ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Por el bosque blue del centro porteño

    Es miércoles y apenas pasó el mediodía. Cuesta un poco avanzar en algunos tramos de la superpoblada calle Florida. Personas que van, personas que vienen. No todas, claro. Hay algunas que ni van ni vienen: son quienes, desde sus lugares fijos hacen escuchar su oferta de cambio, cambio.

    Los llamados "arbolitos" no son habitantes nuevos de la tradicional peatonal porteña, pero con el cepo al dólar oficial reforzado, crecieron en número. Cuarenta y cuatro en total, contados un día cualquiera en un recorrido de nueve cuadras, entre Diagonal Norte y plaza San Martín. Un promedio de cinco oferentes por cuadra del "mejor precio" para dólares y euros.

    Son los participantes menos sofisticados del mercado de cambio negro o blue, una denominación que alude a lo oscuro, aunque la ilegalidad de las operaciones parece no preocupar demasiado, cuando todo está tan expuesto.

    "Se acercan muchos extranjeros, pero los que traen montos grandes son argentinos", cuenta uno, sin dar su nombre y sin mirar nunca a quien le pregunta, cuestión de no desviar la atención de lo que pasa a su alrededor. "Los de la AFIP están viniendo seguido, pero se venden solos, yo los distingo de lejos y me corro", explica. Se les nota la precaución a muchos de los que preguntan por una posible operación, que de concretarse se hará en una oficina cercana.

    "Mucha gente se acerca y el precio ya lo sabe, o vamos viendo la cotización con los corredores", cuenta uno de sus colegas, que ofrece la estadística que surge de su día a día: dice que el 40% de quienes venden dólares lo hacen para ganar una diferencia y el otro 60%, porque necesita los pesos.

    Varios están por cuenta de un comerciante o "jefe" para el que buscan clientes. Y es común que el oído distinga "arbolitos" foráneos, inmigrantes latinoamericanos.

    Con operaciones por lo general más importantes, los cueveros no necesitan buscar tan literalmente clientes en la calle. A las cuevas -que funcionan por lo general en departamentos alquilados del microcentro- llegan personas por recomendaciones del boca a boca, y la confianza juega un rol importante, según cuenta un operador que lleva años en la actividad.

    El que compra blue, dice, es el que tendría como opción un plazo fijo, pero no confía en el peso ni lo convence que por su depósito le paguen un interés que no llega ni a la mitad de la inflación.

    El valor del dólar paralelo se diferencia ya en más de un 40% del oficial. Y se advierte que esa brecha tendrá efecto negativo en la economía real. Los que ganan más espacio para su negocio sostienen que a este mercado "lo crea y lo hace crecer el Gobierno". Paradoja de la idiosincrasia nacional.


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