La muerte voluntaria de Susan Griffiths ha reavivado la polémica en Canadá (Captura de Youtube)
La muerte de la canadiense Susan Griffiths, los reclamos de la suiza Alda Gross y la irlandesa Marie Fleming, y el paso de una legislación sobre el suicidio asistido en Vermont han reflotado la polémica sobre este tema en las últimas semanas. Las encendidas discusiones han vuelto a poner sobre la mesa los argumentos de quienes consideran este acto como "el último derecho humano" y los que alertan sobre la amenaza de su aceptación sobre grupos vulnerables.
El suicidio asistido ocurre cuando una persona enferma o decidida a morir demanda la ayuda de otra para consumar la acción. Este apoyo en el momento final puede venir de la mano de un familiar, un amigo o de un profesional de la medicina, que prescribirá las drogas necesarias para provocar el fallecimiento del paciente. La diferencia esencial con respecto a la eutanasia reside en la voluntad expresa del suicida, que por voluntad propia da luz verde al fatal tratamiento.
Aunque el debate sobre el suicidio asistido ha tomado fuerza en
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