ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    El burro y el elefante

    La maldición de Wisconsin


    La victoria del gobernador de Wisconsin contra los sindicatos que querían derrocarle tiene enormes implicaciones para el futuro del sindicalismo y la democracia de Estados Unidos, al tiempo que envía un aviso al presidente Obama y al partido demócrata, que estaban del lado de los perdedores.

    Ha sido una guerra en la que se han batido el poder, el dinero y la ideología. 

    Los sindicatos de Estados Unidos empeñaron todas sus fuerzas en hacer de la elección en Wisconsin un ejemplo que sirviera de advertencia a cualquier político que pretendiera derogar o limitar los procesos de negociación colectiva.  Sin embargo la maldición se volteó contra ellos. El rotundo fracaso sufrido ayer representa un golpe casi mortal al ya debilitado movimiento sindical.  

    Wisconsin simboliza además una nueva era en la forma de hacer política en EEUU. Una era en la que las fuentes ilimitadas de dinero -permitidas por una sentencia del Tribunal Supremo-  pueden llegar a doblegar candidatos, partidos e ideologías.  Y devaluar la democracia.  

    El gobernador Scott Walker invirtió ocho veces más que sus oponentes,  respaldado por el Partido Republicano y las chequeras de grupos e individuos ideológicamente afines.

    Y aunque el dinero no es la única explicación de su aplastante victoria –por 53% a 46%- la correlación entre ambos es innegable.

    Como también lo es que en la actual época de ajustes fiscales y déficits presupuestarios las reivindicaciones sindicales (sobre todo las pensiones) son en muchos casos insostenibles para los gobiernos locales o estatales. 

    Y los votantes de Wisconsin decidieron que el bien común de todos los contribuyentes trasciende a los beneficios de una minoría, en este caso de los empleados públicos sindicalizados.

    Más que una votación fue una sentencia electoral, con resonancia a nivel nacional.  Por una parte los gobernadores que estaban dubitativos, incluso intimidados, sobre si adoptar medidas similares a las de Walker ahora se sienten envalentonados. 

    Y por otra parte, las repercusiones alcanzan a Washington  y muy en particular a la elección presidencial. 
     
    La directora del Comité Nacional Demócrata, Debbie Wasserman Shultz, afirmó hace días que la elección de Wisconsin era “un ensayo de la elección presidencial”, confiada en que los sindicatos respaldados por  su bando político iban a triunfar.   Ahora debe estar mordiéndose los labios.  Porque los resultados no dejan lugar a interpretaciones.   Son un fracaso con mayúsculas para los demócratas. 

    ¿Cómo va a impactar la debacle de Wisconsin a la campaña de reelección del presidente Obama?

    Ese estado era hasta ahora territorio seguro de Obama, según las encuestas en las que aventaja por 11 puntos a  Mitt Romney.  Está por ver si los electores que en 2008 votaron por él y ayer lo hicieron por el gobernador republicano le vuelven a ser fieles, o han sufrido una mutación política.

    Por si acaso, Obama debe guardarse las espaldas y revisar la estrategia de campaña tomando Wisconsin como el epicentro, la zona cero de la guerra que libra contra Romney. Sobre todo porque el “gran dinero” se está yendo a los cofres de su rival republicano.

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