La población autóctona canadiense podría sublevarse contra el gobierno federal en un futuro no tan lejano, a juzgar por un informe dado a conocer recientemente. Esa posibilidad, impensable para la mayoría de quienes admiran la estabilidad política y el poder económico del país norteamericano, sería la consecuencia de más de un siglo de postergación de los pueblos indígenas.
Canadá conoció a finales de 2012 un adelanto de lo que sería esta revuelta de las llamadas Primeras Naciones. El movimiento “Idle No More” obligó al primer ministro Stephen Harper a reunirse con los líderes aborígenes y prometer una revisión de los tratados con las autoridades federales. No obstante, el presupuesto presentado por el gobierno conservador posteriormente decepcionó a quienes esperaban un cambio y avivó las amenazas de un nuevo estallido social en la primavera.
Un conflicto en el horizonte
Según el reporte “Canadá y las Primeras Naciones. ¿Cooperación o conflicto?”, elaborado por el ex militar Douglas
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