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    El burro y el elefante

    Poder gay en Obamaland: la gran jugada política


    El presidente Barack Obama en un acto electoral el 10 de mayo. (Foto AP)


    En Obamaland nada sucede por casualidad.  El presidente Barack Obama es extremadamente calculador, según él mismo reconoce, y nunca actúa por impulsos  emocionales.  No lo hace en asuntos de gobierno, ni de política electoral, ni mucho menos en un tema tan polarizador de la sociedad como el matrimonio gay.

    Como buen estratega,  ha sopesado meticulosamente los riesgos y beneficios y el momento oportuno para anunciar su respaldo a los matrimonios entre personas del mismo sexo.

    Y aunque a primera vista muchos se hayan apresurado a pronosticar que es una “decisión suicida”,  los beneficios políticos superan con creces a las desventajas.

    Cuando el presidente haya analizado que las encuestas sobre su popularidad, el apoyo entre los jóvenes y el estado de la economía iban cuesta abajo, pues no le quedaba otra opción que la “nuclear”.  O sea, lanzar una bomba política que al explotar eliminara obstáculos del camino, como por ejemplo que los votantes dejen de concentrar su atención en la crisis y el desempleo y la desvíen hacia los derechos gay.

    Es mucho mejor perder algunos miles de votos de conservadores por apoyar las bodas homosexuales que perder cientos de miles del electorado general porque la economía no se recupera.  

    Desde cualquier perspectiva que se mire, la histórica decisión del presidente tiene que ver con cuatro factores, el principal la economía, tanto la del país como la de su  campaña de reelección.

    Sobre esta última hay un dato clave que confirma la correlación entre el apoyo de Obama a los derechos gay y el dinero que esta comunidad le dona:  casi un 30% de los “recaudadores del gran dinero” son gays, según una investigación del periódico The Washington Post.  [Los recaudadores -o bundlers en inglés- son los que tienen una red de conexiones con gente adinerada dispuesta a contribuir millones de dólares].

    La relevancia de este grupo de “recaudadores” ha pasado a primer plano de interés para las arcas del presidente,  puesto que las chequeras de Wall Street que le financiaron alegremente su campaña en 2008 ahora se están cerrando, a causa de que Obama ha hecho de los ataques  a la cultura corporativa y a los ricos la bandera de su presidencia.

    Pero su respaldo a las bodas gay también ha atraído miles de pequeñas   contribuciones: sólo en los primeros noventa minutos después de que la noticia se corriera como la pólvora le llovió un millón de dólares  a través de internet.

    En otras palabras, inyectar en la campaña presidencial el tema de los derechos gay es super rentable.  Y no sólo económicamente.

    Porque la rentabilidad del entusiasmo es quizá la más importante.  Sin entusiasmo no hay dinero ni votos. Y el pánico debió cundir el día del lanzamiento oficial de la campaña de reelección, el 5 de mayo en Ohio State University,  al quedar más de 4,000 asientos vacíos en el estadio.

    Fue un buen termómetro de los ánimos -o desánimos- de los jóvenes.  Una solución para movilizarles era jugar la carta de los derechos civiles, una causa que les apasiona. Y voilà!  Nada más salir el presidente Obama en la televisión se prendió  el fuego del entusiasmo, como se vió luego en varios reportajes.

    Obama también tenía que reanimar a Hollywood y, no por casualidad,  el apoyo a las bodas gay se produjo 48 horas antes de una cena en la mansión de George Clooney en la que recaudó 15 millones de dólares.  Sabido es que la causa gay es una de las favoritas de Hollywood. 

    El tercer factor de cálculo para su decisión era lanzar un cebo a los republicanos para ver si picaban haciendo campaña en contra de los derechos gay.  Y aunque en esta táctica no ha tenido mucho éxito porque no han mordido el anzuelo sí le ha servido para crear un nuevo frente en la llamada “guerra de culturas”.

    Es un frente divisivo, para delimitar fronteras entre los que aprueban las uniones civiles de gays pero creen que el matrimonio como institución debe ser sólo entre un hombre y una mujer,  y los que opinan que puede ser también entre personas del mismo sexo.

    El frente de la guerra cultural es el capítulo donde Obama puede perder votos el 6 de noviembre, particularmente entre los independientes conservadores, y entre los afroamericanos e hispanos, que aunque sean de tendencia demócrata son socialmente "muy" conservadores. 

    Hay varios estados decisivos que puede perder Obama por esta razón,  que además son estados que ganó en 2008:  Ohio, Iowa, Wisconsin, Pensilvania, Indiana, Carolina del Norte, Virginia, Nuevo México, Colorado, Florida y Nevada.  En estos cinco últimos los votos hispanos son claves.

    El cuarto factor que explica la aprobación del presidente de las bodas gay es puramente de estrategia política:  si la gente “compra” la versión oficial de que lo ha hecho ahora (y no antes, o en agosto como supuestamente estaba previsto)  forzado por las declaraciones del “metepatas” vicepresidente Joe Biden adelántandose a decir que él apoya las bodas gay, pues Obama tiene ya listo el chivo expiatorio perfecto.  En más de un sentido.

    En primer lugar es obvio que le provee la excusa de que “se ha visto obligado” a definir su posición para que no hubiera una disonancia política entre el presidente y el vicepresidente.   Y además, las presiones de la comunidad gay para que se pronunciara no se hicieron esperar. 

    Pero ¿fueron las declaraciones de Biden espontáneas o calculadas, para tantear la reacción pública antes de dar Obama un paso en falso?  ¿Y es casualidad además que ocurran cuando las encuestas, la chequera de campaña y el entusiasmo de los potenciales votantes van cuesta abajo?

    Las respuestas varían dependiendo de la ingenuidad o de la militancia política de la persona que conteste.  No hay peor ciego que el que no quiere ver,  como dice el refrán.

    Hay un hecho irrefutable, Biden es prescindible para un segundo mandato.  Y si esa fuera la conveniencia política de Obama porque viera peligro de derrota frente a Mitt Romney pues qué mejor carta que la de sustituirle por la superpopular Hillary Clinton.  Por ejemplo.

    Resumiendo, Biden le ha servido en bandeja -voluntaria o involuntariamente- su propia cabeza, si fuera necesaria.  Todo un sacrificio político en aras a asegurar la victoria del jefe en noviembre.  

    Y por parte de Obama una jugada magistral, no sólo por lo de Biden, sino por las  cuatro razones arriba mencionadas.  En  lenguaje común, ha matado cuatro pájaros de un tiro. 

    De hecho es tan magistral la jugada que incluso aunque fuera derrotado en noviembre,  ya con haber sido el primer presidente negro de EE UU, haber matado a Osama Bin Laden y haber marcado un hito en los derechos civiles apoyando las bodas gay se ha garantizado un puesto destacado en la historia.

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