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    Análisis

    La cumbre del G-20 y posturas económicas

    Claudio Daniel Ventura Martínez*

    MEXICO, D.F., junio 29 (EL UNIVERSAL).- Los días 18 y 19 de la semana pasada se reunieron en Los Cabos, los mandatarios del G-20, formado por las naciones más desarrolladas y un conjunto de países denominados emergentes. Según datos del FMI, concentran el 72% de la producción del planeta. Participaron en calidad de invitados otros países como España, Chile y Colombia, y organismos como el FMI, entre otros.

    Entre los temas no faltaron los discursos sobre generalidades y de mucha retórica sobre el problema alimentario, el medio ambiente, el empleo y la recuperación del crecimiento económico, la desigualdad y la pobreza. Sin embargo, y como era de esperar, los aspectos que concentraron la atención provinieron del contexto económico mundial, en especial sobre la situación de la zona euro, y muy particularmente las de Grecia y España, que hoy son un grupo de naciones europeas conocidos como “periféricos”.

    Respecto a Grecia, el resultado de la elección parlamentaria un día antes del comienzo de la cumbre fue muy cerrado, de una diferencia del 2.77% a favor de la formación política que propone seguir con las medidas de austeridad.

    El tema sobre España fue la incertidumbre en torno a su creciente tensión financiera y el rescate a su sistema bancario (una línea de crédito de la eurozona por 100 mil millones de euros), a cambio de hacer lo que Alemania recomendó: la consolidación fiscal y las reformas estructurales de corte ortodoxo.

    Esta cumbre a la vez estuvo impregnada por dos decisiones que había tomado el gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner: la expropiación del 51% de las acciones de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en manos del grupo español Repsol, y las medidas que limitan importaciones (proteccionistas) con miras a detener el avance de éstas en la balanza comercial y a emprender una política para sustituirlas con producción local.

    Las reacciones ante la nacionalización parcial de YPF no se hicieron esperar. El mandatario español, Mariano Rajoy, salió en defensa de Repsol y a atacar directamente a la presidenta argentina. Fue tal este ataque y sus amenazas (“sin justificación alguna, ni razón económica porque no la hay … afecta y mucho a la reputación internacional de Argentina” –discurso en el Foro Económico Mundial-, de ilegalidad de la medida, de que Argentina quedaría aislada del mundo, que no habría inversiones, etc.), que impedían distinguir entre el representante de un Estado (el español) y el de Repsol. Esto significa identificar y, peor aún, confundir los intereses de un Estado y su población con los de una empresa multinacional. El encargado del Ejecutivo, Felipe Calderón, secundó lo dicho por el líder hispano, con palabras más mesuradas aunque no por ello diferentes en su concepción (“nadie en sus cinco sentidos invierte en un país que expropia las inversiones”, declaró). Para tranquilidad del señor Rajoy, parece haber interés de invertir en YPF, como lo hizo ya Carlos Slim con el 8.4% de acciones.

    ¿Qué puede observarse en todas estas decisiones aparentemente aisladas? Manifiestan el enfrentamiento básico entre dos posturas que se expresan a nivel mundial, pero que también se encuentran en pugna adentro de cada uno de los países, en este caso el tema del petróleo.

    Ajuste, austeridad, políticas restrictivas, son el tipo de medidas bajo las cuales deben sacrificarse y padecer las mayorías en cada nación; se identifican con los partidarios de las políticas ortodoxas “amistosas a los mercados” que van de la mano con las privatizaciones, las aperturas comerciales y de los mercados financieros, ahora sí, todas ellas irrestrictas, y que priorizan al sector financiero por encima del productivo.

    En México este fundamentalismo de mercado viene aplicándose hace 30 años; y no desde el 2000 a la fecha; fue creado y establecido en los gobiernos de los años ochentas y noventas.

    Asimismo, no debemos confundir liberalismo político (avances en libertades políticas o de expresión) con liberalismo económico (esto es, promercado). El sacrificio y el castigo no son necesariamente una condición previa, ni el camino, para el crecimiento y el bienestar económicos. Asimismo, no es cierto, como se dice, que una opción económica distinta signifique volver al pasado de los años setenta. Existen otras rutas.

    Comentarios: venturacd@yahoo.com.mx

    * Docente de la Universidad del Valle de México, Campus Tlalpan


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