Los seres humanos somos pequeñas centrales eléctricas andantes. Mientras los científicos buscan fuentes alternativas de energía que sustituyan a los combustibles fósiles, una de las soluciones más prometedoras podría estar en nuestros pies. Nuestros pasos guardan un poder hasta ahora incalculable.
Hace dos años un joven ingeniero británico saltó a las noticias con su proyecto de baldosas generadoras de energía eléctrica. Laurence Kemball-Cook, graduado de la Universidad de Loughborough, comenzaba entonces a soñar con expandir su invención a regiones densamente pobladas como la India, con una creciente demanda de combustibles tradicionales. "Esto puede ser renovador", declaró entusiasmado al periódico The Guardian en mayo de 2010.
Aunque Kemball-Cook no ha convertido aún las calles de Nueva Delhi en una enorme central eléctrica, su idea se ha transformado en una pujante empresa: Pavegen. La compañía desarrolla una treintena de proyectos en Europa y negocia otras intervenciones en Australia y los Estados Unidos. Su éxito más fulgurante sobrevino en 2011, cuando el centro comercial Westfield Stratford City, cercano al Parque Olímpico de Londres, le concedió un contrato para proveer la mitad de las luces exteriores del mall durante los juegos estivales de este año.
¿Cómo funcionan las baldosas de Pavegen? La idea se ha hecho popular rápidamente gracias a su sencillez. Las losas, construidas a partir de neumáticos reciclados, convierten la energía de los pasos en electricidad. El cinco por ciento se utiliza para encender una bombilla LED y el resto se almacena en baterías que pueden alimentar sistemas de baja demanda.
Se calcula que cada paso genera alrededor de siete watts, en dependencia del peso de la persona. Las pisadas provocan un descenso casi imperceptible de las baldosas y este movimiento es aprovechado por una tecnología que Kemball-Cook prefiere no revelar. Según el joven ingeniero industrial, este sistema permite un aprovechamiento 200 veces más eficiente de la energía cinética que cualquier otro creado hasta hoy. Su resistencia al agua, la nieve y las heladas le confieren una durabilidad de cinco años como mínimo.
Tecnicismos aparte, imaginen cuánta energía producirían los habitantes de mega ciudades como Tokio, México D.F. o Sao Paulo, todas por encima de los 20 millones de personas.
La tecnología Pavegen ha sido probada ya en diferentes instalaciones. Desde 2010 alimenta uno de los pasillos de la escuela para varones Simon Langton Grammar School, en el Reino Unido. En marzo pasado comenzó a proveer energía al alumbrado público de la principal sede de Telefónica, en Madrid, como parte del proyecto Keep Walking de Johnnie Walker. Más reciente, en mayo pasado, inició los trabajos en uno de los nudos de transporte de mayor afluencia de Londres.
Kemball-Cook sabe que su genial invención apenas empieza a despegar. El precio de cada baldosa ha caído ya por debajo de los 100 dólares y aún debe bajar más, mientras los pedidos y la producción aumenten. En el futuro los pasos sobre Pavegen podrían alimentar los voraces sistemas de luces de los grandes conciertos o las oficinas de un rascacielos.
