ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    El burro y el elefante

    Los republicanos están defraudados


    El candidato republicano a la presidencia Mitt Romney. EFE/Archivo

    Los republicanos están tan frustrados con Mitt Romney que ya no ocultan las quejas de que no está dando la talla que esperaban.  Tal es el descontento con su estrategia de pasividad  -de ir a lo seguro, sin crear controversias pero tampoco entusiasmo- que numerosas voces conservadoras han decidido emplazarle. Y con una seria advertencia: o hace algo para cambiar o pierde la presidencia.

    La decepción con Romney  -que había ido creciendo silenciosamente desde las primarias-  la destapó primero el magnate de medios de comunicación Rupert Murdoch, dueño de Fox, a través de su Tweeter: “ ¿Cuándo se va a poner Romney a competir?  Juega con tanta precaución que la única noticia que ha producido ha sido quemar a los hispanos”.  Y  en otro tweet posterior fue incluso más lejos: “El equipo de Obama va a ser difícil de vencer,  a menos que [Romney] elimine a viejos amigos de su equipo y contrate a verdaderos profesionales. Pero lo dudo".

    Las críticas del poderoso Murdoch dieron luz verde a lo que se ha convertido en una cascada de reproches de otros muchos  “desengañados”, incluido el fundador de Tea Party Nation, Judson Phillips,  que propone nada menos que reemplazar a Romney como  nominado republicano. 

    Pero la bomba la lanzó el prestigioso periódico conservador The Wall Street  Journal con un feroz  editorial (ver más adelante) el jueves pasado en el que le reprendía por “estar lentamente desperdiciando una oportunidad histórica”.  Otros medios de comunicación conservadores secundaron al rotativo con duros juicios sobre la campaña de Romney y la capacidad política de él como candidato.

    Y mientras todo esto sucedía, Romney seguía de vacaciones familiares en su mansión de 8 millones de dólares, al borde de un lago en New Hampshire.  Es decir, su nave política tambaleándose y él fotografiado disfrutando del jet-ski y de paseos en sus barcos.

    Las vacaciones parecieron añadir leña al fuego de la indignación, que había prendido dos días antes -más bien explotado- al decir Romney que Obamacare “no” era un impuesto, llevando la contraria a la línea de ataque adoptada por el partido republicano, tras el fallo de la Corte Suprema a favor de Obama. 
     
    El problema es que Romney camina por una cuerda muy floja en ese tema porque cuando era  gobernador de Massachussetts aprobó una reforma de salud idéntica a la de Obama,  que en aquel momento la llegó a calificar de “impuesto”.
     
    A pesar de sus titubeos, de entonces y de ahora, finalmente ha tenido que ceder  ante  las presiones y -haciendo un breve parentesis en sus vacaciones- declaró que Obamacare “si” es un impuesto  y no sólo una multa a quienes rehúsen comprar un seguro médico.

    Su cambio de opinión no hizo sino abrir otro frente en su contra, al darle nuevos argumentos a quienes le acusan de ser un flip-flopper, o sea de variar de posición según convenga a las circunstancias, una  imagen que Romney teme y trata de evitar a toda costa.

    Vano esfuerzo el suyo, incluso con sus compañeros ideológicos. Entre ellos el respetado periodista conservador Bill Kristol, director del Weekly Standard, quien -inspirado en el paralelismo con otro político de Massachussetts que perdió por su imagen de "flip-flopper-rico-y soso”, John Kerry-,  escribó una columna devastadora con el título “Dukakis, Kerry … ¿Romney?”.

    El  artículo hacía referencia a la similitud de Romney  tanto con Kerry como con Michael Dukakis, ambos también de Massachussetts, que perdieron las elecciones a la presidencia por  falta de pasión y carisma y exceso de precaución y ambiguedad.  “¿Cuál es su agenda de crecimiento económico?  ¿Cuál es su agenda para atajar el déficit? ¿Cuál es su agenda para reformar el sistema de salud? ¿Cuál es su agenda para reformar los impuestos?”, se preguntaba Kristol.

    La frustración republicana con Romney se debe no tanto a su falta de carisma populista como a su excesiva cautela en general, y en particular en las 3 áreas fundamentales de lo que debe ser una buena estrategia de campaña:

     1- Porque no especifica sus planes de gobierno. Sólo ofrece generalidades,  supuestamente  para no darle armas a Obama. Pero de lo que da la impresión es de no tener ideas concretas más allá de decir que la economía está mal.
     
     2- No responde rápidamente a los ataques de la campaña de Obama o lo hace de forma dubitativa,  y de lo que da la apariencia es de no tener convicciones.  Está permitiendo que Obama le defina, en vez de definirse él.

    3- Teme tanto que le acusen de cambiar de posición (flip-flopper) que proyecta una imagen estática, inflexible. Un claro ejemplo ha sido su insistencia en mantener su política radical de inmigración,  suavizando un poco la forma de expresarse  pero manteniendo el fondo (de ahí la frustación del magnate Murdoch cuando le dijo que lo único que había hecho es “quemar a los hispanos”).

    Todas estas deficiencias de estrategia le restan agilidad política para contraatacar a los dardos imprevistos que le lanzan desde Obamaland. 

    Como por ejemplo la lluvia de anuncios pintándole de rico capitalista despiadado, que para ganar dinero no le importó aniquilar puestos de trabajo o dárselos a otros países (outsourcing) mientras presidía Bain, una empresa de inversión de capital de riesgo que fundó y dirigió hasta 1999 (y de la que sigue recibiendo millones de dólares en dividendos anuales).

    La última publicidad demócrata le vapuléa por sus cuentas en Suiza y en paraísos fiscales como Bermudas o Islas Cayman, que Romney se niega a revelar.  “¿Qué tiene que esconder?  ¿Porqué no muestra públicamente sus declaraciones de impuestos?” es el mensaje que machacan desde la campaña de Obama.

    Romney sigue sin responder salvo con evasivas. Y sólo ha presentado su declaración de impuestos de 2010, y un estimado de 2011, que ascienden a ingresos de unos 45 millones de dólares (por los que ha pagado menos del 15% en impuestos al ser ingresos derivados de inversiones y no por trabajo personal). 
     
    Muchos analistas creen que está apostando a un desgaste lento de Obama y que por eso cree que no le merece la pena asumir grandes riesgos.

    Algunos estrategas republicanos, como Chris Begala, cree sin embargo que la razón principal de la "estrategia pasiva" de Romney es porque no le quedan muchas opciones “al tener un índice de aprobación de los votantes tan bajo [inferior al 40%], cualquier ataque a Obama le haría caer más bajo aún”.

    El periódico Wall Street Journal ha sido menos generoso en su análisis. En un largo editorial se hacía eco de la (supuesta) incompetencia de Romney, diciendo entre otras cosas: 

    "La campaña de Romney piensa que puede actuar cautelosamente simplemente diciendo que la economía anda mal y que es culpa de Obama", afirmaba uno de los párrafos. "Nosotros estamos en la lista de mensajes electrónicos de la campaña y el principal mensaje diario es que 'la presidencia de Obama no está resultando'. Gracias, muchachos, pero los estadounidenses ya lo saben. Lo que quieren escuchar del candidato republicano es explicaciones de por qué las políticas del presidente no están resultando y cómo las políticas del señor Romney van a ser mejores".

    El larguísimo editorial finaliza con una sentencia: “El señor Romney prometió a los republicanos que iba a ser su mejor hombre para retar al presidente Obama, al que quieren desesperadamente derrotar. Pero lejos de cumplir, el señor Romney les está defraudando”.


    Cargando...