Es de noche en el Tigre. Y en la mesa de un coqueto restaurante del municipio, que hizo de la multiplicación de las cámaras de seguridad un emblema, están sentados dos comensales: el intendente Sergio Massa y Alberto Fernández. Mientras cenan exploran cómo y de qué manera podrían jugar juntos, de cara al 2015. Aunque previamente, evalúan, tienen la escala (también crucial) de 2013. Una y otra fecha están íntimamente relacionadas. O, mejor dicho, políticamente conectadas.
- Si quiero ser candidato a gobernador en 2015, me tengo que legitimar como candidato en 2013 - le informa Massa a Alberto Fernández y tantea: "¿Y vos qué pensás hacer?"
Alberto Fernández, a su vez, acaba de lanzar su propio partido (Parte) y el próximo 5 de julio lo presentará en la Capital, en el club Unione e Benevolenza. Una de sus apuestas, aunque dependerá del apoyo que consiga, es ser candidato a senador por la Capital el año próximo.
- ¿Y candidato de quién serías? - quiere saber Alberto Fernández, y no es una chicana.
Es que Massa tiene un problema y una potencialidad, y ambos comensales lo saben.
Su potencialidad es lo bien que le dan las encuestas en la provincia y el alto nivel de conocimiento que tiene en distritos, relativamente alejados del suyo. Los encuestadores atribuyen esa virtud al persistente marketing que viene desplegando sobre la política de seguridad en su municipio. "Cada vez que agarran a un chorro, Massa lo muestra setenta veces en C5N y así logró instalar la idea de que está comprometido con la persecución de los delincuentes".
En su oficina de Poliarquía, en Puerto Madero Este, el analista Fabián Perechodnik revisa los números y confirma: "Massa tiene una imagen positiva en la provincia del 57 por ciento, mientras que Daniel Scioli ronda el 60 por ciento. La diferencia entre ambos es el nivel de conocimiento. Mientras a Scioli lo conoce el cien por ciento del electorado, a Massa lo conoce el 80".
El problema de Massa es que el kirchenrismo duro lo tiene crucificado, desde que se filtró en WikiLeaks lo que verdaderamente pensaba de Néstor Kirchner cuando lo llamó "psicópata". Un término que, además de decirlo en la Embajada de EE.UU., lo decía en muchos otros escenarios, hecho que vuelve casi imposible despegarse de semejante escarche. En su fuero íntimo, y conociendo a los Kirchner, Alberto Fernández y Massa, calculan que, lo más probable, es que el oficialismo no lo deje volver a entrar.
- ¿Qué te queda entonces? La derecha, De Narváez, Macri...- le dice Alberto Fernández - Si es así, no cuentes conmigo...
Pero, ¿y qué pasa si Scioli decide ser "más valiente", como le aconsejan los peronistas no kirchneristas en las charlas secretas que se suceden en estos días, y decide tomar distancia del Gobierno antes de 2013? ¿No podría Scioli ser candidato a presidente y Massa a gobernador, en 2015?
Analizan ese escenario. Massa es audaz y ambicioso, y piensa que, con la imagen que tiene en las encuestas, si llegara a presentarse a elecciones por afuera del Frente para la Victoria en 2013 (es una posibilidad para él) y le va bien (es decir: le gana a Scioli en la provincia) tendría un generoso margen político para lanzarse como candidato a presidente en 2015. Nada menos.
Coinciden ahora en otro diagnóstico los protagonistas, que comen a solas: si la economía K llegara a complicarse aún más y el malhumor social subiera de nivel, la crisis política también alcanzaría al gobernador. Y entonces, creen, será el turno de ellos.
La picante cena política entre Massa y Alberto Fernández, cerca del río, sucedió hace menos de quince días.
Scioli y un punto de inflexión
- Todos hablamos entre todos, y todos estamos preocupados por el presente - admite Alberto Fernández (y cuando habla de "todos" se refiere a Massa, pero también a Moyano, Scioli y hasta al díscolo intendente platense, Pablo Bruera, que aparece alineado en público pero teje en privado) -Lo que no sé es si todos tenemos la misma visión de futuro - se sincera.
Alberto Fernández, a su vez, habla seguido con el gobernador de Buenos Aires. Es más: quienes lo frecuentan en su estudio de abogado, en Callao al 1900, el mismo que compartía con Néstor Kirchner cuando el santacruceño no tenía oficina propia Buenos Aires, aseguran que le gustaría verlo romper ahora con el cristinismo.
Confluiría con Scioli en 2015, dice.
- Con Scioli tengo muchos puntos en común, es cierto. Y confluiría con él porque siempre estuvo en los momentos difíciles, y porque estuvimos juntos en la génesis del proyecto que lanzamos con Kirchner. Últimamente, se dicen cosas increíbles. Se dice que Scioli no comparte los lineamientos del modelo, pero la realidad es que él fue elegido por Néstor, no una vez sino cuatro. Ni yo tuve ese privilegio. Una, para ser su vicepresidente, otra para ser su vicepresidente en el PJ, luego para secundarlo como diputado al propio Néstor y finalmente para ser gobernador.
Mientras tanto, los peronistas no cristinitas que frecuentan a Scioli, esos "todos" de los que habla Alberto Fernández, le deslizan otros consejos, de mayor calibre.
- Si Daniel no se despega a tiempo, le puede pasar lo mismo que a Duhalde en el 99, que se la pasaba diciendo que era el candidato natural de todo el PJ, pero olvidó que no lo era para Carlos Menem, que le jugó en contra y por la espalda hasta el final. Y que no dudó en trabajar para De la Rúa y entregarle el gobierno.
"El problema que tiene Daniel es el miedo de Alberto Pérez", dice uno de ellos, en alusión al principal operador político de Daniel Scioli, quien, según los peronistas no alineados con la Rosada, padece de un exceso de prudencia. La dependencia de los fondos del gobierno nacional es un condicionante.
- Si igual, ahora la plata tampoco llega - argumentan los rupturistas. Son quienes lo alertan sobre la delgada línea que separa a la prudencia de la cobardía. O, tal vez, de algo peor.
Pero ahora Scioli está en un punto de inflexión con respecto al Gobierno y jura que no volverá a entregar los lugares en las listas electivas, como lo hizo en 2011.
¿Cuál su fue su clic? Al parecer, advirtió que, con la cesión de lugares que él mismo habilitó para las elecciones del año pasado, el kirchenrismo duro terminó controlando la Legislatura platense. Y tiene la fuerza necesaria para acorralarlo.
- Su gran clic fue cuando se unió La Cámpora con la oposición para pedirle informes sobre la publicidad oficial. Ahí se dio cuenta de que, si en el 2013, vuelve a darle lugares, éstos lo destituyen - exageran, quizá, en su entorno.
Scioli llegó a pensar, en aquella primera embestida áspera del cristinismo, ofrecer a sus ministros para que sean interpelados.
- ¿Vos estás loco? - recibió como respuesta, cuando inició una ronda de consultas - Si van, te los van a hacer pelota. Sobre todo a Casal (el ministro de Seguridad). ¿O todavía confiás en ellos?
Dicen que, a partir de esa toma de conciencia, el gobernador decidió mostrarse con "todos" los peronistas no alineados con Cristina. Es decir, mostrar en público sus charlas secretas.

