ASUNCION.- Familias que paseaban por las calles, negocios abiertos, chicos que jugaban en las plazas. En el clima social que se respiraba ayer en Paraguay no había una sola huella de la convulsionada situación externa que enfrenta ahora el flamante gobierno de Federico Franco , acusado de "golpista" por todas las democracias de los países vecinos.
Ese contundente rechazo regional, encabezado por la Argentina, que ayer retiró a su embajador en Asunción, obligó al nuevo presidente a lanzar, como primera medida de gobierno, una ofensiva diplomática para que Paraguay no quede aislado en la región.
Franco asumió anteanoche después de que Fernando Lugo fuera destituido por el Parlamento, en un vertiginoso juicio político de apenas dos días. El ahora ex mandatario fue acusado de mal desempeño de sus funciones durante el enfrentamiento entre policías y campesinos por una toma de tierras que, hace nueve días, dejó 17 muertos.
A pesar de la conmoción internacional, en el frente interno la calma es sorprendente. Lugo ya anunció que ni él ni sus allegados interpondrán recursos en su defensa y que esperarán los comicios de abril del año que viene para volver a la carga.
Forzado a buscar el reconocimiento regional, en la mañana de ayer Franco convocó de urgencia al Palacio de Gobierno a toda la prensa extranjera presente en el país para explicar la situación. Su premura fue tal que al comienzo ni siquiera había micrófonos y los periodistas no podían oír sus respuestas. Minutos más tarde llegaron los micrófonos y un asesor comenzó a ordenar las preguntas.
Franco reconoció allí "algunas dificultades con la comunidad internacional". En este sentido, dijo que estaban haciendo "esfuerzos para tomar contacto con los países vecinos e ir demostrando, con hechos, la clara vocación democrática".
En consonancia con esta posición, el presidente informó la designación del diplomático José Félix Fernández Estigarribia, canciller entre 1999 y 2002, como nuevo ministro de Relaciones Exteriores.
La principal tarea del canciller será "ir a Brasil, la Argentina y Uruguay para dialogar con sus autoridades acerca de la legalidad y legitimidad de este cambio en la conducción del país", indicó el nuevo mandatario.
No obstante, pese a los esfuerzos diplomáticos de Franco, como había hecho la Argentina horas antes, anoche también Brasil decidió llamar a consulta a su embajador en Asunción, en protesta por la destitución de Lugo.
Respecto de eventuales sanciones de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el presidente Franco respondió: "Primero tenemos que recibir la notificación. Si lo hacen tendremos los documentos. Paraguay es soberano, libre e independiente", sostuvo.
"Sabemos que los amigos de la Unasur van a saber comprender la situación. Espero que los periodistas informen tal cual lo ocurrido en el país", agregó.
El mandatario sostuvo también que cumplirá con todos los compromisos internacionales e intentará reforzar los lazos con los países amigos, especialmente con Brasil, principal socio comercial de Paraguay, con el que tiene en condominio la gran represa hidroeléctrica de Itaipú.
Franco aseguró que los brasileños residentes en el país, conocidos como "brasiguayos" y que según datos extraoficiales son alrededor de 300.000, recibirán un trato especial para agilizar sus documentaciones.
El incidente que desencadenó el juicio político contra Lugo se produjo precisamente en una zona de "brasiguayos", cuando policías llegaron para desalojar a un grupo de campesinos "sin tierra".
El sangriento enfrentamiento causó la muerte de once labriegos y seis policías.
Los legisladores responsabilizaron a Lugo por éste y otros incidentes con grandes productores brasileños afincados en el país, cuestionados y atacados por algunos grupos de "sin tierra" que contaban con el apoyo de altos referentes del gobierno, según denunciaron empresarios y la prensa.
Para los analistas políticos locales, la situación externa de Paraguay es hoy en efecto extremadamente difícil. "Paraguay es un país mediterráneo con una economía frágil", dijo a La Nacion Francisco Capli, director de First Análisis y Estudios, la principal encuestadora del país.
"La mayoría de los productos que llegan nuestro país vienen de Brasil o de la Argentina. Si esos gobiernos nos bloquean el acceso vamos a estar en una situación muy complicada", reconoció el experto.
Si bien la reacción internacional fue en general de condena al nuevo gobierno, no llamó la atención que una de las primeras muestras de solidaridad y reconocimiento llegase ayer por parte de la Iglesia Católica. El ex obispo Lugo no tuvo nunca el apoyo eclesiástico. Su adhesión a la Teología de la Liberación y su controvertida vida personal, con varias parejas e hijos no reconocidos, le restaron mucho respaldo entre los purpurados.
El propio presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Claudio Giménez, se había presentado el pasado jueves en el Palacio de Gobierno para pedirle a Lugo la renuncia y evitar un "derramamiento de sangre". Las autoridades eclesiásticas bendijeron ayer entonces los cambios en el Palacio Mariscal López.
Franco inició ayer su primer día de trabajo con una entrevista con el nuncio apostólico, Eliseo Ariotti, quien como embajador del Vaticano señaló que la visita fue para "honrar a las autoridades del país".
"Es un don de Dios, pero también de los hombres y de los paraguayos el reconstruir. Voy a leer mi mensaje en la misa, estamos honrando a las autoridades de este país, como conviene al cuerpo diplomático, que ha sido invitado para una visita de cortesía", agregó Ariotti.
Por la tarde, Franco participó de una misa en la Catedral Metropolitana. A la salida del templo, el nuevo presidente paraguayo tuvo su primer "baño de multitud" cuando algunos centenares de personas lo saludaron con vítores y aplausos.
El acto había sido convocado bajo el lema "Juntos por la Paz y la Justicia", en memoria de las 17 víctimas fatales que dejó el sangriento enfrentamiento de la semana pasada.
Dos décadas con inestabilidad política
Después del fin, en 1989, de 35 años de la dictadura de Stroessner, la democracia paraguaya fue alterada por varias crisis presidenciales.
Juan Carlos Wasmosy (1993-1998) . Wasmosy se enfrentó con el jefe de las fuerzas armadas, y su padrino político dentro del Partido Colorado, el general Lino Oviedo. En 1996, lo separó del Ejército y lo envió a la cárcel, acusándolo de intento de golpe. Así evitó su postulación presidencial.
Raúl Cubas (1998-1999) . Aliado de Oviedo, Cubas lo indultó apenas asumió, pese a que la Corte Suprema se lo prohibía. En 1999, le iniciaron un juicio político por el "marzo paraguayo", conflicto disparado por el asesinato del vicepresidente, Luis María Argaña, del que culpaban a Oviedo. El día previo a la sesión por la destitución, Cubas renunció y se exilió.
Luis González Macchi (1999-2003) . Era el siguiente en la línea sucesoria. En 2000 superó un intento de golpe de Estado. En 2002, fue enjuiciado por mala gestión financiera y por designar a un amigo al frente de una empresa estatal. El Senado no alcanzó los votos para destituirlo.
Otros gobiernos que cayeron en la región
Desde los 90, el regreso de la democracia estuvo signado por la inestabilidad de los gobiernos, entre renuncias y destituciones
1992. El presidente brasileño Fernando Collor de Mello dimitió cuando el Senado lo juzgaba por corrupción.
1993. El Congreso venezolano destituyó a Carlos Andrés Pérez por supuesta malversación.
1997. El presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram fue destituido por el Congreso, que lo acusó por "incapacidad mental". En 2000, Jamil Mahuad fue derrocado por un golpe cívico-militar.
2000. Tras meses de protestas, el presidente peruano Alberto Fujimori renunció al cargo desde Japón tras diez años en el poder.
2001. Fernando de la Rúa renunció a la presidencia argentina en medio de una profunda crisis.
2009. El presidente de Honduras Manuel Zelaya fue destituido por el Congreso horas después de que los militares lo detuvieran y deportaran a Costa Rica.

