facultad de emitir
recomendaciones al DIF, o por decirlo de otro modo, de tirar la línea en
las políticas públicas relacionadas con la infancia y la asistencia
social.
En este país, ya se sabe, hay muchas leyes “a modo” y el
reglamento del Consejo del DIF no es la excepción. Evidentemente no
establece mayores requisitos para ser presidenta del Consejo, más que
ser nombrada por el secretario de Salud (para no verse muy cínicos y
decir que la nombra el presidente). El único argumento parece ser
“¿quién mejor para velar por ‘nuestros niños’ que la esposa del
presidente?”.
La presidencia del DIF es un cargo “honorario” que
se les da a las “primeras damas” no porque se hayan destacado por sus
conocimientos y trabajo en favor de la infancia y la asistencia social,
sino por haber tenido la suerte (o la desgracia) de haberse casado con
el presidente. Otorgar un cargo público, sea honorario o no, sin mérito
propio -así no más por ser la esposa de un funcionario-, es nepotismo y
es ilegal, pero sobre todo es irresponsable.
Para dirigir la
política de infancia no basta con dominar el saludo “corto-corto,
largo-largo” y la sonrisa inamovible, se necesitan conocimientos y
experiencia. Nombrar a la actriz en este cargo sí que es un peligro para
México.
Ya para cerrar, un chiste que anda dando el rol por Twitter:
Barack Obama: Mi primera dama es abogada y graduada de Harvard… ¿Y la tuya?
Enrique Peña Nieto: ¿Llegaste a ver Destilando amor…?
* Paola Zavala Saeb
es abogada, especialista en derechos humanos. Ha publicado
anteriormente artículos de opinión para El Universal y Nexos en línea.
Ha hecho trabajos de consultotía e investigación para la ONU- DH, GDF,
CIDE, SCJN, TEPJF y el INMUJERES. Actualmente es asesora legislativa.
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