Por razones de seguridad, las etapas de despegue y aterrizaje fueron ejecutadas por dos pilotos a bordo; el avión salió del aeropuerto de Warton (Inglaterra) y, una vez en el aire, la tripulación pasó el monitoreo del progreso de vuelo a un equipo remoto que desde el Servicio Nacional de Tráfico Aéreo (NATS, por sus siglas en inglés) controló los 800 kilómetros (casi 500 millas) recorridos, hasta su feliz aterrizaje en Inverness (Escocia).
Para asegurarse de no tener colisiones inesperadas en pleno vuelo, el flying testbed está equipado con sensores y tecnología robótica dentro del fuselaje capaz de
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