Todo comenzó cuando Matt y sus amigos se propusieron, como otros tantos chavales, cavar hoyos en la playa de Newport para luego conectarlos a través de túneles. Criado en Hawai, estaba acostumbrado a este tipo de juegos de ingenieria playera; pero en cuanto había alcanzado los dos metros de profundidad, a eso de las 15.40 hora local, su hoyo se derrumbó y la arena a su alrededor le dejó sepultado.
Por fortuna para él, la playa estaba llena de personas disfrutando del sol californiano que vieron cómo un miembro de su familia alertaba a un vigilante. Se pusieron a trabajar de inmediato: usaron palas, brazos, o todo aquello que tuvieran a mano para retirar la arena antes de que el chico muriera asfixiado. Por desgracia, los jóvenes habían hecho demasiado bien su trabajo: cuanta más arena retiraban, más se volcaba de uno de los hoyos contiguos. Así estuvieron media hora, conscientes de que cada segundo transcurrido podía ser el último de Matt. "Estábamos convencidos de que íbamos a sacar de ahí un cadáver", diría más tarde a la policía Skip Snead, uno de los 40 particpantes en el improvisado rescate..
Pasadas las 16.00 horas, la angustia era casi palpable en la superficie. Fue entonces llegaron los bomberos y cavaron un agujero contiguo al de Matt. A los pocos minutos, sacaron al adolescente, vivito y coleando. La angustia se tornó en euforia: a juzgar por el vídeo, la playa entera explotó en aplausos y gritos de júbilo. En medio del éxtasis, una camilla llevaba el cuerpo de Matt a una ambulancia. Tardó poco en recuperarse del incidente.
Como el joven reconocía ayer a la cadena de televisión MSNBC, una cosa ha cambiado: no volverá a agujerear las playas nunca más. "Tenía mucho miedo. No sabía ni me estaban oyendo pedir auxilio porque no oyes nada a dos metros bajo tierra. Lo único que podía hacer era mover la cabeza para tener más espacio, porque tenía inmóviles los brazos a mi espalda".
Los bomberos de la zona han aprovechado el incidente para recordar los peligros que supone cavar hoyos en las playas de Newport, donde la arena es especialmente inestable. "Lo que estaba haciendo este caballero es muy peligroso", describe Jeff Boyles, el jefe del departmento que salvó a Mina. "Sólo por el hecho de que esté vivo, debería estarle muy agradecido a la suerte y al esfuerzo de la gente que luchó por sacarle vivo de allí. Estos inicidentes tiene un índice de mortalidad muy grande", avisó.
Tomado de Gaceta Trotamundos

